Hemos escuchado incontables veces que el amor sana, pero, ¿qué tanto lo creemos y lo aplicamos para sanar real y profundamente? Ante una enfermedad hemos sido acostumbrados a “simplemente” curar el síntoma, para así creernos sanados.
Sin embargo, los malestares, dolores y enfermedades en nuestros cuerpos son un reflejo de patrones mentales y emociones que son la causa raíz de la dolencia. El doctor Bruce Lipton, biólogo, experto en Epigenética lo explica diciendo que el ambiente que rodea a la célula la puede enfermar y aclara que no solo se trata del ambiente fisiológico, sino del emocional, es decir, esa emoción crea una química en nuestro cuerpo que, eventualmente deteriora y enferma a la célula.
“Para nuestra salud física es indispensable
el genuino amor propio, que nada tiene
que ver con la vanidad del ego…”
También, de acuerdo con la Epigenética, solo 5% de una enfermedad es componente genético, el resto es estilo de vida y esto incluye el hábito de ese pensamiento-emoción.
De manera que, el crearnos algún mal-estar en el cuerpo, no es más que un grado de desamor. Hasta para nuestra salud física es indispensable el genuino amor propio, que nada tiene que ver con la vanidad del ego.
En más de 10 años, estudiando y trabajando este tema, he podido darme cuenta, tanto en mí, como en clientes-pacientes cómo síntomas o malestares han sanado a veces sin ningún tratamiento externo, o cómo han tomado más tiempo cuando por la excusa que sea, no se atiende el mirar y trabajar en el patrón raíz mental-emocional.
De ninguna manera estoy alentando a no seguir un tratamiento médico convencional o con disciplinas holísticas, lo que estoy diciendo es que dado que fuimos nosotros quienes creamos en algún punto de nuestra existencia (sea en esta vida o en una pasada) el origen que desencadena la enfermedad, es imperante abocarse a la disolución de ese patrón interno, de esa expresión de nuestro ego, si queremos acelerar la sanación de la manifestación física, si queremos realmente sanar lo que debe ser sanado.
Porque, si por el tratamiento externo que escojas, te libras del síntoma, pero no has sanado esa emoción discordante, simplemente se alojará en otra parte de tu cuerpo para buscar expresarse.
Es por esto que se hace imperioso conocer, aceptar con humildad y franqueza, y disponerse a disolver esos patrones, para ayudarnos en nuestros procesos de sanación del cuerpo físico. Es un acto de auto-amor y es aquí cuando el amor comienza a sanarnos.
Si acudimos a uno de los excelentes libros en el mercado que hay hoy en día para revisar el listado de patrones mentales emocionales relacionados a la enfermedad (siendo pionero en esta lista el libro azul de Louise Hay, “Sana Tu Cuerpo”), ahí tenemos una pista para comenzar a indagar lo que nuestra alma está gritando; sanar, y para llamar nuestra atención lo hace a través del cuerpo.
Toda esta teoría conocida como la Conexión Mente-Cuerpo, podría decir que es una explicación moderna de un principio védico fundamental, y que la Medicina Ayurveda nos acerca: nuestro cuerpo es exactamente el vehículo perfecto que nuestra alma diseñó para resolver el trabajo evolutivo que le toca realizar en esta vida y va a ir manifestando estos desbalances.
En los tratados antiguos de Ayurveda señalan que nuestra mente circula por todo nuestro cuerpo, a través de un Srota (canal) llevando información por todo el cuerpo. Es decir, el concepto de que la mente está presente en cada órgano, tejido, célula, viene de la Medicina Ayurveda, originariamente. Ayurveda enseña que nos mantenemos sanos si vivimos alineados a nuestra naturaleza. ¿Y, acaso nuestra naturaleza no es el amor?
Si estás padeciendo algún síntoma, no te victimices por las limitaciones que pudieras estar teniendo debido a este, ni que te sientas culpable por haberlo creado. Más bien, ¿qué te parece sentirte responsable y apto de comenzar este camino de autoconocimiento y autoamor que la enfermedad te está ofreciendo?
Fuentes: –Ayurveda – La Medicina Primordial, Centro Latinoamericano de Estudios Védicos. -Sana Tu Cuerpo, Louise Hay –-La Enfermedad como Camino, Rüdiger Dahlke y Thorwald Dethlefsen.






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