El ser humano, a pesar de su intensa conexión con las ciudades, con lo urbano, que se haya supuestamente “civilizado”, no existe sin su coexistencia con la naturaleza. Los elementos fundamentales permean toda la creación, y hacen que nosotros seamos influenciables e influenciados por todo y todos los que nos rodean. Que estos sean otros seres, eventos atmosféricos o terrestres, o enteros tránsitos planetarios, en lo más sutil e interno, o en lo externo, la vida nos encuentra una y otra vez como parte de un todo, y nos recuerda que no es posible el insulamiento y el aislamiento.
Tierra, agua, fuego, aire y éter (Prithvi, Jala, Agni, Vayu y Aakash), los cinco elementos, en sánscrito, Pancha Maha Bhutas, se juntan a formar todo lo existente en el universo, la materia, los objetos, planetas, animales, moléculas y al ser humano.
La ciencia Védica del Ayurveda -que se ocupa del sostenimiento y del prolongamiento de la vida a través del cuido del propio bienestar físico y mental – define como Prakriti la naturaleza humana, que depende de la diferente presencia de los elementos al momento del nacimiento.
Hay tres doshas que se definen por el elemento o los dos elementos predominantes: Vata dosha habla de una preponderancia de los elementos Aire y Éter, Pitta dosha del elemento Fuego y Agua y Kapha dosha de los elementos Tierra y Agua. Cada individuo es caracterizado por una de estas doshas o por una combinación de dos o de tres, esto determina 7 tipos de naturalezas: Vata, Pitta, Kapha, Vata-Pitta, Pitta-Kapha, Kapha-Vata, Vata-Pitta-Kapha (tridosha).
Nuestra Prakriti precisa nuestro físico, nuestra emocionalidad, nuestra forma de hablar, pensar, soñar, accionar, existir y relacionarnos con el ambiente y con los demás. Muy en general, los individuos de naturaleza predominantemente Vata tienden a ser más sutiles, volátiles, a veces dispersos o nerviosos, por su parte, la naturaleza Pitta se destaca por su determinación e inteligencia, mientras que las estructuras con mayor presencia de Kapha pueden presentar cualidades de devoción y constancia. Y de ahí decantan las diferentes combinaciones.
Si bien tenemos elementos que nos caracterizan de manera prevalente, contenemos todos los cinco elementos, y estos interactúan con los elementos del entorno con el que entramos en contacto, sea de forma física, como por ejemplo comiendo picante, aumentamos el fuego, tanto en el cuerpo como la mente, el movimiento excesivo puede aumentar nuestro Éter o nuestro Aire, y la inercia puede causar depresión, con un exceso de Kapha en la mente.
El universo es un poco como un océano donde un movimiento se propaga, los planetas viran y giran y con ellos movilizan una corriente de energía, una ola cósmica que recorre el espacio y cuando nos alcanza nos atraviesa e impregna de su cualidad, dependiendo de nuestra receptividad podemos mantener el equilibrio, desplazarnos, o puede incluso atropellarnos. Una aspectación desfavorable de Marte, el planeta rojo, puede inflar nuestra tendencia a la rabia mientras su aspectación favorable nos puede empujar a la acción.
Observando los planetas en sus movimientos, podemos captar informaciones acerca de nuestros propios tránsitos si sabemos cómo mirarlos, y viendo el momento de nuestro nacimiento podemos redescubrir lo que contenemos, el karma con el que venimos, el plan que nos propusimos. En ese espejo se nos muestra la familia que escogimos, nuestro físico, hasta nuestra personalidad, nuestros intereses, etcétera.
Todo depende de nosotros mismos, la cualidad de la interacción con el planeta es determinada por la calidad de nuestro interno y cómo vivimos cada impacto depende de nuestra capacidad de observación, de la comprensión de lo que podemos generarnos, o de la incomprensión de lo que nos puede ocurrir.
Ayurveda y Jyotish (el estudio de los tránsitos planetarios y el impacto que tienen en el ser humano) son ciencias vivas pero en muchos aspectos olvidadas en comparación a los tiempos pasados. Las medicinas tomaron una forma más sintética, más producida, si bien siguen conteniendo los mismos elementos. Los planetas se ven más lejanos y su influencia en nosotros es ignorada, convertido en un horóscopo, en una descripción generalizada de aspectos comunes de personalidad.
Los ríos han perdido sacralidad y arrastran ahora deshechos, las montañas han sido deforestadas, pero no se trata de ecologismo, se habla de que por más que el ser humano intente enjaularse en asfalto, volverse parte robot, hipnotizarse en lo virtual, perder de vista el color del cielo ante una capa de polvo y de smog, emitido por nosotros mismos, la relación con la naturaleza nunca ha sido unilateral, y no podría serlo. Movemos la naturaleza y no vemos cómo ella nos mueve a nosotros.
De formas evidentes como terremotos, y de formas más sutiles también, con impulsos energéticos y con ejemplos que algunas veces se pueden captar si se presta atención, la belleza y del concepto de fractalidad expuestos por un brócoli romanesco, la simetría de un pavo real, la metáfora del fluir de un río, el simbolismo de la transformación de una serpiente que deja su vieja piel.
La naturaleza nos da todo, pero el desarrollo de la observación es un trabajo que corresponde a los seres humanos despiertos, buscadores de reconexión
Referencias:
Centro Latinoamericano de Estudios Védicos
Enseñanzas de Mataji Shaktiananda.






Si muy valioso identificarnos respetar y valorar nuestra casa la tierra y todo el. Planeta . 🙏 no para vivir en comunión .