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Música Sana

LA MÚSICA Y LOS ELEMENTOS

Santiago Vilá | SKY Colombia · 3 de agosto de 2023 · 5 min de lectura

LA MÚSICA Y LOS ELEMENTOS

Los desafiantes cambios climáticos dan muestra directa del extremo al cual estamos llevando la explotación de los recursos naturales y la alteración de los campos de energía que sustentan la vida y la conciencia en el planeta. Antonio Vivaldi, también conocido como “el monje rojo”, escribió casi 500 conciertos para diversos instrumentos, 220 de ellos dedicados al violín, instrumento del cual era virtuoso. Cuatro de estos conciertos, pertenecientes a “Il Cimento dell’Armonia e dell’ Inventione” escritos para violín solista, orquesta de cuerdas y clavecín, son los que se conocen con el nombre de Las Cuatro Estaciones. En esta trascendental obra cuaternaria, dejó en su música paisajes, temperaturas, elementos en movimiento, vida silvestre, fauna y flora, que trascendieron el tiempo y el espacio, para permitirnos imaginar hoy lo que este planeta, en sus variantes climáticas, lo fue en el siglo XVIII, al menos desde la pura sensibilidad de Vivaldi.

Así como la naturaleza ha sido fuente de inspiración para creadores de alto alcance, la tierra, el agua, el aire y el fuego, como elementos esenciales en la dinámica planetaria, han sido impactados por las formas de pensamiento y acción del hombre a lo largo de los siglos.

El proyecto “Las Inciertas Cuatro Estaciones” reunió orquestas de todo el mundo interpretando variaciones locales de Las Cuatro Estaciones, de acuerdo con la pregunta: ¿Cómo se escuchará nuestro futuro si no actuamos ahora sobre el cambio climático?

Desde un mapa interactivo, podemos situarnos en diferentes ciudades del mundo y elegir la versión local de esta obra, de acuerdo con los cambios climáticos que se están viendo en cada lugar. Por ejemplo, los efectos del cambio climático se están experimentando dramáticamente en Venezuela, uno de los países con mayor biodiversidad del mundo. El país honraba cinco glaciares en 1991, y ahora solo tiene uno. Dentro de algunas décadas no tendría ninguno. La actividad maderera y minera irresponsable viene agravando los cambios en el nivel del clima, así como distorsiones en los patrones de precipitación y el aumento del nivel del mar, con consecuencias significativas para las especies, la agricultura y la salud humana.

Escuchar la versión de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho es casi doloroso. Los alegres pájaros que resonaban libremente en la obra original, suenan enfermos en tonalidades menores, con ritmos cortados y armonías que expresan aires enrarecidos.

El mapa permite ir a cualquier lugar, como Venecia, en donde vio la luz el alma de Vivaldi y en donde dejó su mayor legado. Venecia, como otras ciudades costeras, están en la primera línea de la crisis climática. Incluso si el calentamiento se mantiene por debajo de los 2 °C, se predice que el aumento del nivel del mar y el clima extremo harán que la «ciudad flotante» de Europa pase a ser solo agua. Los sonidos de esta versión son escalofriantes. Las disonancias, melodías alteradas, ritmos inconclusos, rememoran a una ciudad antaño hermosa, y a futuro desdibujada, dañada por la alteración del clima y el comportamiento caótico de sus elementos.

La importancia de la música en relación con los elementos y las fuerzas de la naturaleza, la explica la especialista Carol Bush, en su libro “Healing Imagery and Music: Pathways to the Inner Self”. La invitación es a reconocernos en las bondades, fuerzas y regalos de estos elementos a través de la escucha consciente de determinadas piezas musicales.

Tomando de la tierra su poder de gestación, el contenedor para que se dé el crecimiento celular (en niveles biológicos y psicológicos) y las fuerzas gravitacionales y telúricas que nos conectan con lo arcaico y primordial de nuestras estructuras internas. La música tipo tierra proporciona un contenedor amplio, seguro y firme para apoyarse en una orquesta con música que estimula una amplia gama de experiencia en imágenes internas, sensaciones físicas, activación fisiológica y agudización de los sentidos. Algunos ejemplos para conectar con la música de la tierra son la Novena Sinfonía de Beethoven (especialmente el tercer movimiento), o la Primera Sinfonía de Brahms (tercer movimiento).  

La música tipo aire es aquella que libera las fuerzas imaginativas, del pensamiento, la creatividad y la ensoñación. Mientras estimula un flujo libre de conexiones volátiles, despierta la imaginación como un espacio abierto en el que insospechadas conexiones pueden tener lugar en una danza de imágenes e ideas representadas también en niveles de sentimiento. La fluidez y el amplio espectro de los sonidos, la poca rigidez en el ritmo, los sonidos en registro alto o las melodías ascendentes, favorecen que esto suceda. El movimiento II de la Suite Orquestal No.3 de Bach y The Lark Ascending de Vaughan Williams, funcionan como plataformas de despegue hacia las corrientes del aire.

La música de agua tiene un alto componente sentimental. Al sugerir estados de ánimo bastante definidos, penetra en las fibras del corazón interno, abriendo un camino para que puedan salir a la superficie y fluir, como es su naturaleza. Es música que lleva a la intimidad, al silencio, a distanciarnos momentáneamente para escuchar aquello que late. La famosa pieza de Smetana que describe el curso del imponente río Moldavia es un viaje imperdible: desde su nacimiento hasta su desembocadura, otorgándonos limpieza y vitalidad en este tránsito hacia la fusión con el magno océano.

El potencial para ponernos en contacto con emociones como la rabia, la furia, y la determinación, la tiene la música tipo fuego. Es música fuerte, que, a través de la naturaleza dinámica de sus sonidos, puede recrear imágenes o mantener la energía necesaria para movernos a través de una experiencia de tensión y liberación. Estar en contacto con nuestro fuego interno es enfrentar el desafío de la vida y atrevernos a sentirnos completamente vivos.

Para esto, recomendamos la escucha de El Pájaro de Fuego de Stravinski, o Marte de la Suite Los Planetas, de Gustav Holst.

¡Buen viaje!

Fuentes consultadas:
https://the-uncertain-four-seasons.info
Bush, C. (1995) Healing Imagery and Music: Pathways to the Inner Self. Portland, Oregon: Rudra Press.
Kramer, J. (1993). Invitación a la Música. Javier Vergara Editor.

2 comentarios

  • Maria Jose Camacho

    4 de agosto de 2023

    Gracias por todo el contexto y la relación , un texto que nos lleva a concientizar y a su vez despertar la sensibilidad de cómo todo está relacionado y entretejido reafirmandonos siempre que somos Uno. La Música y los Elementos , hermoso.
    Gracias .

  • Ana Edda Diaz Ulloa

    4 de agosto de 2023

    Que maravilloso recorrido por obras que están vivas y que se abren a la dolorosa realidad del mundo.
    La música es vida, no existe vida sin música.

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