“Las formas que asume la Verdad son imparcialidad, autocontrol, modestia, resistencia, bondad, renunciación, contemplación,
dignidad, fortaleza, compasión y abstención de daño. Estas, oh gran monarca, son las trece formas de la Verdad. La Verdad es inmutable.”
“Cuando se destruyen el deseo y la aversión, así como también la lujuria y la ira, ese atributo a consecuencia del cual uno
es capaz de mirarse a sí mismo y al enemigo, al bien y al mal, con ojos inmutables, se llama imparcialidad.”
Mahabharata Santi Parva. Cap. 162
Desde una conciencia en la que queda mucho por resolver internamente, con un horizonte por descubrir en la perspectiva del autoconocimiento y partiendo desde el punto en el que aún nos moldeamos en nuestra masa evolutiva de arcilla (por no hablar de la forja de la espada y los martillazos que conlleva), podemos decir que el mundo externo pareciera ser una especie de termómetro de realidades, que sin medir temperaturas, podría medir grados de conciencia, según los anteojos con los que lo miremos.
En ese sentido, en aquella famosa frase falsa de “sé el cambio que quieres ver en el mundo” (se dice que la cita original de Gandhi fue: “Somos el reflejo del mundo. Todas las tendencias actuales en el mundo exterior se encuentran en el mundo de nuestro cuerpo. Si pudiéramos cambiarnos a nosotros mismos, las tendencias en el mundo también podrían cambiar. Tal y como un hombre es capaz de transformar su propia naturaleza, también cambia la actitud del mundo hacia él. No necesitamos esperar a ver lo que hacen los demás”) se muestra de forma sencilla la verdadera vía hacia la serenidad interior, la paz verdadera.
La frase pareciera ser una perogrullada al ser tan desgastada por la falsa espiritualidad, al punto de casi aniquilar su más profunda esencia. Es una frase que, a pesar de ser falsamente atribuida a Gandhi, su hondo sentido nos alude a tratados antiquísimos que hablan de caminos eternos que llevan al shaanti, la anhelada imperturbabilidad y el más alto altruismo.
Ciertamente, los dos aspectos de la paz, el interno y el externo, deben desarrollarse juntos, no hay manera de separarlos, dependen uno del otro y si no se cultivan simultáneamente el resultado es desequilibrado, debido a la separabilidad que aún creemos contemplan. Ambos frentes son importantes, uno evidencia al otro y la mente, al ser una distribuidora de emociones, le agrega a cada circunstancia un estado, una forma de asumir las realidades, aunque sabemos que el estado natural de la mente es la serenidad.
Contrariamente a ella, la causa fundamental de la inquietud o falta de serenidad proviene, según Los Vedas, de los cinco indriyas (sentidos) y el manas (mente) su sexto compañero, que pueden sublimarse para dar lugar a la paz o shaanti. El uso correcto o incorrecto de los mismos produce tranquilidad o inquietud. De ese modo, el dharma védico da altísima importancia a la purificación del cuerpo y la mente, porque esta lleva indefectiblemente a la purificación del alma. Salir de la ignorancia de estos procesos por demás internos, nos conduce a la sabiduría que todos contenemos en estado latente, lo que permitiría un cambio real en el mundo exterior.
Vale destacar que toda angustia, toda inquietud parte de lo que son los deseos más humanos, que cuando comienzan a operar, ponen a los cinco indriyas (sentidos) en estado dinámico, movilizándonos hasta satisfacer dichos deseos. De inmediato, al satisfacer un deseo, los mismos entran en un estado pasivo o estático. Los cinco indriyas son una extensión de la mente, por eso se dice que son uno. Así lo han afirmado muchos sabios y estudiosos de los Vedas. El Swami Sivananda de Rishikesh lo resumió así:
“La mente y los Indriyas son uno. Indriya es una prolongación de la mente. El mar se alimenta de los ríos; el mar no puede existir sin los ríos. Aún así, la mente se alimenta de Indriyas y no puede existir sin Indriyas. Si has controlado Indriyas, ya has controlado la mente. Indriya es otro nombre para la mente.”
Ambos aspectos se combinan para la elección de acción. A través de ellos se puede decidir actuar o no, y es la acción la que impregna nuestro sistema de acuerdo a lo que se experimenta tras esas decisiones, que pueden proporcionarnos intranquilidad o serenidad, según el nivel de purificación ya registrado en nuestro sistema. De allí la importancia de comprender que la serenidad es el mejor de los estados posibles para fraguar el propósito del alma. Sin esa tranquilidad, sin ese aplomo no podremos salir del desfase, de la inconsciencia que no es más que el no saber, el no intuir ni descifrar estos procesos, lo que nos impide cubrir los objetivos espirituales que tanto añoramos.
El rumbo de la humanidad está determinado por las decisiones individuales, que podrían conducir a la hermandad (sinónimo de unión y apología de la serenidad y de la vida verdadera) o a la guerra y destrucción (sinónimos de antagonismo, división y fragmentación, apologías del dolor, del temor y la intranquilidad).
¿Toca gelificarse con respecto al entorno que hemos creado? Y pareciera que ya el refugio es íntimo, propio, nuestro, profundo, intocable, imperturbable, incorruptible, inalcanzable por eso externo que ya no podrá mermar lo que ya no tiene retorno para el alma, porque simplemente no existe desde el mismo momento en que cambia la percepción del mismo.
Fuente:
https://msrvvp.ac.in/ved-vidya/27/14_English_Dr._Chanda_Kumari_27.pdf
https://en.krishnakosh.org/krishna/Mahabharata_Santi_Parva_Chapter_162
https://www.sivanandaonline.org//?cmd=displaysection§ion_id=895






Es muy lógico lo aquí descripto, sería encontrar el neutro,entre los sentidos y la mente para trasladar hacia dentro y fuera