LA UNIDAD, ETERNO PROPÓSITO – Especial N°7 ya disponible. Consigue tu copia aquí

Autores Universales

EL FLUIR LIBRE DEL SER

upaninews · 25 de septiembre de 2025 · 11 min de lectura

EL FLUIR LIBRE DEL SER

Parábolas, cuentos y metáforas que muestran cómo el alma humana puede fluir como el agua, sin resistencia, adaptándose a la corriente de la vida y encontrando en ella su plenitud.  Zhuangzi (siglo IV a.C.), filósofo taoísta chino, nos invita a través de El arte de la vida, a abandonar la rigidez del juicio y la ilusión de control, a abrazar la espontaneidad de cada instante entendiendo la libertad de espíritu, el desapego y la armonía con la naturaleza. El autor nos recuerda que la verdadera sabiduría no reside en acumular conocimiento ni imponer normas, sino en reconocer la unidad entre el yo y el universo. Sus enseñanzas buscan liberar la mente de preocupaciones inútiles y abrirla a la transformación interior, donde la felicidad surge de aceptar lo que es y dejar ir lo que no podemos controlar.

LIBRO II. DE LA UNIDAD DE LOS SERES

I. Ziqi de Nanguo se hallaba sentado, apoyado en un escabel. Alzaba al cielo la
cabeza y respiraba pausadamente. Arrobado, como si su espíritu hubiera
abandonado el cuerpo. Yancheng Ziyou, que allí junto estaba a su servicio, dijo:

—«¿Qué ha acaecido? ¿Por ventura es posible mudar el cuerpo inmóvil en árbol
seco y volver en frías cenizas la mente? El que ahora se apoya en un escabel no es el
mismo que antes en un escabel se apoyaba».

Dijo a esto Ziqi: —«¡Bien está tu pregunta, Yan! En este tiempo tenía perdido mi
yo, ¿lo sabías? ¡Puede que hayas oído hablar de la música del hombre, y no de la
música de la Tierra! ¡O de la música de la Tierra, y no de la del Cielo!».

—«Permitidme pediros que me lo declaréis» —dijo Ziyou.
—«Cuando la Tierra jadea —dijo Ziqi—, es lo que llamamos viento. A las
veces el viento no se levanta, más en cuanto lo hace, rugen las oquedades todas. ¿Es
que no has oído el ulular de un poderoso viento? En las anfractuosidades de las
boscosas montañas encuéntrense enormes árboles de cien palmos de
circunferencia, cuyas oquedades semejan narices, bocas, orejas, huecos de vigas,
cercados, morteros, zafareches o charcas. Penetra el viento por estas cavidades y
produce diversidad de sonidos: ora estrépito de torrente, ora el silbar de una flecha,
ora semeja un bostezo, o bien profunda aspiración; a veces suena a llamada, o a
gemido, a voz del profundo valle, o a atormentado lamento. Canta delante el viento y
detrás le acompañan. Con brisa, armonía menor, si vendaval, armonía mayor. Cuando
el vendaval ha pasado, las cavidades todas quedan silenciosamente vacías. ¿Acaso no
ves cómo se agitan las ramas y las hojas de los árboles?».

Dijo Ziyou: —«De modo que la música de la Tierra es el sonido del viento que
sale de todas esas oquedades, y la música del hombre la que sale de las flautas.
Permitidme preguntaros por la música del Cielo».

—«La música del Cielo—dijo Ziqi— es toda la variedad de sones que el
viento hace brotar de las innúmeras y diversas oquedades. Y esa incalculable
variedad de sones débese al propio natural de cada una de las cavidades. Mas, ¿acaso
hay alguien en el origen de todo esto?».

II. La gran sabiduría abarca, la pequeña distingue; las grandes palabras son
brillantes, las pequeñas pura verborrea. Durante el sueño el espíritu del hombre está
confuso; durante la vigilia, su cuerpo no está quieto; demasiado enmarañado es su
trato con el mundo, que el día entero andan intrigando los unos contra los otros.
Hablan para dar largas, o para engañar, o para ocultar sus intentos. El pequeño
temor los deja abatidos, el grande paralizados.

Disputan con el «es-no es», cual si saetas se lanzarán con ballesta; obstinase en sus opiniones, cual juramentados que resisten y no cejan; debilítense como el otoño-invierno, y día a día se van extinguiendo; húndanse en la acción, y ya no es posible hacer que vuelvan; sevcontristan como si estuvieran amarrados, y cuanto más viejos, más incapaces de romper sus ligaduras; cerca su espíritu de la muerte, no hay modo de hacer que cobren su energía vital. Alegría y cólera, pesadumbre y contento, cuitas y lamentos, caprichos y temores, arrebatos y abandono, insolencia y afectación: todo esto surge cual música de instrumento hueco, como hongos de los terrestres vapores.

