Palpable es la importancia de la palabra como contenedora de significado, por excelencia. Ella mantiene viva una lengua y moldea las realidades de estos planos más visibles; así como define (por no decir limita) lo que somos hasta cierto punto.
Ciertamente, hoy día se ha venido degradando en su uso y en su forma, a partir de una tecnicidad mecanizada que supone la necesidad de una inmediatez en la comunicación. Específicamente en la esfera pública, que hoy más que nunca contempla una especie de frivolidad aplastante, la palabra y el discurso toman un giro muy particular en el que modificar la percepción y apreciación del receptor del mensaje, es el objetivo principal del emisor.
“En la actualidad, esta premisa parece ser
también vital no solo en la política, sino
en muchos otros ámbitos de la vida pública”
En los discursos políticos, por ejemplo, la construcción de una imagen específica o una personalidad cercana y aceptada por los receptores del mensaje es de vital importancia. En la actualidad, esta premisa parece ser también vital no solo en la política, sino en muchos otros ámbitos de la vida pública. ¿Se podría decir que todo se ha politizado? Y si nos referimos a la relación entre política y el término griego polis, vemos que alude a “lo que refiere a la ciudad” o “a los ciudadanos”.
Podríamos destacar entonces que la vida pública es eso, lo que termina inmiscuyendo a todos los que fungimos como espectadores, y la actividad política aquello que impacta en las percepciones de dicho público. De hecho, una de las acepciones de política, en el diccionario de la Real Academia, apunta a aquella “actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto o de cualquier modo”.
“Su hijo ha sido víctima de
terrorismo y tortura, así como víctima
de la violación de sus derechos humanos”
El filósofo e historiador Ernesto Laclau también ha mencionado en sus trabajos la dimensión retórica que está implícita en la política, y no solo allí, también en lo que hoy conocemos como ideologías. En este sentido, y a partir de la teoría saussuriana, Laclau utiliza un término importante para el discurso político, que es oportuno señalar en este momento, y es el de “significante vacío” o aquel significante al que no le corresponde ningún significado.
¿A qué nos lleva todo esto? A la polémica y frustrada participación de uno de los principales tenistas del mundo, el serbio Novak Djokovic, en el Abierto de Australia. El mundo del deporte se tambaleó por el caso de este jugador y la debacle de su visa que ha provocado un hambriento debate en todo el planeta. Djokovic ha sido fuente de opiniones polarizadas sobre la vacunación contra el Covid, y además sus padres, Dijana y Srdjan Djokovic, tienen fundamental participación y protagonismo en todo esto.
Han afirmado que su hijo ha sido víctima de “terrorismo y tortura”, así como víctima de la violación de sus derechos humanos. Del mismo modo, Srdjan Djokovic ha comentado, en medios de comunicación serbios, que los requisitos de vacunación de Australia para todos los asistentes al Abierto de Australia 2022 son un “chantaje”.
Todo esto nos invita a seguir preguntando, ¿qué hay más allá de la reyerta entre el gobierno de Australia, el tenista (y los padres del tenista) y los organizadores del torneo? ¿Por qué el padre del tenista, por ejemplo, gritó a la multitud durante manifestaciones en Serbia palabras como “hago un llamado a todos los australianos para que se pronuncien contra el terrorismo y las brutales violaciones de los derechos humanos del mejor tenista del mundo?”.
Y pareciera que la figura deportiva termina siendo entonces un significante vacío, un significante sin significado, un signo que tiene un límite y que, queriendo o no, termina siendo utilizado para otros fines, en los focos públicos. Detrás de altercados como este debe haber mucho más de lo que nuestro interés por el espectáculo revela.
Y no se trata de sumar a la controversial situación, sino de reflexionar acerca de una ecuación de hegemonía, en la que una demanda particular se convierte en una supuesta y más expansiva demanda más general. Esto nos hace volver a la visión retórica de la figura del deportista que se aleja de su función literal, se desplaza de su cadena de significación y va más allá. En este caso, la polémica se sitúa en la cancha, pero se niega a sí misma, el tenista no existe sino que se presta para este tipo de trifulcas.
Un error no forzado, como se dice en el argot de este deporte. Un tenista que se juega su imbatibilidad al no vacunarse, negándose así a obtener el récord de los 21 Grand Slams.
¿Por un determinismo familiar? ¿O una convicción cultural?
Solo Novak lo sabe.
Fuentes: https://tickernews.co/see-you-in-paris-djokovics-parents, http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-01732012000100010, https://www.rae.es/desen/pol%C3%ADtica, https://wapol.org/fr/las_escuelas/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intEdicion=1&intIdiomaPublicacion=5&intArticulo=303&intIdiomaArticulo=1&intPublicacion=4, https://www.eluniverso.com/entretenimiento/gente/djokovic-por-que-algunos-atletas-de-elite-se-niegan-a-vacunarse-contra-la-covid-nota/, https://www.bbc.com/mundo/deportes-59925891, https://www.mamamia.com.au/novak-djokovic-parents/






Yo creo que todo esto ha sido una trampa que la élite mundial a través del gobierno australiano le ha hecho a Djokovic, ya que éste representa a los no vacunados, a la resistencia; por lo tanto, dicha élite quería (y lo ha conseguido) mandar un mensaje a todos aquellos diciéndoles que están derrotados, que se arrodillen y que se pinchen la inyección experimental. Pero como Djokovic, que ha dicho que no dejará de luchar nunca por lo que considera que es justo y por la Verdad, puede ser que hayan aumentado aún más la resistencia, y la capacidad de generar héroes y mártires, ¿no es éste el propósito del Satán Cósmico creado por Dios en su Creación?