Dentro del infinito repertorio que estructura el pensamiento, esas visiones que emergen del encuentro de ideas, individuo-colectivo, hay una que nos delata como seres humanos, movamos o no un dedo, nos sintamos dispuesto, o no, a tomar partido de algo, como para recordar que integramos lo humano, y que como sea, debemos aprender a leernos internamente y traducirnos en una energía que nos faculte para crecer espiritualmente. Nos referimos a la conciencia, ese estado de relumbre, que nos ubica en el punto de vista de nuestras convicciones.
Veamos: en síntesis, la conciencia tiene dos orientaciones, y luego de allí, se hace filosofía, se escruta, se hacen distinciones. La primera es el reconocimiento de las cosas, externas e internas, de uno como ser humano. La segunda, el conocimiento del bien y el mal. Y, como es una facultad, con propiedades relativamente fijas (la ética, el respeto, tolerancia) esa conciencia es necesariamente consciente. Tomar consciencia de las cosas no es una moda, es una necesidad ontológica.
En este ESPECIAL del UpaniNews, sobre la Conciencia, estamos conscientes, valga la redundancia, que solo intentamos una aproximación a un conocimiento exacto y reflexivo de las cosas, y nos ceñimos al patrón convencional de admitir que lo que diferencia al hombre del animal, es precisamente esa libertad de consciencia, dicho de otra manera; poseemos la capacidad mental de reflejar la realidad a través de las sensaciones, percepciones y pensamientos.
En los otros textos que acompañan esta edición, tanteamos algunas pistas en ámbitos como la conciencia racional, ¿para qué sirve? ¿A dónde nos lleva? ¿Cuál es su propósito? así como la importancia de esforzarnos en el hábito de una conciencia espiritual, su idea universal, cómo percibimos ese conocimiento, la relación con la memoria celular, los niveles de conciencia y supraconciencia y conciencia cósmica.
Si tuviéramos que homogeneizar el concepto de conciencia, en estado puro, (obviando las pastosas teorías, por lo general, inentendibles y presuntuosas) y lo que como seres humanos deberíamos comprender y asimilar en permanente ejercicio de luz, es lo que en una ocasión dijo Mataji Shaktiananda; “La nada es la conciencia”. Y en esa frase subyace todo el sustrato epistemológico, de un entendimiento sapiencial, de lo que se ha dicho, se dice y se dirá de la conciencia. Una valoración universal, absoluta, elevada y, sobre todo, supraconsciente.
De allí el manifiesto del juego, de sus infinitas interpretaciones, demarcaciones, ajustando las épocas a un criterio antropológico, donde el desfile de personajes filosóficos marca un compás, y el resto le sigue, donde el canon civiliza las normas y condimenta el hegemón, y lo hace más vigoroso.
Por eso, la conciencia de sí mismo es categórica, es una profunda consideración sobre nuestros actos, es darle una orientación distinta a nuestra manera de percibir y percibirnos, un discernimiento cabal y auténtico, saber resistir a los influjos de la maya, es el único espacio desde donde podemos emprender la ineludible asignatura de autoconocernos.
Gráfica: Deepdreamgenerator






Gracias por permitirme participar y comprender las diferencias entre Conciencia peronal,conciencia colectiva y Supra Conciencia,tengo una idea,pero no la certeza.Quisiera ir desperando a eta realidad Suprema.GRACIAS.