Basta con hojear los titulares de cualquier periódico para hacerse una idea del dolor que inunda nuestro planeta: guerras, migraciones forzadas, desastres naturales, pobreza extrema en aumento y un largo etcétera.
Cada acontecimiento de esa naturaleza deja tras de sí una oleada de víctimas: “personas que padecen daño por culpa ajena o por causa fortuita”. Ahora bien, si nos guiamos por esta definición, todos hemos sido víctimas en más de una ocasión, en mayor y menor grado, por causas de orden social, familiar o natural.
Estar vivo en este planeta implica una exposición permanente a ser víctima. Ahora, la manera como asumimos una situación que nos cause cualquier tipo de daño marca una profunda diferencia.
Si bien es fácil confundir dolor y sufrimiento, existe una profunda diferencia entre ellos. El dolor, físico o emocional, es inevitable en este plano de existencia. Por el contrario, el sufrimiento es una decisión: surge del resistirse, de la no aceptación del daño experimentado. Se puede extender por mucho más tiempo de lo que dura la experiencia misma del dolor, podría llegar a ser vitalicio e incluso extenderse más allá de la muerte, experimentándose también desde estados más sutiles.
¿Cómo evitar caer en el resentimiento hacia aquel o aquello que nos generó dolor?
He ahí la delgada línea que separa el victimismo: la “tendencia a considerarse víctima o hacerse pasar por tal». Nuestro ego tiene una asombrosa capacidad de generar todo tipo de narrativas en las que ponemos afuera la causa de todo mal que nos sucede, buscando consciente o inconscientemente pretextos para sacudirnos la responsabilidad que es inherente a nuestros actos.
Uno de los principios herméticos plantea: toda causa tiene su efecto, así como todo efecto tiene su causa. Esto es, en otras palabras, la ley del karma. Así, todo sufrimiento, cualquier resentimiento, nos habla más de la historia y el estado de nuestra alma, que de los actos o aparentes culpas de cualquier persona o suceso que nos haya infligido dolor.
Son tiempos turbulentos en esta Tierra y las posibilidades de padecer e infligir dolor son altas para quienes la habitamos. Y con ello, es elevado también el riesgo de que un episodio se incruste en nuestra mente y se inflame en forma de resentimiento, rencor e incluso odio: semillas de violencias que desencadenan interminables ciclos de sufrimiento.
¿Cómo protegernos de ello y transitar episodios de dolor de la manera más llevadera y saludable posible? Lograr una profunda comprensión y convicción de que todo proviene de nuestros programas internos y que lo generamos precisamente como oportunidades de aprendizaje y sanación, son posturas que nos ayudan a cicatrizar más rápida y serenamente cualquier herida emocional o física.
Discernir y sobre todo sentir que nuestro Ser se está manifestando a través de ello, recordándonos que el propósito de estar vivos está mucho más allá de cualquier conquista material o social: está en reconocernos en el Ser mismo.
Y es algo que las distracciones de este plano de existencia nos incitan constantemente a olvidar, por eso estudiar y meditar en las palabras de quienes nos hablan desde una realización absoluta del Ser funcionan como la mejor brújula, el mejor faro para encuadrar nuestro norte cada día, cada mañana al despertar. A propósito viene bien volver a estas interrogantes que nos dice Shakti Ma en una de sus más recientes meditaciones: “¿Qué te brindas? ¿Confusión o claridad? ¿Complicación o resolución? ¿Actitud o desgano? ¿Atención o indiferencia? ¿Qué te brindas? ¿Mentira o verdad?”.
Fuentes consultadas
-Adriana Reyes. El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional (psicoemocionat.com)
-Diccionario de la lengua española (dle.rae.es)
-El Kybalion. Tres iniciados. Editorial Sirio.
-Me brindo mi respiro y mi amor. Meditación guiada con Mataji Shaktiananda (shaktiananda.com)






La actitud ante el dolor importa, pero en tiempo de guerra resulta extremadamente difícil mantener una buena actitud ante la injusticia y el maltrato a poblaciones civiles, toca a los adultos aliviar el sufrimiento de los niños y ayudarles a desarrollar resiliencia pero cuando no tienes ni los recursos básicos para vivir la motivación se minimiza…