En un mundo tan convulso, donde una infinidad de acontecimientos está a un clic de distancia, es justo lograr un balance entre informarse y evitar que la ansiedad y zozobra, que desbordan los medios de comunicación, contaminen nuestro sentir.
Los medios masivos no son contenedores neutros. El medio es el mensaje, es el título del primer capítulo del libro Comprender los medios de comunicación: Las extensiones del ser humano del filósofo canadiense Marshal McLuhan. Allí explica cómo el medio juega un papel vital, y cómo es percibido el contenido entregado.
De hecho McLuhan afirma que el contenido puede ser entendido como “un jugoso trozo de carne llevado por el ladrón para distraer al perro guardián de la mente”. Nos centramos en lo obvio, la información que buscamos, más el medio en sí porta mensajes que percibimos de forma subconsciente y que resultan más profundamente impactantes que el contenido explícito, en tanto moldean nuestro comportamiento.
Y este fenómeno se agudiza en tiempos en que la competencia, por nuestra atención, es feroz. Nos hemos convertido en el principal producto y hoy día el mayor indicador de éxito para cualquier medio de comunicación es cuánto de nuestro tiempo le entregamos.
Así que más que el mensaje, el medio se torna el protagonista. Más que el acto de informar, retener nuestra atención se vuelve la mayor intención. E incrustarse en nuestros hábitos se convierte en el logro supremo.
Por ello, la voluntad y la autorregulación cobran un alto valor, así como establecer estrategias conscientes para informarnos: tener claros nuestros objetivos al consultar un medio de comunicación, escoger los canales adecuados y estar atento a las señales sobre cuándo es suficiente.
En relación con estas señales es preciso observar constantemente nuestro sentir. Cómo ondula y cambia al interactuar con los medios informativos. Y para ello conviene ganar comprensión de cómo funciona nuestra atención cuando estamos consumiendo información. En particular podemos destacar tres factores: curiosidad, la influencia de las neuronas espejo y el impulso fatalista.
Somos curiosos por naturaleza, si hay algo que se esconde o insinúa, nuestra pulsión por descubrir se dispara. Así que entender que tras cada titular o imagen hay un juego de insinuación, es algo que resulta útil como recurso de autorregulación.
Las neuronas espejo son uno de los principales hallazgos de las neurociencias en tiempos recientes: al observar a otra persona, tenemos la tendencia a reflejarnos en su experiencia como si la estuviéramos experimentando nosotros mismos. Sabemos que este tipo de neuronas juegan un importante papel para la vida social y el aprendizaje. Sin embargo, al leer o observar lo que ocurre a otras personas, podemos convertir nuestra empatía en un insaciable impulso de consumir experiencias a través de las vivencias de otros.
Desde esos rincones de nuestro ser donde habita el miedo, siempre esperamos lo peor. Así, la avidez por alimentar nuestro instinto fatalista está siempre lista para resonar con cualquier señal externa, lo cual se torna en recurso de fácil explotación para quienes intentan retener nuestra atención.
Conocida como “doomscrolling”, la adicción a las noticias negativas nos lleva a consumir arrastrando una tras otra en la pantalla de nuestro dispositivo. La psicóloga estadounidense Pamela Rutledge afirma que este comportamiento «describe la necesidad compulsiva de tratar de obtener respuestas cuando tenemos miedo».
Así que, al navegar en medio de los recursos informativos resulta conveniente mantener atenta observación a cómo se manifiestan nuestra curiosidad, la influencia de nuestras neuronas espejo y nuestra resonancia con la fatalidad y el miedo. Ello nos ayudará a encontrar esa justa medida, esa autodisciplina de informarse desde una postura consciente.
Fuentes consultadas:
-El “oscuro” hábito de consumir malas noticias compulsivamente (y cómo podemos atajarlo) (bbc.com)
-The Medium Is The Message (smashingmagazine.com)






En tiempos difíciles la verdad colectiva e individual es un paradigma de difícil alcance,todos nos convertimos en repetidores Frecuentes no obstante la conciencia plena distingue cono no verdad ,lamentamos y sin embargo nos guiamos por donde nos conducen,el mundo está convulsionado nada es real llegamos al principio dudo entonces existo ,para el bien.