Nacemos en el lugar justo que, por Ley divina, nuestra Alma se asignó acorde al karma que traemos de vidas pasadas. Desarrollamos una rutina diaria de acuerdo con esa impronta; de pronto al pasar algunos años de transitar por casa, por alguna razón oculta, desde el inconsciente, sentimos el llamado o la necesidad de querer escapar a modo de excusa inventándonos un cansancio o un agobio. Entonces, le llamamos unas muy merecidas y justificadas vacaciones siendo que el Alma adolece de ellas, pero nos las inventamos a modo de un viajecito. Agarras tus bártulos y emprendes vuelo a ese destino con tu karma a cuestas y con tu maleta en mano.
¿Qué otras fuerzas son las que al hombre lo están siempre llamando al desplazamiento?
Antaño, como nómadas, en esa búsqueda era la sobrevivencia y luego el asentamiento, o a veces, son las evacuaciones forzosas por las guerras, y finalmente la sed por la aventura y el querer conocer otras culturas y realidades.
Sin embargo, hay un equipaje infaltable que nos ha acompañado desde que tenemos uso de razón, y es la historia del Alma con su peso que nos caracteriza y condiciona a la vez. Para algunos puede pesar más que para otros, sin embargo, puede ser el gran detonante a la hora de querer elegir un destino.
¿A dónde voy, si es que ya no he ido? ¿Qué me impulsa a ir? ¿Será que me llama el recuerdo de lo vivido? ¿Habré dejado algo pendiente o perdido en aquel lugar? ¿Estoy aquí una vez más para qué? ¿Y por qué nací en este lugar? ¿Por qué quiero ir de viaje a otro? ¿Y qué llevo conmigo? ¿Qué necesita mi alma desarrollar? ¿Con qué y cómo es que viene equipada? ¿Será que traigo una memoria instalada a modo de un software de mi acontecer en cuanto a lo que pude haber vivido en una vida anterior? ¿Cuántas veces tendré que dar la vuelta al mundo para completarme? ¿Qué busco entonces? ¿Qué me mueve? ¿Qué me inquieta? ¿Qué traigo como bagaje que me condiciona? ¿Necesito el cambio? ¿El desafío?
¿La aventura? ¿Más experiencia inspiradora para transformar una condición? ¿Qué me pesa? ¿Cuánto me pesa? ¿Me puede cambiar realmente un viaje? ¿Será una oportunidad para mejorarme a mí mismo, transformarme, reencontrarme?
La vida es un viaje eterno aquí y en el más allá, vamos cargando al Alma con el gravamen de un sin fin de cosas no resueltas que podríamos alivianar en cada encarnación si esa fuese nuestra conciencia estando presentes en el aquí y el ahora, asumiéndonos en el interno del sí mismo.
¿Necesitamos movernos constantemente para sentir ese peso? ¿O para alivianarlo? ¿O será que, en la quietud, en el desapego y la libertad nos podemos despojar de él y sentirte tan liviano como una pluma? A fin de cuentas todo va contigo, donde quieras que vayas es un envoltorio cuyo contenido lo llevas impregnado en tus células, en tu genética, en tus decisiones, en tus posibilidades como en tus limitaciones, en tu estado de ánimo… es lo que eres.
Ahora si quieres que sea un simple viaje turístico, independientemente de cuánto vas a pagar, si es en primera clase, en los mejores hoteles, playas, espectáculos, evidentemente que ese equipaje será un peso muerto que será arrastrado pagando ese sobrepeso por donde quiera que vayas.
Ya sea viajes acompañado o solo, ese viaje hará que se potencie el resultado de aquello que cargas en tu inconsciente conjugando tus contenidos que podrían ser transformados, superados, o simplemente postergados hasta despertar de la inconsciencia en cómo arrastramos el poncho y poder así tomar la decisión en dejar atrás aquello que ya no nos sirve para emprender un nuevo vuelo hacia el encuentro con nuestro Ser.
Si los antiguos egipcios tenían razón, tras la muerte emprendemos un largo y tortuoso viaje montados en la barca de Ra, el Dios del Sol, hasta llegar a la Sala de la Doble Verdad, para ofrendar el Juicio del alma.
En el momento culminante, el corazón -en el que quedan registradas todas las buenas y malas acciones- es pesado en una balanza para compararlo con la pluma de Maat, la diosa de la verdad y la justicia.
Si hemos llevado una vida decente, nuestra alma pesará menos o lo mismo que la pluma, y será digna de vivir para siempre en el paraíso con Osiris.
Ecos de esa ceremonia aparecieron en un estudio publicado en las revistas American Medicine y Journal of the American Society for Psychic Research en 1907 bajo el título “Hipótesis sobre la sustancia del alma junto con la evidencia experimental de la existencia de dicha sustancia.”






Es así como determinamos que la exactitud del equipaje en ese último viaje es la nada, eso se lleva puesto dentro del alma, solo luz, amor acumulado que emana esa fluorescencia multicolor que no ocupa espacio, pero que impregna todo, esa emanación sin más sustancia que la fragancia más esquinita, la vida.