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Música Sana

FREDDIE, NUNCA DEMASIADO LEJOS

Ramón Navarro | SKY Venezuela · 18 de noviembre de 2021 · 3 min de lectura

FREDDIE, NUNCA DEMASIADO LEJOS

Como todo buen talento musical, con una aterradora fascinación por la fama y la gloria, y una entrega desmedida al oficio, la brasa de su temperamento habría de elevarlo a una frecuencia de vida, de insostenible ritmo, hasta que las circunstancias lo convirtieron en un icono incontestable, y al rato, a sus 45 años, apenas, fallecía, y con ese vuelo dejaba un vacío que, treinta años después, sigue allí esperando que una voz, como la suya, devuelva el encanto a las multitudes.

El 23 de noviembre de 1991 Freddie Mercury, como es sabido, anunció a través de una nota de prensa, que portaba el Sida. Al día siguiente, murió. Fueron cerca de seis años batallando con el virus. Trabajando sin descanso, sin bajar la guardia. Tratando de que no se permeara la información. La opinión pública y los medios, especulaban. Había dejado todo en orden. Y jamás se quejó de su destino. No se victimizó. Si cuando joven había sido un tímido, en las giras un coloso, en estas últimas horas, antes de partir, se mantuvo juicioso en su último adiós.

“Nadie podría imaginarse que estaría
haciendo hoy, a los 75 años, en estos tiempos
de pandemia, este Hércules sin analogías,
que vivió a su antojo como un verdadero titán”

Lo que realmente le interesaba estaba sobre la tarima. Su voz, su desplante, su fisonomía, sus letras, la manera de percibir y ser percibido, el registro de una energía implacable cuando el aforo lo miraba, sus ambigüedades cuando quería ocultarse en una imagen, en su lirismo, sus afirmaciones con realismo tremendista y visión de futuro, sobre todo cuando dijo que quería ser el Rudolf Nuréyev del rock´n roll, y no traicionó su instinto, y nadie podría imaginarse que estaría haciendo hoy, a los 75 años, en estos tiempos de pandemia, este Hércules sin analogías, que vivió a su antojo como un verdadero titán.

Acomplejado, de una deslumbrante timidez, de pasar por varios empleos sub-pagados, infravalorados, Farrokh Bulsara, su nombre original, nacido en Stone Town, Zanzíbar (Tanzania) fácilmente podría ser visto como un ejemplo de superación y de franco progreso, que puso de rodillas los necios que se empeñaron de obstaculizar su despegue, pero eran los episodios de vida que debió abarcar con el desgaste que significó en momentos de tanta subestimación. Después, al rato, sería como el concepto del grupo Queen; regio y majestuoso. Aturdido por la notoriedad, casi que electrizado por el embrujo que generaba su presencia en los escenarios, cuando quiso ser el mejor, lo fue. “Queríamos que la gente supiera que éramos una banda a tener en cuenta. Y también teníamos todas estas ideas para mostrar nuestra originalidad”.

“Empezó a florecer poco a poco,
en clubes y festivales en el Reino Unido,
y la leyenda empezó tomar cuerpo. Al cabo
de tres años, firmaron su primer contrato”

Mercury, seguro, demasiado seguro, con una fuerza interna vitalizadora, que, en cada circunstancia apremiante, sabía cómo doblegar al dragón que le bloqueaba el paso. Como en los inicios -1970- cuando brotaron los resentidos señalando que Queen era un grupo prefabricado, o que ellos no eran capaces de componer sus canciones. El cuarteto empezó a florecer poco a poco, en clubes y festivales en el Reino Unido, y la leyenda empezó tomar cuerpo. Al cabo de tres años, firmaron su primer contrato de grabación con EMI, y sale el primer disco con el nombre de Queen.

Venerado por millones de seres que nunca se imaginaron su desenlace, con una prodigiosa discografía (14 álbumes de estudio, 13 en directos, 18 recopilaciones) piezas de culto como Bohemian Rhapsody, We are the champions, I want to break free; el barítono Mercury (admirado por Montserrat Caballé), siempre latente, soplando como el aire, porque, como escribió su mamá, Jer Bulsara en el prefacio del libro Freddie Mercury, su vida contada por él mismo (2006), “ El talento y la inteligencia de este hombre único —mi hijo tan querido—harán que su recuerdo perdure durante muchas generaciones”.

Fuente consultada: Freddie Mercury, su vida contada por él mismo. Ediciones Robinbook. Año 2006. Recopilado y editado por: Greg Brooks y Simon Lupton.

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1 comentario

  • Sandra Píngaro Durán

    22 de noviembre de 2021

    Conocí a Queen y a Freddie Mercury a través del Tributo que le realizaron, posterior a su fallecimiento.
    Desde ese momento, me convertí en su fan. Con una voz única y un gran carisma, y una energía que lo daba todo, tal cual se dice en este artículo.

    Además sus composiciones, en letra y música, también encuentro que son únicas, complejas y sublimes. Jugaban también en el marco de lo simple.
    Como grupo, se definían a sí mismos como «una familia», y así se dejó ver en el transcurso de los años de la banda, cada cual reconocía el lugar que le tocaba, y daba lo mejor de sí.
    Muchos de sus temas hablan del amor, y no sólo entre parejas, también reflexionando sobre la humanidad. En su último disco «Innuendo», hablan del ego, y de los juegos y trampas que éste nos pone:

    «You can be anything you want to be
    Just turn yourself into anything you think that you could ever be
    Be free with your tempo be free be free
    Surrender your ego be free be free to yourself
    Oooh ooh
    If there’s a God or any kind of justice under the sky
    If there’s a point if there’s a reason to live or die
    If there’s an answer to the questions we feel bound to ask
    Show yourself – destroy our fears – release your mask»…..

    Gracias!, Om Namaha Shivaya!

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