Todo símbolo, todo ritual y toda cultura tienen una historia. La fe, ese fenómeno que ha intentado ser definido como una forma de la creencia, pero también como una vía de conocimiento y hasta como un estado de conciencia, no es una excepción en este sentido.
Según el profesor Daniel Guiney no se puede entender la historia de la fe si no se tiene en cuenta la crítica de Karl Marx a la religión. Marx veía a la religión como el opio del pueblo; idea que surge debido al trasfondo histórico de la época del autor: una Europa recién salida del medioevo y sus retrógradas formas de gobierno, inquisidoras, evangelistas y demás.
Este periodo de Marx, ya entrado en una etapa industrial en donde todavía no teníamos demasiado control sobre nuestras propias creencias debido a la impronta religiosa en los sistemas educativos europeos, fue lo que hizo de este pensador un crítico de la religión.
La religión fue el adoctrinamiento por excelencia del estado, pues a través del miedo a la muerte y al castigo divino se aseguraba la obediencia de un pueblo dócil y manipulable, algo bastante conveniente para las clases dominantes.
Por las cualidades de las revoluciones que se llevaron a cabo en aquel siglo XIX que vio vivir a Marx, y antes, sumado a las que les sucedieron en el siglo XX a todo nivel, podemos ver que la bandera de la Modernidad post medieval se basó en el uso de la razón como medio para obtener conocimiento. Filósofos como Descartes, Kant, Hegel, entre otros, fueron referentes del racionalismo ilustrado que pretendía fundar de nuevo el conocimiento sobre bases cientificistas. La fe, en esas circunstancias históricas, fue vista como una incomodidad heredada del pasado que impediría la autonomía ética del ser humano y el avance de la ciencia.
La Fe como vía de conocimiento
No obstante, la fe también ha sido vista como una vía de conocimiento, como una apertura hacia saberes necesarios, referentes sobre todo a nuestra dimensión espiritual. En principio, la Fe ha sido el objeto de los cuestionamientos e indagaciones existenciales más profundos, al intentar dar respuesta a la razón y al sentido de nuestra presencia en este mundo. A partir de allí se crearon tradiciones espirituales que intentaron responder esas preguntas, y que entre otras cosas también propusieron sistemas morales para guiar la vida en sociedad, y complejizaron la fe quizás más de lo necesario.
Más aún, como bien lo hubieran identificado Friederich Nietzsche y Marx en su momento, la moral religiosa judeocristiana socavaba la libertad humana. Esto, debido a que solo ofrecía lineamientos de prohibición y regulación de la conducta, como por ejemplo con los diez mandamientos, etc. Para Nietzsche tal forma de moral eliminaba la posibilidad de ser auténticos y de vivir la vida con la justa intensidad y amor por lo que se es, por el cuerpo y la naturaleza misma desprovista de culpas y pecados originales.
La Fe esotérica, la fe propia
No obstante, pareciera que ni filosófica ni científicamente vio el ser humano una proposición más interior de la Fe, más esotérica, acaso arraigada en un sentir en vez de un dogma. Esta visión de la Fe, sin embargo, siempre ha existido. Fue sostenida por senderos iniciáticos y escuelas de enseñanzas esotéricas a lo largo de los siglos. Por eso ciertas cosmovisiones orientales, como por ejemplo la Tradición Védica, o los varios tipos de Budismo, concibieron una Fe propia en donde aquello divino y trascendente, el objeto del anhelo espiritual, está contenido en la conciencia misma del devoto, del practicante o meditador.
Más allá de las nociones de una religiosidad ciega y dogmática, la Fe es la base del despertar de la conciencia. Es el valor de seguir el rastro de la verdad, de atender el llamado interno. El ejercicio ético de creer configura nuestro horizonte de valores y propósitos, preparándonos para dar un inicio al autoconocimiento. De alguna forma la Fe nos humaniza, sí, pero más aún, nos permite aproximarnos al ser auténtico que somos al posibilitar la búsqueda y también el encuentro con lo sagrado.
La Fe, más allá de toda forma preliminar e inacabada de creencia, es un estado de conciencia; es la percepción de la unidad entre nuestra individualidad y el cosmos, el sentir de la perfección de la vida misma y de su intrínseco sentido evolutivo y sanador. Lamentable es el hecho de que ni la sociedad ni sus pensadores a lo largo de la historia hayan concebido la fe desde ese espacio vital, interior, sanador.
Fuentes consultadas: Yogananda, P. La búsqueda eterna. Self realization fellowship. California, 2002. Daneil Guiney: “La fe como una forma de conocimiento”. https://www.youtube.com/watch?v=NZbWL4RsMHE






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