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Consciencia

ATEOS, MENOS APASIONADOS

Ana Luz Borrero | SKY Ecuador · 7 de julio de 2022 · 4 min de lectura

ATEOS, MENOS APASIONADOS

El ateo de hoy ha mutado, ha cambiado su pelaje, ya no lucha contra la fuerte idea de Dios, de los teístas y de todas las religiones. El centro de sus quebrantos ya no es Dios. El ateo de hoy está inmerso en la practicidad de la vida, la tecnología, vive las consecuencias del cambio de mentalidades, por otro lado, la sociedad contemporánea ha experimentado el retroceso de ciertas ideologías, ya sean religiosas, por un lado, o las que propenden una visión materialista del mundo, o de “verdades” impuestas como en el caso de los fascismos.

El auge del liberalismo, que promulga la libertad de culto, y está de acuerdo con la libertad de consciencia, por ende, también ofrece un espacio al ateo, sin obligación y sin el miedo que a veces se impone desde la religión.  Cada vez más, las sociedades humanas con las exclusiones que conocemos, están más dependientes de la tecnología, de la inteligencia artificial, de los ordenadores, de los algoritmos, de la biotecnología, que obviamente direcciona la atención humana hacia otros logros, no los logros del alma o del espíritu, peor el pensamiento en Dios.

Los cambios y transformaciones en lo social, económico, tecnológico y político, ha removido los preceptos originarios, aquellos que sostenían en una Fuerza creadora e inteligente que gobierna el mundo.

«Los cambios y transformaciones en lo social,
económico, tecnológico y político, ha removido
los preceptos originarios, aquellos que sostenían
en una Fuerza creadora e inteligente…»

¿Qué piensan los ateos? ¿Qué representaciones tienen del mundo, del universo, de la humanidad, del cosmos? Claro que hay muchos tipos de ateos, pero, una de las frecuentes temáticas de discusión de los ateos, es ¿Cómo existe el Universo? ¿Cuál es su origen? ¿Cuál es el origen del hombre?   

A inicios del año de 2019, un grupo de ateos y secularistas se reunieron en el Sur de California, a hablar del tema que los reúne, la ausencia de la creencia en un dios o dioses, aparentemente una posición y un concepto muy moderno, pero en realidad, si miramos al pasado, en ciertas sociedades y culturas, por ejemplo, podemos encontrar que esta postura y mentalidad ya existía en las grandes civilizaciones del pasado, en la Grecia antigua, en Roma y en la China e India. 

«Su posición suele ser más respetada, menos
confrontativa, menos atacada, simplemente,
así como las religiones dejaron de sentirse
y vivirse con la pasión de antes…»

El ateísmo, por tanto, no es moderno, pero si ha mudado de piel , porque las preocupaciones y los dramas de quienes en el pasado pensaban y sentían así, también han cambiado, ya que no tienen que luchar contra la religión, o contra la incomprensión de sus contemporáneos.  Su posición suele ser más respetada, menos confrontativa, menos atacada, simplemente, así como las religiones dejaron de sentirse y vivirse con la pasión de antes (excepto en las fundamentalistas), también el ateísmo es menos apasionado.

El ateo occidental es heredero de las ideas y filósofos que marcaron el pensamiento del siglo XIX por ejemplo de Nietzsche, aunque interpretaron mal la idea de “Dios ha muerto”, ya que este filósofo se refería a que los ateos, han matado a dios, a causa sobre todo de la razón, de la ciencia y del “progreso”, que surgieron con la Ilustración.

Una larga lista de filósofos existencialistas de la segunda mitad del siglo XX, como Sartre o Simone de Beauvoir, se declararon ateos, muchos de los postmodernos, postestructuralistas siguieron por la misma vía.   Sartre afirmaba:  «Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero jamás se les puede deducir. Creo que hay quienes han comprendido esto. Solo que han intentado superar esta contingencia inventando un ser necesario y causa de sí. Ahora bien, ningún ser necesario puede explicar la existencia: la contingencia no es una máscara, una apariencia que se puede disipar; es lo absoluto y, en consecuencia, la perfecta gratuidad. Todo es gratuito, este jardín, esta ciudad y yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estómago y todo empieza a flotar… eso es la Náusea”.[i]   

Esta reflexión nos lleva a pensar que ningún ser necesario es la causa o existencia del mundo o de los individuos.  Esta afirmación va completamente en contra de la visión de los teístas, que necesitan una causa, sin comienzo y sin fin, un Dios sin inicio y sin necesidad de una causa que lo origine.

Fuentes: [i] Jean Paul Sartre, La náusea.  Madrid: Alianza Editorial, 2011 (primera ed. 1938).

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1 comentario

  • Sonia Badenas

    28 de julio de 2022

    Profunda reflexión. En la actualidad es tendencia ser ateo, pero el ateísmo de Sartre tenía otro contexto. Sobrevivió dos Guerras Mundiales y padeció la invasión nazi. Él representó la intelectualidad filosófica francesa más reaccionaria y nihilista. Al leerlo, uno intuye que su ausencia de creencia en Dios, en cierta manera lo acerca más a Él/Ella.

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