Vivimos en un continuo espacio-tiempo de experimentación, cuya configuración y funcionamiento real pocos conocen, al menos lo suficiente para superar la ignorancia sobre nuestra verdadera esencia y propósito.
Nunca se sabe en qué momento vamos a sospechar lo suficiente de la irrealidad que se dibuja ante nosotros para ser develada, pero lo que sí saben, quienes lo logran, es que de diversas maneras se detonan procesos a veces incluso que exponen la cordura, por todo lo que en juego está cuando se rompen esos velos.
Toda alma sabe sin excepción que todo es parte de un diseño creado para descubrirse y llegar a la síntesis de lo que ES. Y allí simplemente se alcanza, se logra, se realiza. La cuestión es ¿qué hace que tardemos tanto en descifrar este juego evolutivo que la vida es?
Y parte de la respuesta es casi como un lugar común por lo innegable e inocultable de los hechos, al darse cuenta sin mayor dificultad sobre las formas de vida que se han ido estableciendo, y que nos traen por miles de años retrasados respecto a los nuevos escenarios evolutivos que se esperaba pudiéramos alcanzar más allá de este espacio tiempo.
La sociedad se ha establecido bajo códigos creados sobre la base de profundas distorsiones, moldeando comportamientos autómatas resultado de modelaciones deliberadamente introducidas por quienes buscan distanciar a la humanidad del propósito único y último de la vida.
Lo grandioso es que latente está en todos, un pulso que grita, y que aquel que está atento logra escuchar para reconocerse y reconectar. Estas señales del alma hay que atenderlas y responder a ellas con la fuerza que nos da el tener más certezas y menos confusión.
“El alma siempre debe estar entreabierta, lista para recibir la experiencia extasiada”, es una frase destacada de la reconocida poetisa norteamericana Emily Dickinson cuya obra fue conocida en el mundo de manera póstuma. Con este planteamiento deja ver frutos recogidos del pensamiento contemplativo que la llevó a alcances relevantes en medio del mundo de reflexiones en que estaba tan sumergida.
Nuestra condición divina desconocida o negada por muchos, no cambia el hecho de que contenemos el conducto que habilita las puertas de entrada a estadios superiores de conciencia, a los cuales accedemos a través de la experiencia del alma que por la vía contemplativa vamos construyendo a partir de practicas constantes de contacto interno.
Busquemos entonces esos espacios y creemos el tiempo para activarnos y producir ese momento para el alma, en el que logra esa suspensión y se arroba en instancias dispuestas para que el Ser se experimente y se encante, deseando regresar una y otra vez allí, al lugar del contacto con la puerta de ascensión.






Gracias por este texto, Catalina. Tema vital. Gracias. ONS