Historia de algunos ateísmos
Las primeras defensas de una visión de mundo desprovista de divinidad aparecen en Grecia, en la filosofía presocrática de Tales de Mileto unos 6 siglos antes de Cristo. Inclusive, un siglo después de Tales vendría un movimiento, no muy numeroso, pero si significativo, de la escuela filosófica Charvaka en India, atea, que identifica al alma únicamente con el cuerpo mortal. Un poco más de 2000 años después vendrían Karl Marx y Sigmund Freud, acaso los pensadores más influyentes del siglo XIX. Freud hablaría sobre cómo la religión y la idea de dios son nociones creadas por temores humanos asociados a la necesidad de un sentido de trascendencia, de vida después de la muerte y de justicia universal, ante lo cual esa visión religiosa de un dios perfecto y todopoderoso era el antídoto perfecto. Por su lado Marx diría que “la religión es el opio del pueblo”, pues vivía un contexto de dominación social, política y cultural en donde uno de sus bastiones era la promesa de un cielo perfecto y eterno a cambio de la obediencia civil en los asuntos más mundanos que interesaban a la élite de ese entonces.
El dios humano de Feuerbach
Ludwig Andreas Feuerbach fue un filósofo alemán, quien para muchos representa la figura que creó el humanismo ateo. Fue un autor que en todos sus escritos fundamentó una idea personal sobre la fe, que dio también origen a la antropología de la religión y, sobre todo, a su crítica. Su radical forma de concebir la racionalidad le llevó a postular que la existencia de un ser metafísico no es más que una fantasía humana.
La obra más conocida del filósofo alemán del siglo XIX fue La esencia del cristianismo, de 1841, la cual se convirtió en una fuerte fuente de inspiración para algunos pensadores revolucionarios como Federico Engels y el mismo Marx. No obstante, es curioso que el libro admite una gran parte de los razonamientos de Hegel. Este último hablaba de un espíritu absoluto como la fuerza que regía la naturaleza de una forma inherente. Feuerbach, aunque fue discípulo de Hegel, por su lado no encuentra ninguna razón para ir más allá de nuestra experiencia al explorar y explicar la existencia del mundo. En este libro se tiene en cuenta una imagen importante, la del capítulo bíblico en que los israelitas perdidos, inseguros, crean un falso Dios al que venerar: el Becerro de Oro. Así, el autor afirma que todos los dioses de la imaginación humana han sido creados de esa misma manera.
Mas aún, la idea central y su distanciamiento del teísmo cristiano fue plasmado en la tesis de que “la teología es antropología”. Esta habla sobre la divinidad como una sublimación o idealización de lo humano. Desde su punto de vista los hombres no son una forma manifiesta de un espíritu absoluto sino precisamente lo contrario: hemos creado la idea de un espíritu superior, de un dios a partir de nuestros anhelos y deseos. Allí sugiere que, en nuestras aspiraciones a valores superlativos como el amor, la compasión y la bondad, entre otras, hemos imaginado un ser que posee todas esas cualidades en el más alto grado, y lo hemos llamado Dios. La teología, es decir el estudio de lo divino, no es más que antropología o el estudio de la humanidad en ese sentido, pues lo divino es nuestra visión ética ideal. Según dice el autor no sólo nos hemos engañado pensando que existe un ser metafísico, sino que además hemos olvidado lo que somos, pues no concebimos el hecho de que esas virtudes están en nosotros y no en los dioses.
Otra perspectiva
Como todos los grandes y brillantes escépticos, Feuerbach arremete contra la religiosidad dogmática, exotérica y enclenque de su tiempo, que es a grandes rasgos la misma del nuestro. Quizás con una percepción más sutil de sus propias ideas hubiese llegado a otras conclusiones este importante pensador. Por ejemplo, haber tenido en cuenta que esa capacidad del ser humano por imaginar lo perfecto y lo trascendente serían, justamente, prueba de la existencia de aquello, y de nuestra posibilidad por alcanzarlo. Si pensar a Dios es pensarnos a nosotros mismos, entonces hay en el dios humano de Feuerbach una gran sabiduría: ver algo divino en todo lo humano, y lo humano en lo divino.
A todas luces no es un tema fácil, pues mucho se habla y se piensa sobre ese dios barbado y castigador del cristianismo. Pero poco se siente y se intuyen esas otras formas de invocación y de concepción de lo trascendente que reverberaron más en el Oriente, más interiores, en tradiciones que abrevaron de los milenarios textos conocidos como los Vedas. ¿Qué hubiera dicho Feuerbach del dios uno, del dios-conciencia, del dios-naturaleza, y, en últimas, del dios interior de cada ser?
Fuentes:
Dorling Kindersley. The Philosophy Book. Ed. DK. Londres. 2011.
https://revistathc.com/2022/02/11/fractales-la-geometria-de-las-visiones/






Excelente artículo me gustó mucho bendiciones buen tema que enrriquecen el alma