Altérnense día y noche ante nosotros, más nadie sabe de dónde brotan. ¡Basta, basta!
¡En cuanto nos percatemos de todo esto, su origen se nos hará patente! Si no hay otro, no hay yo; si no hay yo, no hay nada que pueda manifestarse. Estamos muy próximos, más ignoro qué pueda ser lo que gobierna todo. Supongamos que existe un verdadero amo, no hallaremos de él indicio alguno. Podemos reconocer su obra, más su forma no es visible; es real, pero sin forma. Cien huesos, nueve orificios y seis vísceras componen el cuerpo del hombre.

¿Por cuál de ellos se siente mayor afición? ¿A todos por igual estimas? ¿O a alguno de ellos prefieres? ¿Son todos siervos? ¿Y siendo todos siervos, ninguno podrá gobernar? ¿O será que se alternan haciendo de señor y siervos? ¿O acaso existe un verdadero señor? Conozcamos o no la realidad de ese verdadero señor, su verdad no sufre por ello mengua o acrecentamiento.

Una vez que el hombre ha recibido su forma corpórea, la conserva sin mudanza hasta que se agota (su energía vital). Trata con las cosas exteriores, y así se van puliendo mutuamente. Siempre persiguiendo algo, cual galope de corcel, y nadie hay que lo detenga. ¿No es digno de compasión? Pasa la vida entera penando sin ver provecho alguno; fatigase y padece, y no sabe para qué. ¿Acaso no es digno de lástima? La vida de estas gentes, aun diferente de la muerte, ¿qué sentido tiene? Agotase poco a poco la forma corpórea del hombre y se va debilitando, y a la par también su espíritu. ¿No es esto algo sobremodo lamentable? ¿Acaso es así de oscura la vida del hombre? ¿O es que por ventura sólo yo estoy en medio de la oscuridad, y los demás no?

III. Si se toma los propios prejuicios como maestro, ¿quién habrá que no tenga
maestro? ¿Será menester, para tenerlo, conocer las inexcusables mudanzas de los
seres? Pues que aun el ignorante lo tiene. Hay que decir que aun sin prejuicios ya
se anda distinguiendo entre lo verdadero y lo falso, es como «ir hoy a Yue y haber llegado
ayer». Es tener por ser el no ser. Que el no ser sea, ni el mismo Yu, con toda su
clarividencia, lo pudiera entender, ¡cuanto menos podré yo!
La palabra no es como el soplar del viento. El que habla expresa razones, mas
estas razones no son algo permanente. ¿Habla realmente? ¿O es que acaso no habla?
Imagina que sus palabras son diferentes del piar de un pajarillo. ¿Se
distinguen? ¿O acaso no se distinguen?

¿Cómo ha podido ocultarse el Tao hasta el punto de aparecer la distinción entre lo
verdadero y lo falso? ¿Cómo se ha podido ocultar la palabra hasta el punto de
aparecer la distinción entre el «es» y el «no es»? ¿Hay lugar donde el Tao no
exista? ¿Será imposible la palabra? Ocúltase el Tao bajo los pequeños logros , y la
palabra bajo la florida elocuencia. Y así es como surgen las polémicas entre los
letrados ru y los seguidores de Mo. Cada una de estas escuelas afirma lo que la
otra niega, y niega lo que la otra afirma. Si queremos afirmar lo que los otros niegan
y negar lo que los otros afirman, nada mejor que una mente iluminada.

Todo ser es otro y todo ser es él mismo. Esto no se ve desde el otro, sino que se
sabe desde uno mismo. De ahí que se diga; el otro surge del sí mismo, aunque
también éste depende de aquél. Nacen ambos al mismo tiempo, y aun así cumple
decir que el nacer es morir y el morir nacer, y que el poder es no poder. y lo
imposible posible. Razones para afirmar lo son también para negar, razones para
negar lo son también para afirmar. Por eso el sabio no sigue este camino, antes bien
se acomoda al Cielo; y esa es justamente la razón.

Uno mismo es también el otro, y el otro es también uno mismo. El otro tiene su
propia afirmación y negación, y uno mismo también tiene su propia afirmación y
negación. Mas, ¿verdaderamente hay diferencia entre el otro y uno mismo?, ¿no hay
realmente diferencia entre ambos? Que el otro y el yo no se contrapongan: a eso
nombran eje del Tao. Sólo acomodándose a ese eje se puede penetrar en el círculo,
para así corresponder a los infinitos cambios. Los cambios del «es» son infinitos, e
infinitos los cambios del «no es». Por eso se dice: nada mejor que una mente
iluminada.

