Saturno es un gigante gaseoso con 7 anillos y 146 lunas girando a su alrededor. Se compone de un sólido núcleo de hidrógeno metálico rodeado de hidrógeno líquido que se convierte gradualmente en una nube de gas que se extiende 1000 kilómetros a su alrededor. Su superficie es explosiva y violenta, compuesta por vórtices de gas con presiones y temperaturas tan altas que podrían producir lluvias de diamantes.
El segundo elemento más presente es helio en grandes cantidades, haciéndolo sorprendentemente parecido al Sol, pero con la diferencia de que Saturno carece de la masa para hacer la fusión necesaria para alimentar una estrella. “Saturno no tiene amigos ni enemigos” le dice un Asura a un Deva en plena batalla. Desafía y reta, desde la química elemental hasta la mística. Su radio es 9.5 veces mayor que nuestro planeta y en el cabrían aproximadamente 764 tierras.
Un día dura 10 y media horas terrestres pero un año Saturnino equivale a 29 años y medio. Gira tan rápido que produce vientos de hasta 1800 kms por hora, haciendo que sus polos se aplasten para ensancharse en el ecuador. Es el planeta más plano del sistema. Sin embargo, se traslada con tal lentitud que arrastra el tiempo, estirando el cumplimiento de los aspectos más oscuros de cada individuo hasta que éste -uno- se decide a resolverlos.
La astronomía lo coloca como el sexto planeta del sistema, la astrología occidental lo llama Saturno desde tiempos romanos. Enredado en una compleja mezcla de mitologías antiguas, lo sostiene entre un dios de la agricultura y lo equipara con Cronos, guardián del Tiempo. Pero en todos los casos, lo resalta como un dios temeroso a que lo derrocarán, a quien se le impusieron límites y escondió su sed propia de realizarse.
Gobernó sujeto a una fuerza mayor. En la mitología griega, Júpiter -hijo de Saturno- vence a su tío el Cielo y devuelve el poder a su padre. Sin embargo, cuando Saturno intenta devorarlo, lo vence y convierte en mortal. Se refugia en Lacio, actual Italia, donde pone orden y enseña leyes a los hombres.
Jyotish, la ciencia védica del cosmos, considera a Shaní el noveno cuerpo celeste del sistema, ligándolo a la imposición de límites, al esfuerzo, sacrificio, austeridad, humildad, las obligaciones, responsabilidades y deberes. Al pesimismo, rechazo, escasez y las pérdidas. Si las cosas no están bien hechas, la fuerza de Shaní se encarga de destruirlas para tener que volver a construirlas desde el principio.
En ciclos de aproximadamente 30 años, cada persona experimenta el retorno de Saturno a sus vidas. Entre una marejada de emociones, las situaciones por las que cruza se encargan de enfrentarlo una y otra vez con lo que debe resolver. Y así como es adentro es afuera, cómo colectivo también experimentamos eventos sociales que nos hacen cuestionar nuestros avances como humanidad.
En este fin de 2024, nos toca replantearnos lo que sembramos en la mitad de los años 90. Década que en sí misma delineó el trazo del presente que hoy vivimos. En aquellos años, con el fin del milenio aproximándose, en el ánimo general se hablaba de paz, las economías buscaban crecer, China solidificaba en silencio su crecimiento hacia potencia; la sociedad rompía con tapujos raciales y sexuales, abriéndose a la integración; se pensaba en educación y con un pensamiento de globalización, las fronteras se abrían unidas ante los retos políticos, sociales, económicos.
Se empezaba a tomar en serio el cambio climático. Sólo en 1994, Bill Clinton y Boris Yeltsin firmaron los acuerdos de Kremlin, en los que se acordó el desarme de misiles pre-dirigidos entre sus países, así como el desarme nuclear en Ucrania; 84 países firman el Tratado Internacional de Viena sobre seguridad nuclear; Israel y la OLP (Organización de Liberación Palestina) acuerdan la creación de una policía conjunta para Gaza y Jericó; se firma la paz entre Israel y Jordania; y por sus avances hacia la paz en la región, Yasser Arafat, Isaac Rabin y Shimon Peres son galardonados con el Premio Nobel de la Paz; salen de Berlín las últimas tropas de Francia, Rusia, USA e Inglaterra; se da el alto al fuego en Irlanda.
