El diálogo hace referencia a un encuentro en el cual dos o más personas intercambian ideas y opiniones. La palabra clave aquí es justamente el intercambio, ya que partimos de un escenario en el cual cada una de las partes tiene la oportunidad de hablar y ser escuchada, lo cual no siempre se cumple en la práctica.
Desde una charla sencilla entre amigos, hasta las convenciones en donde se exponen problemáticas de nivel mundial -los conflictos parten de una desinteresada manera de asumir un diálogo civilizado- pueden verse distorsionadas por la urgencia de uno de los participantes por ser escuchado o por su necesidad de dominar. El diálogo se convierte en un escenario donde múltiples vicios del ego, algunos de ellos ocultos, hacen su aparición. Se encuentran en un espacio donde pueden desplegar su actuación, como si de personajes de una obra de teatro se tratara.
De pronto aparece aquel que “no puede parar de hablar” ya sea de sí mismo o que simplemente deja fluir una verborrea sin mucho sentido. Otro personaje es el “distraído” que no se involucra de la plática, por una genuina falta de interés o porque deliberadamente opta por no escuchar lo que otros tienen por decir. “Yo más” y “Yo también” son formas del ego que buscan atraer la atención del grupo, buscando dirigir la conversación a experiencias propias y suelen desviar la escucha de quien originalmente estaba expresándose.
Esas formas del ego y algunas más, convierten el posible diálogo en un caos, donde las ideas no pueden comunicarse de manera clara y tal como si se encontraran en una rueda de ratón, las palabras sólo giran y se repiten, sin permitir reales avances o acuerdos.
Un ejemplo interesante se encuentra en las juntas de trabajo, esos espacios de diálogo artificial, donde normalmente la “voz cantante” la lleva quien se encuentra en una posición de poder y el resto de los individuos participan sólo como oyentes. ¿De qué nos sirve un espacio así? ¿Sería lógico considerar esto un diálogo? Y si regresamos a la esencia de lo que el diálogo es, diríamos que no.
También dentro de las familias podemos ver dinámicas parecidas, donde el adulto, ya sea padre o madre, puede llegar a imponer su forma de resolver determinadas situaciones, sin prestar verdaderamente atención a lo que el resto de la familia siente o tiene por decir. Se ofrece entonces un “diálogo” para permitir a los integrantes de la familia desahogarse, pero la “última palabra” la tienen los adultos o en ocasiones el padre.
Tocamos aquí temáticas como el machismo y el adultocentrismo, que otorgan mayor valía a ciertos individuos y por añadidura a sus opiniones, decisiones y formas de ver el mundo. Se trata de pequeñas y a veces invisibles estructuras de poder, que nos separan y dificultan el real encuentro que el diálogo representa.
¿Cómo ofrecer entonces espacios de intercambio sustancial?
Y en primer lugar estaría: observándose a sí mismo, aprendiendo a modular esos saltos del ego protagonista o manipulador. Lo cual abre mayor espacio a la voz del otro y genera un ambiente de confianza donde podemos comunicarnos.
La escucha activa, es otra interesante herramienta, que se basa no sólo en la atenta escucha sino en el interés por comprender lo que nos están comentando y la forma en que reflejamos ese interés con nuestras interacciones verbales y corporales.
Finalmente, la empatía. Ese bello rasgo humano que nos ayuda a ver las situaciones desde la perspectiva del otro. A sensibilizarnos ante sus necesidades o dolencias, para desde ese espacio de entendimiento crear y buscar soluciones que sean funcionales para ambas partes.
Comunicarnos forma parte de la base de nuestra existencia y las relaciones que tenemos se determinan en un alto porcentaje por las habilidades de comunicación que poseemos. Qué mejor razón para evaluar hoy la forma en que me comunico y de qué manera puedo optimizarla.
Fuentes:
-Escucha activa: la clave para comunicarse con los demás. Escucha activa: la clave para comunicarse con los demás (psicologiaymente.com)
-La empatía y la comunicación. La empatía y la comunicación (saludterapia.com)






Valiosa información que nos aclara sobre lo que debe ser la comunicación considerando la escucha activa y empatía. pero podrían lograr esta comunicción auténtica personas adultas neurodivergentes TDAH, TEA?. Gracias por iluminarnos!