IV. Antes que usar del «pulgar» para mostrar que el pulgar no es un dedo, mejor
fuera usar del «no-pulgar» para mostrar que el pulgar no es un dedo; antes que usar
del «caballo blanco» para mostrar que el caballo blanco no es un caballo, mejor fuera
usar del «no-caballo blanco» para mostrar que el caballo blanco no es un caballo.
A decir verdad, el universo mundo es un pulgar y el millón de seres un caballo
blanco.

Caminando se hace el camino, y a las cosas dándoles un nombre. Si se puede, hay
una causa de ese poder, si no se puede, hay una causa de ese no poder. Si «es», hay
una causa de ese «es»; y si «no es», hay una causa de ese «no es». ¿Por qué es así? Es
así porque es así. ¿Por qué no es así? No es así porque no es así. ¿Por qué puede ser?

Puede ser porque puede ser. ¿Por qué no puede ser? No puede ser porque no puede
ser. Todas las cosas por fuerza tienen su «es», y por fuerza todas las cosas tienen su
«puede ser». Nada hay que no tenga su «es», ni nada que no tenga su «puede ser».

Por eso una yerbecilla y un gran árbol, una sarnosa y la bella Xishi, así como
cuanto hay de raro y asombroso, todo en el Tao se hace uno. Divídese la unidad y
toman forma los seres; toman forma los seres, y al tiempo se destruyen. Mas ninguna
cosa se forma ni se destruye, que todas retoman a la originaria unidad.

Sólo quien ha alcanzado la sabiduría conoce que los millones de seres son uno, y
así no se aferra a sus prejuicios y se atiene a lo común. Lo común es útil, lo útil
aprovecha, el provecho es logro. Conseguido el logro, se ha llegado al fin. Esto es
acomodarse (al Cielo); acomodarse (al Cielo) sin saber por qué, a eso se nombra Tao.

Agotar la luz del espíritu buscando la unidad, mientras se ignora la identidad
de todos los seres, es lo que se llama «Tres por la mañana». ¿Qué es eso de «Tres por
la mañana»? Un criador de monos, que les daba castañas para comer, dijo a sus
monos: —«Os daré tres por la mañana y cuatro por la tarde». Los monos se
enfurecieron. Dijo entonces él: —«Bien, os daré cuatro por la mañana y tres por la
tarde». Y los monos mostraron grandísimo contento. Palabras y realidad no había
cambiado, más fueron ocasión de cólera primero y luego de alegría: aquel hombre
había sabido acomodarse al natural de los monos. De ahí que el sabio no se pierda en
disputas acerca del «es-no es», sino que reposa en el equilibrio del Cielo; es lo que
se llama doble proceder.

El conocimiento de los antiguos tuvo un límite. ¿Dónde estaba ese límite?
Algunos pensaban que nada existió en el origen del universo; límite éste al que nada
puede añadirse. Otros, de menor conocimiento, sostenían que hubo seres, mas
carentes de determinaciones. Y otros, de inferior conocimiento, admitían
determinaciones en los seres del principio, pero sin la distinción del «es-no es».

Prosperó esta distinción, y ello significó el detrimento del Tao. El detrimento del Tao
se debió al fortalecimiento del amor. ¿Existieron realmente ese detrimento y ese
fortalecimiento? ¿O realmente no existieron? Zhao Wen, tocando el chin, prueba
la existencia de uno y de otro; que de no existir entrambos a dos no tocara Zhao Wen
el chin. Zhao Wen tocaba el chin, Shikuang llevaba el compás, Hui zi disputaba
apoyado en un parasol; el arte de estos tres maestros alcanzó la cumbre, y por eso
su fama pasó a la posteridad. Cada uno de ellos tenía su particular amor, que los
hacía diferentes a los demás hombres; y con ese su particular amor quisieron
manifestarse ante ellos. Queriendo explicar a los demás lo que los demás no podían
comprender, Hui zi pasó toda su vida sumido en la oscuridad de sus argumentaciones
sobre «lo duro y lo blanco». Y también el hijo de Zhao Wen, que quiso seguir
el arte de su padre, sin que en toda su vida alcanzara éxito en su empresa. ¿Puede
hablarse de éxito en tales casos? Pues entonces, aun yo, que no he tenido éxito, lo
tuviera. ¿No puede hablarse de éxito en tales casos? Pues entonces ni yo ni ser alguno
lo tuviéramos. Por eso el sabio excusa el brillo que turba y confunde a los
hombres, no se aferra a sus prejuicios y se atiene a lo común. A eso llaman mente
iluminada.

Leer más
https://pueaa.unam.mx/uploads/materials/Zhuang-Zi-2017.pdf?v=162

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en escribir.

Sigue leyendo