El ocio es el tramo de espacio que recorre una persona cuando deambula entre aprovechar su tiempo libre o desperdiciarlo. Es algo necesario en la vida humana, que sabiendo organizar y administrar bien nuestro tiempo nos permite avanzar.
Independiente al sueño y al comer, todos necesitamos un momento para despejarnos. Una pausa en la que ayudar al cuerpo y a la mente a asimilar para no fatigarse innecesariamente. Inclusive al meditar, las energías movilizadas requieren de una inercia para asentarse de manera apropiada.
Se sabe que estos descansos, bien ejercidos, producen un mejor desempeño y nos vuelven más productivos y eficientes, ya que son una especie de reseteo interno que permite seguir adelante con más ahínco. Sin embargo, es fácil confundir el ocio con no hacer nada y dejar el tiempo correr alimentando hábitos que lejos de ayudar, nos alejan de un propósito de consciencia.
Es decir, el ocio puede ser una actividad altamente productiva para el desarrollo espiritual que raya en el peligro de atraparnos en el entretenimiento insulso y dar vueltas sin cesar. La pregunta es entonces, ¿cómo y cuándo está bien ejercido? Y la respuesta llana sería: cuando ese descanso te sirve a la vez, para lograr un mayor desarrollo interno.
Entramos en un estado de ocio cuando no tenemos nada que hacer, o bien, cuando estamos sobrecargados de trabajo y requerimos una pausa. En el primer caso, es importante dirigir el ocio hacia una actividad física y/o mental en la que requiramos poca concentración, para que a la vez permita mayor conectividad. En el segundo caso, es importante cortar con aquello que nos está abrumando y lograr deshacernos de la tensión acumulada.
Entonces, con una mente más despejada buscar una actividad que amplíe y redirija el pensamiento en búsqueda de nuevas respuestas, las cuales ya no llegan por racionalidad, sino por un “chispazo” del que surge una idea brillante.
La definición de ocio puede variar de acuerdo al país y al uso cultural. La etimología de la palabra ocio proviene del latín Otium, y ya desde entonces las acepciones son variadas. En una lectura primaria, todas ubican al ocio como actividades que se realizan durante el tiempo libre de una persona, ajenas a actividades primordiales o profesionales. Son más bien, pertinentes al campo del esparcimiento y la diversión que al cultivo del intelecto.
Sin embargo, en una lectura más profunda, el ocio son esos momentos en los que se está concentrado sin pensar en nada, en los que se observa, se contempla y se mantiene al ego entretenido lo suficiente para que nuestros sentidos se enfoquen, perciban y desarrollen otras capacidades e inteligencias. Un ocio sano puede ser la contemplación del cielo: nubes, estrellas, un arcoíris, escuchar el viento, caminar, correr o nadar con un ritmo placentero sin tener que ocuparse de dónde estamos, dibujar de manera libre sin buscar formar nada.
Cualquier cosa en la que no pongamos un esfuerzo para desconectarnos de nuestro entorno y entrar en un espacio de escucha interna. Por el contrario, hay actividades que nos entretienen de forma negativa, gastan nuestro tiempo y disuaden nuestro propósito de consciencia, como lo son el bombardeo de imágenes e información; programas y películas con bajo contenido intelectual; abuso de redes sociales; cualquier vicio. Es decir, todo lo relativo al pan y circo como dirían los romanos. Estas actividades generan agobio drenando la energía y las ganas de crecimiento interno.
El impacto emocional y práctico de un ocio negativo en la vida individual y en la sociedad como conjunto es muy alto. Tanto para la salud física y mental, como en términos profesionales e inclusive económicos. Si pudiésemos ver nuestro futuro seríamos muy precavidos con nuestro uso del ocio, pues entenderíamos que cada segundo existe para aprovecharse. La sociedad moderna nos inunda con interminable burocracia, distracciones, entretenimientos futiles. Son formas planeadas para sentir que hacemos cosas, pero que en realidad nos debilitan. Cada quien necesita encontrar su balance y dibujar su límite para aportar sin restar a sí mismos ni a nadie.
En palabras de Mataji Shaktiananda, el tiempo debe ser siempre evolutivo. Así, próxima vez que te reconozcas en un momento de ocio, aquieta tu mente para ser receptivo y distinguir de cual lado del ocio te encuentras.
Fuentes consultadas:
- https://www.mundoclasico.com/articulo/39505/Ocio
- https://thewellbeingthesis-org-uk
- Diccionario de la Real Academia Española: https://dle.rae.es/ocio?m=form






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