Athanasius Kircher, sacerdote jesuita alemán, nació en Geisa, Hesse, el 2 de mayo de 1602, cuyo padre era doctor en teología y quien envió a sus seis hijos e hijas a ingresar en órdenes religiosas por la imposibilidad de mantenerlos. Athanasius estudió con los jesuitas destacando en ciencias naturales e idiomas clásicos. Se ordenó sacerdote en la Compañía de Jesús (1628) donde profundizó sus estudios humanísticos, científicos, matemáticos y filosóficos. Obtuvo un postgrado en lenguas y un doctorado en teología.
Viajó por Europa y se estableció definitivamente en Roma. Impartió clases hasta que se dedicó a realizar investigaciones científicas a través del habitual método de especulación escolástica, pero también del trabajo de campo y la experimentación. Escribió sobre biología, vulcanología, geología, astronomía, óptica, magnetismo, entre otras materias, y llegó a inventar y mejorar artefactos como la linterna mágica, el arpa eólica, y objetos mecánicos móviles como un Jesús que caminaba.
Su creencia en grifos, unicornios y dragones o en la combinación de determinados animales para originar otros, aunada a muchos errores cometidos, generó duras críticas de Descartes, no obstante sus publicaciones eran muy leídas en una gran extensión territorial.
Entre aciertos y desaciertos, también fue un importante divulgador de conocimientos culturales y científicos que recopiló en Europa y a través de la red de las misiones jesuitas. Muy interesado en Egipto, realizó intentos de decodificación de los jeroglíficos que, a pesar de sus resultados absurdos, lo llevó a ser considerado el precursor de la egiptología.
Escribió más de 40 obras y una prolífica producción epistolar. Entre las que se estiman de mayor interés están: “Ars magna lucis et umbrae”, “Mundus subterráneus”, “Turris Babel” y “Oedipus Aegyptiacus”.
Falleció en Roma el 27/28 de noviembre de 1680.





