La presencia física debe ser la regla no la excepción en el intercambio y en la interrelación personal. Las redes sociales se empeñan en dibujar y ratificar –incluso llegan a elaborar manuales de procedimientos- para distintas profesiones con la idea de sustituir la presencia física como un factor de interrelación personal, pero, nada existe hasta ahora que pueda sustituir la presencialidad.
La mirada, el lenguaje no verbal, la energía del intercambio directo, la aproximación al otro, nada de eso es sustituible, el submundo virtual ha anulado en cierta forma esta incomparable relación entre los seres humanos. La pandemia por necesidad, luego por la practicidad de las redes, dio paso a un cambio en las relaciones humanas, se hizo común citarse a trabajar, a recibir o dictar clases, incluso para niños a través de las redes, se convirtieron en parte de la vida, se cambiaron las reglas humanas del intercambio.
Como ejemplo podríamos tomar la educación presencial en todos los niveles, siendo importantísima cuando más pequeño es un niño. Hay completa certeza de las ventajas que tiene la educación presencial para jóvenes estudiantes universitarios, así lo señala el experto en educación superior colombiano, Germán Contreras Ramírez, quien afirma que las experiencias de aprendizaje pueden ser restaurativas, es decir, ¡la educación presencial nos sana mentalmente!
Sí, tiene el poder de sanarnos, nuestro cerebro puede activar emociones que generan hormonas, que ayudan a crear la sensación de bienestar y felicidad y eso se consigue cuando los profesores y alumnos, se encuentran en la sala de clase, los jóvenes caminan en el campus juntos, la felicidad permite que se repongan y mejoren nuestros procesos cognitivos, además reducen el estrés y la depresión, que sintieron muchos jóvenes y niños que por la pandemia se vieron impedidos a juntarse con compañeros y asistir presencialmente a clase.
Muchos de nosotros experimentamos ese importante reencuentro hace un poquito más de un mes, cuando se reestablecieron las clases presenciales en nuestro país en todos los niveles.
Si bien la “realidad” virtual está tan presente en nuestras vidas, esta no podrá cambiar la necesidad de unas verdaderas vacaciones en la playa, tampoco la virtualidad reemplazará el abrazo de una madre, o el aroma y sabor de una fruta, una reunión de amigos, la presencia de un Maestro ante sus discípulos y su bendición, o que los niños jueguen un partido en vivo. Jamás podrá ser reemplazado por los juegos de video y juegos virtuales que hoy tanto los atrapan en sus redes.
¿Se puede experimentar las mismas sensaciones y emociones escalando una montaña virtualmente? ¡Imposible! ¿Se puede pasear en bicicleta con amigos o amigas a la orilla de un cantarino río de manera virtual? Tampoco. Hay muchas actividades que no pueden ser realizadas y/o tener los mismos resultados si es que no se las realizan presencialmente.
Aunque hoy está siendo cada vez más frecuente la telemedicina, pero tiene una serie de problemas, es muy difícil reemplazar la cercana presencia del médico con el paciente que está siendo auscultado. No se debería abusar de estas formas de relación. La humanidad debe minimizar ese show, el del exceso de redes, de apego a la virtualidad, de dependencia de esta forma de comunicación, válida sí, pero no la única, ni la mejor.
Hace pocos años, dice Miriam Velázquez Bay, ya nos alertaba el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman, cuando hablaba sobre el concepto de la “modernidad líquida”, que puede también adaptarse a la idea del “amor líquido”, que da cuenta de la fragilidad de los vínculos humanos, sobre las situaciones de las relaciones interpersonales en estas épocas posmodernas, por ejemplo, aquellas relaciones que se dan por Internet, “que se caracterizan por la falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso, donde los sujetos se perciben a sí mismos y a los otros vendiéndose como productos”.
Debemos mantener la vinculación, el contacto humano, ser cada vez más humanos, nuestras realidades humanas van más allá de la necesidad de conexión virtual. Bauman, ha criticado el impacto de las redes sociales sobre el individuo, donde en realidad se elimina la comunidad por una “comunidad sustituta”, sin controversia, donde el número de contactos en redes sociales es más importante que la verdadera relación humana.
Referencias bibliográficas:
Germán Contreras Ramírez, “Presencialidad y virtualidad educativa”, en La República, Colombia, 24 de abril de 2022. Presencialidad y virtualidad educativa (larepublica.co),
Miriam Velázquez Bay, “La influencia de la virtualidad en las relaciones humanas”, en Revista Centro Psicoanalítico Madrid-CPM, n.33.
https://www.centropsicoanaliticomadrid.com/publicaciones/revista/numero-33/la-influencia-la-virtualidad-las-relaciones-humanas/






Pienso que la verdadera interelacion humana se da cuando es libre; porque hay relaciones tóxicas que uno no puede evadir