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Consciencia

EL ACUERDO CON LA INCERTIDUMBRE

Margit Flores | SKY Venezuela · 9 de octubre de 2025 · 5 min de lectura

EL ACUERDO CON LA INCERTIDUMBRE

“Sé quién era cuando me levanté esta mañana, pero creo que debo haber cambiado varias veces desde entonces”
Alicia en el país de las maravillas.
Lewis Carroll

Tras la muerte del joven escalador Balin Miller, quien recientemente cayó de un peligroso muro de piedra en el Parque Nacional Yosemite, se evidencia de forma cruda la gran incertidumbre que mueve a este tipo de deportistas, cuyas variables mentales y emocionales influyen radicalmente en el éxito de su escalada. Como desafío, enfrentan siempre nuevas rutas y cambios ambientales bruscos que podrían determinar desenlaces fatales. Un error, por mínimo que sea, puede hacer una gran diferencia en los resultados y las metas planteadas.

Si hacemos la analogía de este tipo de vicisitudes con el recorrido interno del camino espiritual, podemos concluir que la mente humana es como un campo en el que ocurren diatribas permanentemente, quizás por acumulación de impresiones y percepciones del mundo, que transformamos por medio de la metabolización que realizan los sentidos. Hay espacios en ella que se han convertido en sacos o depósitos de experiencias y sensaciones que se van tapiando con el tiempo, sin embargo, se convierten en pulsaciones en el subconsciente y estas, a su vez, impulsan acciones inconscientes, en nuestro estado de vigilia.

La concentración en una escalada como las que hizo este joven alpinista requiere de un alto grado de concentración y enfoque, así como un riesgo extremo, que pone en tambaleante balanza la vida y la muerte.

Mucho se ha hablado de “vaciar la mente”, “mantener la mente en blanco”, etcétera, utopía para quienes preservamos el instinto de acumulación de memoria, que no se usa para el crecimiento y el desarrollo del ser. En estos casos, la mente termina aferrándose a ideas rígidas, negándose a aceptar nuevas perspectivas. Es cuando la mente se cierra, es decir, se sitúa en una zona de seguridad y no se abre al riesgo, a la incertidumbre.

En este punto, podríamos preguntarnos, ¿por qué tanto miedo? Pues allí actúan las impresiones guardadas de las experiencias vividas, esas que no recordamos y que se convierten en los carceleros de nuestra lucidez y de nuestra preciada certeza. Además, dado que el miedo es una muy vieja y poderosa emoción, siempre está allí, inalterable, a la caza de ese individuo envuelto en el caos. Esa especie de malestar existencial dispone de un detonante que retroalimenta una curiosa simbiosis entre la inestabilidad y la incertidumbre.

Pero, ¿existen personas sin miedo? ¿Era Miller una de ellas?

Se dice que la parte primitiva del encéfalo es responsable de los instintos de supervivencia (lucha o huida), que permiten actuar ante amenazas o peligros reales o imaginarios. Pero esos miedos están indefectiblemente ligados a nuestra zona de seguridad, que en otrora fueron las cuevas, las alturas o los recovecos donde no nos alcanzaban las fieras prestas a devorarnos. Hoy esas, y muchas más, memorias humanas fungen como nuestros carceleros mentales, a nivel colectivo. ¿Podemos asumir una conciencia de desasosiego con el objetivo de que, cuando sintamos ataque, podamos resistir sin la desdicha propia de ese estado? ¿O, por otro lado, en nuestras existencias materiales y en nuestros tránsitos de inquietud siempre hay algo oculto por revelarse que, como resultado de esa expectativa, consciente o inconsciente, genera incertidumbre?

Estos tránsitos evidentemente conllevan la destrucción o transformación de algo en nuestro interior, el atrevimiento frente a la muerte simbólica o real de una parte de nosotros, nuestra propia creación; así como la forja de un carácter cada vez más refinado, investido de mayor claridad.

