Guido Reni, pintor italiano, nació en Boloña el 4 de noviembre de 1575. A los 10 años entró como aprendiz en el taller del pintor flamenco Denis Calvaert y más tarde ingresó al taller Carracci orientado al naturalismo. En 1599 fue aceptado en el gremio de pintores y a partir de 1601, trabajó entre Roma y Boloña, contando con un taller propio y ayudantes en cada ciudad.
En Roma estuvo al servicio del cardenal Sfondrato y de la familia Borghese (Papa Pablo V y cardenal Scipione Borghese), época en la que realizó obras como la “Crucifixión de San Pedro”, con influencia de Caravaggio, “San Andrés conducido al martirio” y el célebre fresco “Aurora”, con su sello personal. Simultáneamente pinta para Boloña “La matanza de los inocentes” (1611), considerada una de sus obras esenciales. Vive brevemente en Nápoles y se establece definitivamente en su ciudad natal, sin dejar de viajar.
Sus temas principales abordan la mitología griega y la religión, también pintó retratos como los del Papa Sixto V, el cardenal Bernardino Spada, Beatrice Cenci, y personajes femeninos como Salomé, Judith y Cleopatra. Su estilo modula la exuberancia del barroco y la moderación clásica, buscando armonizar las figuras idealizadas y sus entornos con el uso de formas y colores suaves, paleta que fue aclarando los últimos años. Otra de sus obras maestras es “Hipómenes y Atalanta” (1612 y 1622).
Altamente reconocido, popular y copiado con frecuencia en su época, cayó en el olvido hasta el pasado siglo XX cuando resucita en la memorable exposición de su obra realizada en Boloña, 1954. Sus cuadros se hallan en los Museos Vaticanos, en la Pinacoteca Nacional de Boloña, en el Louvre y el Museo del Prado, entre otras instituciones y localidades del mundo.
Murió en Boloña el 18 de agosto de 1642.





