La calidad de vida es uno de los aspectos más valorados de la humanidad, aun cuando se ha visto alterada por diversos factores en el orden físico, psicológico, social y económico (1). No obstante, dentro de esas circunstancias hay elementos que entran en juego, formas de asumir la vida, incluso la diversidad cultural en todas sus manifestaciones, y en ella sobresale el vilipendiado ocio, con sus pro y contras.
El ocio se encuentra presente en la vida del hombre desde sus orígenes, mostrando su evolución como consecuencia de las distintas formas de ser experimentado a lo largo de la historia.
“Una de las 2.500 organizaciones no
gubernamentales reconocidas como organización
con estado consultivo por el Consejo Económico
y Social de las Naciones Unidas…”
En una línea de tiempo, podríamos ubicar dos momentos en el que el ser humano ha podido vivenciar de diferentes formas el ocio; el primero hace referencia a la “Revolución Industrial” que trae consigo el aumento de la disponibilidad de tiempo libre, impulsando el desarrollo de prácticas relativas al ocio, con un marcado componente en el ámbito social(2) y el segundo, alusivo a la década de los 60, durante la “Guerra Fría” en donde surge vertiginosamente el concepto de la sociedad del bienestar, y es desde aquí que comienza a tomar relevancia y a consolidarse este concepto, como derecho humano básico.
“Luego, en la función social, habla sobre
aspectos que confieren movilidad dentro de
este ámbito y sobre la posibilidad
de liberarse de diferencias sociales…”
La Organización Mundial del Ocio, fue fundada en el año 1952 como la Asociación Internacional para la Recreación. Es una de las 2.500 organizaciones no gubernamentales reconocidas como organización con estado consultivo por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas. (3) Habla ampliamente de este concepto y que, con el transcurrir del tiempo, ha dado referencia, amparándose en distintos componentes articulares, acerca de lo fundamental que es este derecho para el hombre.
El sociólogo Joffre Dumazedier (Francia, 1915 – 2002), dio referencia del ocio como el eje fundamental de una nueva civilización, y lo definió como “el conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede dedicarse voluntariamente, sea para descansar, divertirse o para desarrollar su información o formación desinteresada, su voluntaria participación social o su libre capacidad creadora, cuando se ha librado de sus ocupaciones”.
Roger Sue en 1982, identifica tres grandes grupos de funciones en torno al ocio. La primera corresponde a la esfera personal, en la cual aborda aspectos de desarrollo orientados a la búsqueda dinámica de actividades que puedan aportar al desarrollo físico y mental. Luego, en la función social, habla sobre aspectos que confieren movilidad dentro de este ámbito y sobre la posibilidad de liberarse de diferencias sociales, según los propios gustos del individuo; por último, en torno a la función económica, menciona la importancia que tiene la industria de la diversión dentro de la economía occidental, tomando en consideración el vínculo que existe con el negocio del consumo de productos y servicios, pudiendo este intervenir en el desarrollo del ser humano y en contraposición, promover que su experiencia de ocio se convierta en enajenación o desvarío.
Consideramos importante referir lo que es “ocio pasivo”, descrito como el tiempo libre que un individuo le dedica a realizar actividades que no producen ningún tipo de enriquecimiento personal y que pueden conllevar progresivamente al desencadenamiento de actitudes que atenten contra la integridad propia del individuo o del otro. (4)
El ocio enmarcado dentro del desarrollo humano, fomenta el crecimiento personal a través del aumento de conocimientos, habilidades, destrezas, dentro de un proceso en donde las experiencias, la satisfacción con la actividad realizada y el desafío que el individuo otorga a esta, se convierten en elementos que propician su desarrollo. Un continuo discernimiento en relación con este aspecto que influye en nuestra cotidianidad es tan importante como saber darle cuerpo a ese tiempo libre que desafía la racionalidad.
Fuentes consultadas: (1) Pascucci, MARÍA. El ocio como fuente de bienestar y su contribución a una mejor calidad de vida. Universidad de Flores. https://www.cienciared.com.ar/ra/usr/41/1319/calidaddevidauflo_pp39_53.pdf
(2) Veblen, T.B. (1944). Teoría de la clase ociosa. México: Fondo de Cultura Económica. (3) https://www.worldleisure.org/wlo2019/wp-content/uploads/2021/07/Charter-for-Leisure_es.pdf
(4) Youth recreation centre participation and criminal offending: A 20-year longitudinal study of Swedish boys – Joseph L. Mahoney, Hakan Stattin, David Magnusson, 2001 https://journals.sagepub.com/doi/10.1080/01650250042000456






Dentro del ocio pueden quedar enmarcadas actividades que aparentemente no son creativas y no le aportan nada al individuo.
Sin embargo esas actividades podrían estar ocupando un espacio necesario de ser llenado con algo y que mejor que aquello que apacigua la sensación de soledad que muchas veces acongoja al ser humano.