Una de las figuras más sobresalientes del ballet clásico de Rusia, Anna Pavlova fue una bailarina que nació en San Petersburgo, el 12 de febrero de 1881. Provenía de una familia de bajos recursos y al parecer fue hija ilegítima de un banquero judío.
A los diez años, inició sus estudios en la Escuela de Ballet del Teatro Marinsky, con Pavel Gerdt, Christian Johansson y Eugenia Sokolova. Debutó el 1 de julio de 1899 con La Virgen Vestal y se convirtió en una leyenda de la danza con la obra La muerte del cisne, del famoso coreógrafo Michel Fokine.
Unió su destreza coreográfica con sus dotes de actriz y se destacó especialmente en los ballets románticos y clásicos de la época. Llegó a hacer hasta 8 o 9 espectáculos por semana, por más de dos décadas, solo descansando un día al final de cada año.
1907 fue un año repleto de giras, donde incluyó obras famosas como La flauta mágica, El Lago de los Cisnes y Giselle. Luego, se dedicó a su propia compañía y creó su propio género que fue llamado “melodeclamación coreográfica”.
Se casó en secreto con su mánager, Víctor Dandré, en 1914.
Murió de pleuresía, el 23 de enero de 1944.





