Los sentidos son los medios biológicos que nos permiten reaccionar y adaptarnos al entorno. Una vez que experimentamos, percibimos el contexto, este nos genera diversas emociones y sentimientos, los cuales dependen también, de nuestra percepción que está influenciada por nuestros contenidos. Esto es lo que hace que cada ser sea único, y que l experiencia pueda tener un significado diferente para cada persona.
De modo que, uno entiende por qué este plano es tan especial y valorado. Las emociones siguen el modelo de las lógicas personales y sociales. Eso tiene su razón de ser, debido a que están impregnadas de significado, y también se encuentran influenciadas por nuestro karma individual y colectivo. Por eso es importante estar conscientes de nuestras emociones, ya que no hay un proceso cognitivo sin que se ponga en marcha un juego emocional y viceversa.1
De acuerdo con un estudio de los perfiles emocionales, realizado por el psicólogo y catedrático Richard J. Davidson, existe un límite en la tolerancia de las emociones, que varía en cada persona. Cuando se sobrepasa este límite, esto se refleja en nuestra postura, en la pérdida de flexibilidad física y psíquica, en la pérdida de adaptabilidad y también en el deterioro de la salud.
Esto quiere decir, que cuando hemos superado nuestro límite de tolerancia, perdemos o distorsionamos nuestro sentido para percibir la realidad, perdemos nuestra integridad. Nos genera un desbalance que nos lleva a convertimos en algo irreconocible.
Es evidente que hoy existe un incremento de los estímulos a nuestros sentidos, lo cual hace que poco a poco vayamos perdiendo la sensibilidad, la capacidad de percibir las cosas. Conforme un sentido se acostumbra a un estímulo, poco a poco va necesitando un estímulo mayor, hasta perdernos en una sobre explotación de los sentidos.
Según estudios de la neurociencia, el perder la capacidad de sentir, antes de reaccionar, produce una pérdida de capacidad de escucha hacia nosotros mismos y por lo tanto la empatía a los demás. Si a esto incluimos el entorno social, podemos concluir que hemos perdido esa capacidad de asombro, la sensibilidad hacia el otro, hacia nuestro entorno, nuestro prójimo, y hemos normalizado patrones que van en contra de la esencia del ser.
Es un ciclo vicioso en el cual la sociedad va perdiendo sus valores y el individuo, su sensibilidad, y este a su vez, pierde sus valores, llegando a ser una sociedad sin empatía, sin capacidad de asombro hacia los pequeños detalles de la vida. Se normaliza lo que no es correcto. Entonces, sabemos que algo no anda bien. A lo largo de la historia tenemos varios ejemplos de cómo el mal se ha instaurado, se ha sistematizado, ha creado estructuras de defensa, es decir, para ser más directo; hemos justificado y normalizado torturas, guerras, injusticias, entre otros horrores.
Por esto es importante la reconciliación con nosotros, la concientización de lo que hemos hecho y también ver hacia dónde vamos como humanidad. Es importante sanar, tener nuevamente la sensibilidad, llegar a una sutilidad que nos permita discernir, tener claridad, encontrar el sentido de las cosas que nos proporcionan amor y paz, más allá de las asperezas del entorno para así transformarnos con el fin de regresar a nuestro origen.
Fuentes consultadas
1 Le Breton, David Por una antropología de las emociones Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad, vol. 4, núm. 10






Interesante la importancia de sumar acciones concientes como hacer algo atento como escribir, correr , caminar etc atentos del ahora para vivir. Concentrarme en mi respiración en mis ojos, boca etc para no caer en desequilibrio interno que emana de pensamientos descontrolados.