“Si quieres caminar rápido, camina solo. Si quieres caminar mucho,
ve acompañado.»
Proverbio africano
Vivimos en un mundo de libre albedrío, tenemos la facultad de decidir y de elegir. Nuestra vida actual es el resultado de nuestras acciones pasadas y todos los recursos con que contamos o de los que carecemos, fueron producidos por las elecciones que nosotros mismos tomamos en esta vida o en otras, por nuestros aciertos y nuestros errores. De igual forma, en este presente efímero, estamos generando constantemente situaciones y construyendo escenarios futuros. Todo obedece a una necesidad intrínseca que nos conduce a encararla y satisfacerla, impulsando así nuestra propia evolución, la de los demás seres y la del planeta mismo. Buscar los medios, plantearnos un destino y elegir el camino hacia el logro, es la tarea, luego corresponde a nuestra voluntad establecer el ritmo, el cómo, el cuándo y el cuánto.
El hombre interactúa con los demás seres y con el medio ambiente que le rodea, en diferentes circunstancias, tiempos y espacios, permitiendo que éstas moldeen su carácter y sus decisiones e influyendo sobre ellas. Pero en la mayor parte de las veces, y en el engaño a que lo lleva el desconocimiento de sus sentidos, les entrega el protagonismo de su propia existencia.
Ni los desiertos ni las ciudades ni la pobreza ni la riqueza ni la libertad ni la esclavitud, la enfermedad o la salud, la vejez o la juventud, la soledad o la compañía, han detenido nunca la increíble energía humana, el poder creativo, el milagro del despertar de la consciencia, que se abre paso en medio de la maleza de la ilusión del ego. Estos no son los factores determinantes de su evolución, pues finalmente no logran ser los carceleros del espíritu. Harto demostrado ha quedado que para la voluntad, mientras mayores son los vientos contrarios, más se avivan las abrazadoras llamas del fuego sagrado del espíritu humano.
El hombre es un ser social, por naturaleza, nace solo, pero desciende de una pareja, que luego igualmente buscará para completarse a sí mismo y ejercer el poder procreativo del que está dotado y que asegurará la preservación de la especie. Aun así, tiene la facultad de elegir a su contraparte o de tomar la decisión de prescindir de ella. Independientemente de consumar el acto sexual per sé o de generar una familia, ¿cuál es el estado ideal del hombre, la soltería o la vida familiar?
Indudablemente la vida en pareja, la vida familiar, el crecer a los hijos en amor y consciencia, requiere de una dedicación y entrega que tiene como costo el sacrificio de un buen porcentaje de las aspiraciones individuales. La vida familiar puede ser un verdadero camino de realización integral.
El Mahavatar Babaji, según narra Paramahansa Yogananda en su libro Autobiografía de un Yogi, eligió para trasmitir la ciencia sagrada del Kriya Yoga, al maestro Lahiri Mahasaya, un abnegado hombre de familia.
Al genio polifacético de Leonardo da Vinci, en cambio, no se le conoció pareja alguna, mucho menos descendencia, al parecer vivió toda su vida en soledad, dedicado a sus estudios, obras e inventos, que de otra manera sería difícil pensar que hubiera sido tan prolífero intelectualmente.
Nikola Tesla, por ejemplo, famoso inventor serbio, célebre por sus aportes al diseño del moderno suministro de electricidad, exacerbaba el culto a la soledad, para poder esgrimir el máximo del tiempo posible y la concentración necesaria para poner a trabajar en el mayor porcentaje de sus facultades mentales. El filósofo griego Epicuro, fundador de la corriente filosófica que lleva su nombre, hablaba de la soledad como etapa de amor a sí mismo, de felicidad y de placer de filosofar.
Enrolarse en el ejército, tomar los hábitos como monje o monja en un monasterio o convento, lanzarse en una expedición astronáutica, alistarse en un equipo de alta competencia deportiva, son actividades que requieren el sacrificio de la vida en pareja, en pos de obtener los resultados deseados.
Para el buscador de la verdad, ¿es favorable la soltería como oportunidad de Ser?
Hace más de 2.000 años, Jesús aleccionaba a sus discípulos con frases como “Dejarás padre, madre e hijos”, o “Quien pierda su vida por mí, la encontrará”.
Los Sutras de Patanjali contemplan, dentro de las cinco abstinencias que forman parte del Yama, o primera práctica del Yoga, al Bhramacharya, que literalmente traduce “el estado que place a Dios”, lo que se ha interpretado como voto de abstinencia sexual, en todo caso este requisito de celibato, presente en casi todas las religiones, puede ser asumido como un voto de por vida o como experiencia temporal. Esto conduce a la concentración de la energía y potencialidad del cuerpo humano, para ser utilizada a los fines superiores de ascensión.
Independientemente de vivir en soltería o en familia, la decisión más importante a tomar es la de despertar en consciencia día tras día, así como despierta el cuerpo de su letargo nocturno. Si no despertamos en consciencia estaremos condenados, por nuestra ignorancia, a ser el vehículo ejecutor del karma negativo de otros, su verdugo, su carcelero, su agresor, su obstáculo etc. Lo que generará para nosotros otra vez, las causas para efectos en reversa, en la caravana que nacimientos y muertes que los budistas llaman Samsara.
En el ser humano mora una energía conocida como Shakti, con el potencial de descender externamente y/o de ascender internamente. De ser expelida en forma de semilla en el hombre y crecer en un vientre femenino para lograr el milagro del nacimiento de otra vida, y/o de ser elevada internamente de manera individual para lograr la autorrealización, el milagro del renacimiento en consciencia de la propia vida.
Según la sabiduría más antigua de la humanidad, revelada a seres ancestrales y extraordinarios, el verdadero romance, es el sublime encuentro, entre la energía ascendente, Shakti que se levanta en busca del cobijo de Shiva, que se inclina para abrazarla.






que belleza de escrito, me encuentro en absoluta levitación, con el contenido, y fíjense, he experimentado una soledad absoluta aún estando en pareja, no sacrificó nada , y pongo a cada quien en su libre albedrío y se respeta, tengo 70 años, de profesión docente jubilada , pero activa aún con abuelos de mi generación compartiendo saberes de yoga/ pilates, y he despertado en ellos su deseo de una calidad de vida hacia una vejez digna, lo que me permite estar investigando y programando actividades de acuerdo a sus patología, y nada yo super feliz vsirndo parte de su evolución, abrazo de luz, namasté 🙏🏻