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Consciencia

AVATĀRA: SOBRE EL NACIMIENTO DE JESÚS

Juan Camilo Mantilla | SKY Colombia · 11 de diciembre de 2025 · 5 min de lectura

AVATĀRA: SOBRE EL NACIMIENTO DE JESÚS

«Cada vez que el dharma decae
y el adharma se levanta, oh Bhārata,
entonces Yo desciendo una vez más a la Tierra.
Para proteger a los justos, combatir la oscuridad
 y restablecer el dharma, Yo nazco era tras era.»
Bhagavad Gita

Según el legado de la milenaria Tradición Védica, un avatāra (o simplemente “avatar”) es la encarnación de la divinidad en cuerpo humano. Se concibe como el descenso del Ser Supremo a los planos de la forma. Existen avatares de las diferentes manifestaciones divinas según la tradición. A estas esencias cósmicas encarnadas se les reverencia con inmensa devoción y fe, milenio tras milenio, y por eso representan bastiones de luz y enseñanzas trascendentes para la humanidad. Son incluso más que un Gurú o Maestro, pues muchas de esas almas ejemplares son seres humanos que se han elevado al grado de Autorrealización. Pero un Avatar viene de un origen estelar distinto. No es un alma “común” con su recorrido kármico consumado, sino un enviado cósmico; parte de un plan que escapa a la razón y a los intereses de este mundo.

Encontramos numerosos ejemplos de avatares a lo largo de la historia y de las épicas puránicas. Se dice que Hanuman fue un avatar del Señor Shiva, quien en cuerpo de este dios-mono decide nacer para servir al plan divino que representa Sri Rama, a su vez un avatar de Vishnu. Por otro lado, Sita, legendaria consorte de Rama, se concibe como un Avatar de Lakshmi o de la Madre Divina. Rama y Sita, así como Krishna y Radha en una dinámica idéntica, representan avatares de Vishnu y de MahaLakshmi, del Padre y de la Madre Divina respectivamente, forjando una alianza de amor espiritual eterna que ha sido consignada en las diferentes historias védicas. En general los grandes avatares suelen venir en duplas de polaridad eléctrico-magnética / femenino-masculino. Así como estos ejemplos, los cuales semejan la relación Shiva-Shakti, como parte de otras tradiciones místicas también está por ejemplo la visión de Jesús y María Virgen, en perfecto equilibrio divino.

Algunos otros ejemplos de avatares presentes en las escrituras o shastras son: Dattatreya, un esotérico avatar de Vishnu y Gurú milenario de ciertos Akharas (ejércitos de Sadhus, yoguis renunciantes), como los Ramanandis. Además, encontramos al Rishi Kapila y a Sri Dhanvantari, quienes entre otros Sabios se reconocieron como Avatares de Vishnu también. En la Tradición Védica se dice que Adi Shankara fue un “amsavatar”, una encarnación parcial del Señor Shiva.

No obstante, sin duda alguna los avatares de Vishnu más importantes son aquellos que se conocen con el nombre común de dashavatara, que se traduce como “los diez avatares”. Estas 10 encarnaciones del Señor Vishnu son: Matsya, Kurma, Varaha, Narasimha, Vamana, Parashurama, Rama, Krishna, Buda y Kalki. En ese mismo orden se les reconoce por tener como simbología asociada las siguientes apariencias: un humano-pez, una tortuga, un jabalí, un ser humano con cabeza de león, un duende o “gnomo”, un guerrero que batalla contra la oscuridad, un rey inspirado en el Dharma, un flautista y pastor de vacas agraciado y divino, Siddhartha Gautama el Buda, y finalmente Kalki, el profeta y Maestro prometido que ha de venir en el futuro a reorientar la humanidad en tiempos aciagos. Estas son solo algunas imágenes arquetípicas de estas 10 potencias cósmicas que representan al aspecto preservador llamado Vishnu, y que según cuentan las escrituras se han encargado de restituir el Veda y el Dharma época tras época.

