Cuando somos niños nuestra interacción con el entorno suele ser de gran inocencia, y nos movemos envueltos en un tejido de ingenuidad, pero no estamos solos. Un poco más allá del año y medio, los registros kármicos, que se manifiestan a través del ego, afloran de manera decisiva. Y comienza el ser humano a desarrollar su punto de referencia, su estado de pertenencia, su naciente visión del mundo.
De acuerdo con especialistas, las exploraciones del Yo se inician entre los 2 y 3 años. Comienza el niño a experimentar su individualismo. Un “yo soy yo y mis circunstancias”, en perspectiva pediátrica, si vale el enfoque. La familia detona esas dinámicas evolutivas y se va construyendo la identidad.
Es, por tanto, esencial el entorno familiar en el desarrollo del niño, es importante el tipo de crianza, las circunstancias de la familia, los padres del niño y su relación, el cuidado recibido, las enseñanzas.
Si bien hay diferencias en la manera como se educa y cría a un infante en diferentes sociedades y culturas, urbanas, rurales, padres con educación, campesinos o pescadores, existe un patrón general; los niños desarrollan sus exploraciones del Yo entre los dos y tres años. Es bastante cierto lo que el filósofo español Ortega Gasset afirmaba “yo soy yo y mis circunstancias”, y en ese sentido, los ambientes y circunstancias en los que crecen los niños tienen relevancia.
Si bien esta es una visión y explicación válida y general, para quienes creen en la reencarnación, en la ley del Karma de causa y efecto, también interpretan la vida del niño, su entorno familiar y su situación a través de las respuestas que denota el registro karmático, es decir el niño, si bien está bajo la aureola protectora de la madre, sobre todo, ciertos condicionantes de su vida comienzan a aflorar de sus registros karmáticos.
Hay que tomar en cuenta, las leyes espirituales de la vida, la evolución y condición humanas, y también el tema antropológico en el desarrollo humano, cada uno de los hijos de una familia de cazadores, recolectores del pasado no tan remoto de la humanidad cumplía un papel para la sobrevivencia del grupo, cada uno de ellos es importante para el grupo familiar y para la sobrevivencia de la especie.
La personalidad del niño tiene que ver también con el orden de nacimiento, que inicialmente está enlazada con la supervivencia, pero también puede determinar la personalidad del niño. No es lo mismo ser el primer hijo, el niño del medio, o el niño menor. Los niños pueden competir entre ellos, es decir, entre sus hermanos o entre otros niños, para recibir la atención de los padres o de los adultos que están a su cargo.
Las pequeñas diferencias en la crianza, en la dureza o abundancia del entorno, puede también llevar hacia un cambio en la personalidad de los niños. La psicología, la antropología, aceptan que existe una herencia genética por un lado, así como la importancia del entorno, dentro de las visiones filosóficas que aceptan una interpretación de la vida humana, como una experimentación, donde existe la reencarnación, también habría que tomar en cuenta que la personalidad del niño también se relaciona con los registros kármicos.[i]
El niño a temprana edad va desarrollando unos caracteres de personalidad, en ciertos casos, estos tienen que ver al espacio del niño dentro de la familia. Existe la competitividad entre hermanos, cada niño tienen una personalidad dentro de la familia y necesidades diferentes. Este tema de las diferencias entre los niños hijos de una misma familia y sus diferencias personalidades, la estudió Frank Sulloway, en su libro Rebeldes de nacimiento. Habla de los procesos dentro de la historia de Occidente y el papel de los hijos pequeños.
Más allá de los posibles análisis de la psicología y la antropología occidental, sobre el niño y su personalidad, también hay que aceptar corrientes interpretativas nuevas para Occidente, que permiten abrir la posibilidad de una comprensión distinta de la evolución humana y de la evolución de la personalidad de un niño o niña en sus primeros años de vida, donde la “naturaleza del nuevo ser” que va a nacer, está determinada por el karma, tal como se entiende en muchos países de Oriente.
Así se considera que el alma será dirigida hacia un entorno que le sea propicio, para que pueda desarrollarse de acuerdo con las necesidades de proyección del ser, para que sea propicio kármicamente, esto significa que “no es por casualidad que se nace en un determinado ambiente, familia o nacionalidad”, por tanto el ser humano, un niño, viene a aprender ciertas lecciones, necesita un lugar adecuado para su evolución, esto determinará el hogar en el que nace, que le permita cumplir con su propuesta de aprendizaje y experimentación, por tanto, la vida terrenal, sus primeros años, su personalidad, tiene mucho que ver con el factor del karma.
Esta concepción filosófica y espiritual permite entender al niño desde su nacimiento, que va a poder cumplir en la familia, en el entorno, en la cultura donde nace, como una oportunidad espiritual y de evolución.[ii]
Vista la vida como una hermosa oportunidad para evolucionar espiritualmente y crecer.
Fuentes:
[i] https://elpais.com/elpais/2019/04/12/mamas_papas/1555073592_113155.html
[ii] https://www.karmayoga.es/story/cu%C3%A1l-es-el-karma-de-un-bebe-el-destino-karmico






LA HERENCIA ES UN FAACTOR DECISIVO EN LOS SERES HUMANOS EL AMBIENTE TRANSFORMA LOS GENES DE DIFERENTES MANERAS SI EL AMBIENTE QUE NOS RODEA ES VIOLENTO ESTRESANTE AFECTARA LOS GENES Y SE PRODUCIRAN CAMBIOS EN LA PERSONALIDAD Y SALUS DE LOS INDIVIDUOS CADA UNO ACTUARA DE ACUERDO A SUS NECESIDADES