La historia es una centrifugadora que, si no te acercas a ella con cuidado, con prudente indecisión, terminas creyendo todo, o te aproximas a los hechos con tantos vacíos que no te das cuenta de que de tanto repetir una idea, de digerirla sin el mínimo asomo racional, el género termina imponiendo un modelo, definiendo una cultura, creando una estructura de ritos y creencias que, no tiene nada que ver con la fuente que la originó.
Como es sabido, la circunstancia que potenció y enarboló el Día de los Enamorados, es de gran estirpe trágica, y sin lugar a dudas, la cristianización de una fiesta pagana. Y, además, el primer santo celebrado en las tiendas, una especie de bisutería protorreligiosa, mucho antes que en la iglesia, al menos en España, en el año 1948. (1)
Tal como refiere la creencia, en el siglo III, el emperador Claudio II, en un absurdo acto de egoísmo y de insensatez, prohibió la celebración de los matrimonios, básicamente entre jóvenes, la estirpe adecuada para integrar el ejército romano. Si están solteros y sin familias, rendirán más y la nación se potenciará contra las conspiraciones. Así pensaba. La ley se cumplía con el rigor que brota de la ignorancia.
Entonces, aparece San Valentín, sacerdote y obispo que desobedeció la orden del emperador, y empezó a casar en secreto a los soldados romanos. Las crónicas posteriores, o esa tentativa de aproximarse a los hechos con cierta veracidad, no aporta datos precisos, como no sea que se saltó la prohibición y fue decapitado un 14 de febrero, unos dicen del año 269, otros, 270, 273, 278, de nuestra era, una danza de fechas que aportan más al prejuicio insostenible que al antecedente revelador.
Como quiera que buena parte de su hagiografía se nutre de ambigüedades, ¿Fue realmente un insurrecto religioso, un indómito amoroso, contestatario, mártir de los enamorados? ¿Qué tanto se enfrentó a los paganos? ¿Cuáles fueron sus milagros por lo que fue canonizado? Bueno, pero también están las virtudes heroicas, la vía del martirio, por lo cual se estima que en esa época eran reconocidos como santos, sin los procesos formales.
Sin embargo, de acuerdo con la primera lista de mártires cristianos, que data de 354, no exhibe ningún Valentino, o alguien con un nombre parecido. En el año 496 es cuando el Papa Gelasio I, quien introdujo el rezo de la infatigable frase “Señor, ten piedad” en la misa, se encarga de San Valentín, y establece su veneración todos los 14 de febrero, pero hace énfasis en que el naciente santo se incluye entre aquellos, “cuyos nombres son justamente venerados entre los hombres, pero cuyos actos son conocidos solo por Dios», Ibid. Gelasio I sustituía, en ese sentido, la fiesta del amor llamada Lupercalia, por el Día de San Valentín.
Misterios más, misterios menos, como la leyenda de la brevísima nota que le dejó a la hija del carcelero, “De tu Valentín”, Europa abanderó la promoción de su imagen, y no podía ser de otra manera. Otro aspecto que se vino a incorporar a la difusión del día del amor, amistad y afines, fue un escrito de 1375, que construyó arraigo. Se trata de un poema fundacional, medieval, que desempeñó un rol influyente en todo lo que constituyó ese día.
El escritor inglés, Geoffrey Chaucer, autor del célebre “Cuentos de Canterbury”, escribió una pieza denominada “El parlamento de las aves”, y en ella describe cómo el 14 de febrero, las aves y los seres humanos, se alían con la finalidad de hallar sus respectivas parejas. Es la primera referencia literaria en la historia, sobre el tema del amor que surgió de esa rebeldía de San Valentín, ya que menciona el 14 de febrero, la fecha de su decapitación.
Del día de los enamorados, del amor de pareja, de la amistad, la realidad del festejo no deja de ser una de las efemérides que más invita al consumo, su visión mercantil es una de las más potente del calendario, lo cual evidencia en sí mismo, que no tiene nada que ver con el amor en su fascinante perspectiva espiritual, de valores y elevados principios evolutivos.
Fuentes:






Excelente informacion, para refleccion y culturizarnos, gracias