La creatividad es un concepto exaltado en las sociedades actuales, quizá más que en cualquier otro momento de la historia. Junto a la innovación, son palabras de uso frecuente en ámbitos en los que la novedad y el cambio son sinónimos de productividad y rentabilidad.
Y sí, la creatividad ha sido determinante para la adaptación y consecuente expansión del ser humano en nuestro planeta. Problemas tras problemas, un desafío tras otro, nuestros ancestros fueron creando gradualmente un complejo tejido de soluciones que hoy dan forma al estado del arte de la tecnología, que sigue aumentando en sofisticación de maneras asombrosas.
Ahora, ¿qué papel puede jugar el impulso creativo cuando se trata de autoconocerse y abordar nuestro impulso de trascendencia? El Śrīmad-Bhāgavatam es una de las principales escrituras sagradas del hinduismo, particularmente importante para la tradición bhakti, la cual se centra en la devoción y el amor por Dios. Uno de los temas que aborda este texto es el ímpetu creativo: utayah karma-vasanah, que se suele traducir como “El ímpetu por la actividad es el deseo por el trabajo fruitivo”.
Lo fruitivo es aquello que causa placer con su posesión. Según este texto el placer es el motor del ejercicio creativo y de todo trabajo en este mundo. A su vez, las interpretaciones del Śrīmad-Bhāgavatam dentro de la tradición bhakta sostienen que el verdadero ímpetu de la entidad viviente debe ser regresar a Dios
¿Quiere decir entonces que todo ejercicio creativo va en contravía del ejercicio trascendente?
A propósito de los conceptos de creación y creatividad, el filósofo Indio Jiddu Krishnamurti afirma que la realidad misma es creación, y declara que inventos, poemas o pinturas no son creación, sino más bien el producto de talentos o técnicas aprendidas. En alusión a nuestro estado interno afirma: “Hemos vivido durante dos millones de años y no hay nada nuevo”.
Explica que cuando enfrentamos un problema, nuestra mente siempre está tratando de buscar una salida, sea resolviéndolo o evitándolo. Plantea que si en lugar de ello nuestra mente no se mueve en ninguna dirección, ni para superar ni para escapar, sino en plena contemplación del problema, con suma atención, se genera una alta concentración de energía.
Añade que cuando esta concentración de energía resulta del no esfuerzo, en que la mente no se mueve en ninguna dirección, en ese momento hay creación. Y esa creación es la verdad, es paz, es belleza, es amor, y si se quiere llamar así, Dios.
Podemos complacernos con los frutos del trabajo humano, experimentar satisfacciones con el ejercicio de nuestros talentos y técnicas aprendidas y disfrutar al relacionarnos con otros en el contexto del trabajo remunerado o voluntario. Sin embargo, no conviene confundir todo ello con el impulso creativo existencial, aquel que, como explica Krishnamurti, “sólo puede tener lugar cuando mueres al tiempo, es decir, cuando no hay mañana”.
Y esto es algo que nadie puede hacer por ninguno de nosotros: experimentar ese ímpetu creativo es nuestra responsabilidad y es una posibilidad exclusivamente personal.
Fuentes consultadas:
J. Krishnamurti. On God (1999) Krishnamurti Foundation India.
Śrīmad-Bhāgavatam (vedabase.io)
Visuddha-sattva Das. Estudio de los diez temas del Srimad-Bhagavatam (srinrsimhadevadas.com)





