LA UNIDAD, ETERNO PROPÓSITO – Especial N°7 ya disponible. Consigue tu copia aquí

Cine Consciente

EL ZUMBIDO DE LO INVISIBLE

Jackeline Quintero | SKY Venezuela · 24 de julio de 2025 · 5 min de lectura

EL ZUMBIDO DE LO INVISIBLE

Entre luces y sombras, un pueblo castellano detenido en el tiempo, entre casas de piedra, caminos polvorientos y estaciones que no avanzan, se proyecta una película: Frankenstein. La dictadura española aún es densa, pero no se menciona. Todo calla. Y entre esas paredes silentes, una niña de ojos inmensos ve por primera vez la imagen de un “monstruo” que mata sin querer.

Desde ese instante, El espíritu de la colmena (1973), dirigida por Víctor Erice, ya no se cuenta con palabras, sino con susurros lentos y distantes, aunque profundos e inocentes, se filma desde el alma, desde su a pureza. Es una película que camina de puntillas, donde todo lo que importa no se dice: se sugiere, se respira, se intuye, se asoma en un sorbo de pequeñas intenciones.

Esta joya del cine español, ganadora de múltiples premios en el Festival de Cine de San Sebastián y considerada por muchos una de las obras maestras más delicada y sutil del siglo XX. Concebida en los años finales del franquismo y gracias a su lenguaje simbólico, logra eludir la censura de la época, exponiendo un filme por primera vez desde la infancia y no de la infancia, desde sus tiempos y no desde los tiempos abruptos de los adultos. Todo surge desde la imperturbable ansiedad de la eternidad de la niñez, con esa mirada fragmentaria, mágica y abierta al misterio que todo infante abraza.

En esta historia, Ana, queda marcada por una pregunta que nadie responde: ¿Por qué la monstruo mata a la niña? ¿por qué alguien “muere” y puede seguir caminando en nuestro interior?

Desde ese momento, Ana se interna en una temprana búsqueda espiritual que no tiene forma racional. Cree que el monstruo está vivo, y lo va a buscar. Según comentó Víctor Erice en una entrevista: “Ana se convierte en algo que muchos adultos no logran ser: una mística sin doctrina. Una contemplativa sin palabras. Una niña que ve lo invisible y no le teme.”

EL ALMA SILENTE, EN UN LUGAR DE ABEJAS

El padre de Ana criador de abejas, un hombre que observa la colmena, toma notas, su presencia ausente transforma la representación de lo que debería ser, al igual que la madre quien permanece ausente, al pasar el día escribiendo cartas a un amante del pasado. Nos queda entonces dos niñas, las hermanas que juegan, se preguntan, se responden, se enseñan lo que saben, lo que no, lo inventan, nadie habla del dolor, pero todos lo respiran.

Ese hogar silencioso, fragmentado, es como una colmena interior donde cada miembro ocupa su celda: estructurado, pero aislado, como en las casas de la posguerra, los vínculos son más tácitos que afectivos, más simbólicos que explícitos y la familia es solo un cuerpo partido y desangrado que solo sigue latiendo.

Es aquí en esta sensación de fractura que el monstruo de Frankenstein se vuelve el símbolo perfecto: lo incomprensible, lo marginado, lo no amado, lo que se vuelve automático… pero también, lo que aún puede ser tocado, comprendido, abrazado. Ana no teme al monstruo, intuye que, detrás de su rostro, hay alguien tan confundido, solo y abandonado como ella.

En una de las escenas más hermosas de la película Ana entra a una casa abandonada y deja comida y agua para —alimentar al “monstruo”— su sencillez contiene una compasión que el mundo adulto ha perdido, ella no rechaza lo extraño, lo abraza y en vez de huir, se queda.

UNA PELÍCULA DONDE EL ALMA HABLA EN VOZ BAJA

Erice construye su película como un haiku visual, los planos son largos, la luz natural, los silencios inmensos. La infancia no se subraya: se contempla, la historia no empuja: se revela en pausas, no hay respuestas, solo un misterio: el de crecer sin romperse, el de sentir sin poder nombrar lo sentido. En esta película, el silencio no es vacío, es un espacio fértil donde el alma puede moverse. Los adultos hablan poco, la escuela no enseña, la iglesia no guía. Solo el cine —esa proyección itinerante de un monstruo que no era malvado— despierta algo verdadero en Ana: la conciencia de que hay más en el mundo que lo visible.

Y es que El espíritu de la colmena no es una fábula, es un espejo para quienes recuerdan —o han olvidado— cómo era ver el mundo antes de tener lenguaje, antes de que las heridas tuvieran nombre, antes de que la muerte fuera un concepto y no una sensación.

“Lo invisible es también una forma de presencia,” así dijo Víctor en otra entrevista: “Ana, esa niña de ojos inmensos, encarna esa frase. Ella no se enfrenta al misterio: se entrega. No se pregunta por qué el monstruo existe, sino por qué nadie más lo ve. Y eso la transforma. No en adulta. Sino en alguien que ha cruzado un umbral.”

UNA MEDITACIÓN, UNA REFLEXIÓN

El espíritu de la colmena es un ejercicio de contemplación que no ofrece respuestas ni explicaciones. Su belleza está en dejar que la imagen despierte preguntas que no buscan solución inmediata sino reflexión y sanación interna.

¿Qué parte de nosotros aún cree en lo invisible? ¿Quién cuida hoy del “monstruo” que vive marginado en cada alma? ¿Sabemos escuchar lo que nuestro niño interno no dice, pero siente?

Esta obra no tiene prisa, ni clímax, ni moraleja, tiene un pulso lento, como un recuerdo profundo, como una carta que no llega, pero se intuye y cuando termina, deja algo suspendido en el aire. Una sensación… como si aún estuviéramos mirando por los ojos de Ana, como si el espíritu de la colmena —ese zumbido constante, ese lenguaje oculto— siguiera hablándonos, suave, desde adentro.


Triller:
https://www.youtube.com/watch?v=aqvpMJNlqxE

Link Peli:
https://www.youtube.com/watch?v=zKPSwiv4zig

Fuentes:
https://www.makma.net/el-espiritu-de-la-colmena-victor-erice/
http://ibermediadigital.com/ibermedia-television/entrevistas/el-autor-se-defiende-victor-erice-y-el-espiritu-de-la-colmena/

  • ana
  • autor
  • cine
  • Civil
  • Colmena
  • Erice
  • España
  • Franco
  • Frankenstein
  • Guerra
  • infancia
  • Víctor

2 comentarios

  • Patricia Moralakis

    25 de julio de 2025

    Nunca vi esta película con esos ojos, me pareció un clásico más de esos del cine de autor. Creo que la veré de nuevo.

  • miguel korenko

    25 de julio de 2025

    Realmente excelente descripción de la película. Siempre me pareció una gran película. Rescato como dos grandes conceptos lo invisible como presencia y una mística sin doctrina.
    Sinceramente felicitaciones.

Sigue leyendo