Esa revelación, propia o colectiva, expresada en una nueva perspectiva, en una nueva altura en la escalada, en una visión más amplia de nuestras experiencias de vida, siempre es precedida por lo incierto, lo desconocido, espacio transitorio y previo a la nueva creación. La incertidumbre puede percibirse como un estado inestable, en el que lo que regía previamente está a punto de derrumbarse, pero la nueva visión tampoco está clara aún.

Esto muchas veces dificulta un justo sentido a nuestro constante desenvolvimiento, especialmente cuando sentimos la imposibilidad de aprehender la nueva realidad. No obstante, allí radica la alquimia del crecimiento. Los procesos de autoconciencia, de disolución de lo inservible, de cambios y transformaciones, deducen una especie de angustia por no poder apresurar la transición e incubación de lo desconocido que está por salir, más cuando ni siquiera intuimos lo que sucede en realidad, que se expresa como pálpito, una sospecha o una simple sensación de vértigo ante el limbo, el precipicio o el vacío de eso desconocido.

La incertidumbre toma entonces otro matiz, se convierte en terreno fértil, al desmalezar la mala hierba, despojar capas y confrontar las sombras tapiadas en la conciencia, para liberarse de viejas creencias, para desmoronar velos y reconectar con la fuerza infinita e invisible que nos habita.

La incertidumbre vendría siendo el pasillo previo a la simetría mayor, al armónico rompecabezas que encaja una a una cada pieza; la intersección que pone a prueba lo conocido y saca de la zona de confort; la llave para entrar a una visión más amplia; la bisagra del aprendizaje o el dígito que completa la fórmula de la expansión, en espera de lo aparentemente desconocido.

Balin dijo, poco tiempo antes de morir:

“Es preciso estar comprometido con la incertidumbre, ya sea cuando abres una ruta nueva o cuando rapelas de noche porque nunca sabes exactamente qué puedes encontrarte y no siempre puedes escapar”.

Un punto de vista consciente sobre los imponderables del entorno, nos sitúa. Si bien no nos inmuniza absolutamente, sí nos alerta sobre la proximidad de siguientes amenazas.

Fuente:

https://elpais.com/deportes/el-montanista/2025-10-03/muerte-en-directo-en-tik-tok-de-balin-miller-mientras-escalaba-en-yosemite.html
https://www.pasoclave.com/factores-psicologicos-escalada

3 comentarios

  • quay random

    10 de octubre de 2025

    Esta analogía entre la subida a un pico y el viaje interior es… ¡uf! Me parece que mi mente se ha quedado atrapada en un saco de experiencias tапиado, intentando metabolizar esta reflexión. Hablar de vaciar la mente mientras lees esto es como intentar escalar sin mirar hacia abajo: ¡el riesgo es… ¡infinito! 😅 Sin embargo, la idea de que la incertidumbre sea el pasillo previo a la simetría mayor tiene una cierta gracia. Quizás el miedo a lo desconocido es solo nuestro instinto primitivo preguntándose si vamos a caer estrepitosamente o no. ¡Así que, adelante, sigamos esta pulsación subconsciente hacia lo incierto! Al menos es más emocionante que mantener la mente en blanco, ¿verdad?

  • Alejandro Porley Ferraz

    14 de octubre de 2025

    Om Namaha Shivaya ….vaya si nos enfrentamos a la incertidumbre casi a diario…..pero…ahí es cuando tiene ke florecer la Fe…esa ke nos sostiene ….gracias por estas palabras, me hicieron reflexionar

  • Martha Paredes

    14 de octubre de 2025

    Excelente narrarracion MARAVILLOSA, redacción florido lenguaje, inteligencia y sabiduría, ya quedan pocas personas los que tiene millones de palabras para expresarse por escrito y además saber, conocimiento e inteligencia. El contenido sobre la insertidumbre y el miedo muy clara su exposición. Yo todavia con el dicccionario en las manos. Tantas palabras perdidas en mi memoria o tal vez nunca escuchadas.
    Muchas gracias.
    Bendiciones. UN PLACER LEER.

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