En la historia más moderna encontramos al Swami Trailanga y a Lahiri Mahasaya, maestros a quienes, en la Varanasi de hace dos siglos, en India, se les conocía como encarnaciones del Señor Shiva mismo. De Anandamayi Ma, notable santa y Maestra del siglo XX, muchos de sus discípulos decían que era una encarnación divina. Por supuesto no hay que obviar tampoco al Mahavatar Babaji, Gurú y preceptor de Lahiri Mahasaya. Dentro del Linaje iniciado desde Babaji con Lahiri, se concibe a Lahiri Mahasaya a su vez como un Yogavatar, una encarnación del Yoga. A partir de él, Swami Sri Yukteswar, discípulo amado de Lahiri Baba, es considerado luego como un Gyanavatar, una encarnación del conocimiento supremo. Y a Paramahansa Yogananda, discípulo eterno de Sri Yukteswar, se le conoció como un Premavatar, una encarnación del Amor divino.

Ahora bien, por estas fechas resulta eminente elogiar y reflexionar más sobre la presencia y el ejemplo del avatar Jesucristo, figura de indiscutida importancia en la espiritualidad universal. Ciertos investigadores afirman que Jesús aparece en los Vedas como un Brahma Kumara, es decir, un hijo de Brahma. No obstante, su energía crística se asocia más con la Preservación, y por ende es considerado como otro Avatar de Vishnu.

El nacimiento de Jesús se celebra justamente en fechas cercanas al solsticio de invierno, efeméride en la cual el sol se ubica en su posición más austral, dando inicio a su vez al movimiento conocido como Uttarayana, el tránsito del Sol de sur a norte por los próximos 6 meses. Justamente por estas fechas se celebra también el nacimiento de personajes antiguos tales como Zoroastro, Heracles, Hermes, Krishna, entre otros avatares solares o maestros espirituales asociados a la energía solar. Se dice que aquí ocurre la “navidad” o la “natividad”, porque el sol renace desde el sur para orientarse de nuevo al norte, hacia el chakra corona del planeta.

Es evidente que Jesús no necesariamente nació un 24 de diciembre, sino que su celebración se ubicó póstumamente en el calendario a conveniencia de que se pudiera asociar el Cristo a los diferentes referentes paganos de aquella época, en un intento del Imperio Romano por dominar la religiosidad de la nación y presentar una versión de la historia que pudieran reconocer otros cultos de ese momento histórico, buscando que se plegaran al imperio.

Jesús como avatar determina nuestra historia de manera radical. Y por eso demuestra a su vez la trascendencia que conlleva, o debería conllevar, la figura del avatar o “hijo de dios” para la raza humana. Una conciencia iluminada es la gracia divina caminando entre los mortales, guiándolos hacia su inmortalidad…

Por eso, en lo sucesivo concedámonos una navidad reflexiva sobre los principios espirituales sembrados por estos avatares legendarios, honrando esas cósmicas presencias y sus caminos solares, que han iluminado el Ser para nosotros por milenios, siempre combatiendo la oscuridad y recordándole a los humanos su naturaleza cósmica, prístina y absoluta.

6 comentarios

  • Luz Elena Piña Rivera

    11 de diciembre de 2025

    Buena noche.
    Gracias por el conocimiento compartido.
    Agradezco permitir participar activamente en el conocimiento universal.

  • Gabriel apfel

    12 de diciembre de 2025

    hermoso escrito. muy valioso. gracias Gracias gracias

  • Carlos Montalvo

    12 de diciembre de 2025

    ‘y q pasa cuando el avatar esta sin ser ni reconocido ni visto como tal?’

  • Yusleni Fierro Toscano

    13 de diciembre de 2025

    Que bello recuento Camilo, gracias. Un lindo aliciente para alimentar estas festividades con los regalos que iluminan nuestras almas. Feliz Todo!

  • Veronica Rodriguez

    14 de diciembre de 2025

    Me encanto 🙏🏻

  • Graciela Goio

    16 de diciembre de 2025

    Muchísimas gracias. Muy interesante artículo. Para nuestra reflexión. ONS

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