Los colores que el ojo humano puede distinguir se sitúan dentro de lo que se denomina el espectro visible de la luz, que corresponde a las ondas situadas entre las infrarrojas y las ultravioletas.
Esa gama de rojo a violeta, así como todas su tonalidades y combinaciones, pintan el escenario terrestre estimulando una variedad de emociones y comportamientos en el ser humano. Esto ha sido ampliamente estudiado por la psicología del color.
Pero no solo la psique reacciona al color, también nuestro cuerpo energético responde y se activa en zonas específicas mediante el color.
El conocimiento védico nos lo ha mostrado en un detallado mapa de chakras, situados a lo largo de la espina dorsal. Siete centros de energía, activados por mantras, colores y frecuencias específicas.
Estos siete centros marcan al viaje de la kundalini, nuestra energía vital, que se moverá de forma ascendente desde la base de la columna vertebral hasta la parte superior de la cabeza. Este es el viaje evolutivo de nuestra conciencia, desde su forma más instintiva hasta su florecimiento, en la iluminación.
El rojo vibrante inicia el camino, Muladhara; relacionado al elemento tierra, al arraigo y la vitalidad. Subiendo un poco, a la altura de la vertebras sacras, Swadhisthana. En color anaranjado, el centro creativo, sexual. Acompañado del elemento agua, que permite a las sensaciones fluir.
Después nos encontramos con el fuego vital, que habita en el plexo solar. El fuego que transforma y realiza los procesos digestivos. Aquí residen la voluntad y el poder. Desde este centro nos proyectamos, como un sol, para relacionarnos con los demás. Su color es amarillo.
Llegados a este punto comienza una sección de mayor trascendencia en el viaje, pasamos ya por la zona más instintiva de la existencia y aprendimos a relacionarnos con los demás. Ahora es momento de un primer florecimiento de lo sutil: Anahata.
En color verde, ligero como el viento, este es el hogar del amor universal. Donde el ser comienza a desarrollar una relación con lo divino y a percibir la belleza en su entorno. Compasión, devoción y sanación son algunas de las formas en que se expresa este chakra cuando se encuentra equilibrado.
Desde el corazón ascendendemos a la garganta: Vishuddha. En color azul, asociado al elemento éter. Aquí residen la comunicación y el habla, llevadas a su más alta expresión: La verdad. Centro del sonido, el ritmo y la vibración.
Nos acercamos al final del camino, sexto chakra: Ajna. El “tercer ojo”, en color violeta. Asociado a la intuición y percepción extrasensorial. Aquí las frecuencias comienzan a unificarse desde el rojo al violeta, siendo la luz su elemento. La luz que otorga sabiduría y conocimiento.
El viaje de la kundalini culmina al abrirse “el loto de mil pétalos” en Sahasrara. La comprensión del todo, el Ser realizado. Es la consumación de la unión con la divinidad. El color blanco, que incluye a todos los anteriores. La conciencia plena.
Realmente tenemos en el sistema de chakras un mapa evolutivo, cada centro como símbolo de las distintas frecuencias por las que transita el Ser en su camino hacia la unificación con la fuente.
En términos de óptica: somos luz que ha sido refractada y busca unificarse.
Fuentes:
Luz (significado y propiedades). https://www.significados.com/luz/
Psicología del color. https://psicologiaymente.com/miscelanea/psicologia-color-significado#google_vignette
Los chakras. https://www.universoyoga.es/los-chakras/