En otro orden, se termina el Apartheid, se comprueban la variante “alta” de la partícula sub-atómica Quark; el internet despega públicamente con fuerza; la Unión Europea (establecida a finales de 1993) llega a 15 miembros. Entre los conflictivos se desata la guerra en Rwanda; la guerra en la ex-Yugoslavia toca uno de sus peores momentos; en México estalla el conflicto Zapatista, y entre unas controvertidas elecciones, el gobierno devalúa el peso causando estragos en la economía de AL.
En el fondo todos sabemos lo que nos perturba, así, a sus 1.426 millones de kilómetros de la tierra, Saturno esta tan cerca que lo podemos ver sin ayuda de aparatos externos. Sobre todo cuando se encuentra en oposición astronómica, es decir, con la tierra entre el sol y el cuerpo celeste. Somos nosotros quienes sujetamos nuestra venda. Shaní busca trascender sus propios temores, y cada quién comprende lo que puede según lo que este atravesando, más a manera de recordatorio, es importante saber que nada en el universo existe para dañarnos, al contrario, todo está dispuesto para nuestro crecimiento y es la decisión de cada uno atravesar su ira para alcanzar su paz. Saturno enseña límites, destruye, pero la libertad del albedrío nos hace aprender a trascender y atrevernos a renacer de las cenizas.
Aunque parezca que poco se puede decir sobre los alcances de entonces a ahora, también hemos logrado cambios positivos significativos. Es cierto que las guerras se han sumado y tornado más amenazantes. Que la tendencia es volver a cerrar fronteras. Que las economías nacionales implosionan bajo ríos de inversiones e intereses extranjeros y la brecha entre ricos y pobres se agranda. Que la educación esta más cautiva y la manipulación a través de los medios es no sólo obvia, sino rapaz.
Dependemos de la tecnología cada vez más y nos acecha un miedo por la inteligencia artificial que no debemos dejar convertirse en temor. Los intentos de paz han sido substituidos por negociaciones corporativas dirigidas por grupos de empresas a las que les pertenecen varias industrias a la vez. La humanidad somos testigo que como los egos de pocos buscan poner un velo sobre sus poblaciones.
Cuando otras vías de aprendizaje no han dado resultado, Shaní activa las pruebas más fuertes pues es de ellas con las que más vamos a aprender. Brahaspati (Júpiter) dice: “Todo es Dios”, Shaní (Saturno) responde: “En realidad nada es tan divino como parece”. La dualidad contrasta y permea. La tendencia no está hacia la libertad sino hacia mantenernos anillados. El estrés provocado hace sentir el tiempo más acelerado. Pero todo esto ha provocado también el despertar de cada vez más individuos y que, aunque aún es minoría en el groso de la población, va en aumento.
Muchos hemos optado por buscarnos, encontrarnos y juntarnos: por resaltar la ética y los valores como forma de vida, por rescatar las raíces de la especie y no rendirnos ante la robotización. Estos compromisos se han vuelto poco a poco esferas más grandes y así como hay guerras, hay valientes que no se identifican con la agresión de sus gobiernos y buscan ayudar. Hay cada vez más trueque e intercambio de labores sin necesidad de pago, hay una pluralidad de voces que, si bien a veces es puro ruido, también es el poder de alzar la voz… y que alguien la escuche. Esto genera eco, y con el eco los anillos de Saturno están lentamente van deshaciéndose.
Hay que ver las cosas como polaridades, entender que no hay mal sino tensiones que nos habitan, y que la situación individual y mundial es resultado de nuestras acciones. Más todo se puede invertir y mientras exista un ser con consciencia la transformación es plausible. Ninguna influencia planetaria quiere destruirnos, lo único que hacen es provocar y exacerbar lo que ya existe en nosotros.
Si cambiamos la forma de ver y miramos con otra perspectiva la vida, es decir, si re-valoramos el sentido de la vida a sus valores éticos originales y no a los recovecos en donde podemos encontrar justificaciones a todo, habremos entonces subido la espiral. Nada es lo que parece y es solo cuando se percibe el vacío que comprendemos que todo es luz, que podemos conectar y más aún, transformarnos en ella.
Fuentes consultadas:
-Escuela Valores Divinos. Enseñanzas de la Madre Shaktiananda






Om Namaha Shivaya!!!…bien esclarecedor y alentador informe …gracias totales….🙏