Diagnosticar la cultura contemporánea de una forma profunda y acertada es uno de los actos más retadores y exigentes que pueda haber. Los asuntos como la libertad, los derechos de las minorías y la igualdad, entre muchísimos otros, requieren un pensamiento real, hondo y arriesgado, que se atreva a incomodar a quienes creen ya tener la última verdad sobre cualquier cuestión.
Jordan Peterson, profesor de la Universidad de Toronto, es un académico, doctor en piscología y crítico cultural. Ha sido docente e investigador posdoctoral también en la Universidad de Harvard, y hoy en día es una de las voces más relevantes dentro de la academia internacional por sus contundentes argumentos a favor de la libertad de expresión, sus estudios de psicología social y del comportamiento, entre otros.
En uno de sus discursos recientes Peterson argumenta que uno de los problemas de la sociedad posmoderna en la que vivimos es que es fundamentalmente divisoria y de cierta forma (auto)destructiva. Para este autor las actitudes de rivalidad social y de polarización política se han vuelto estructurales en todo Occidente, dando como resultado un panorama colectivo dividido, escindido en el corazón de su humanidad.
Peterson argumenta que hoy pareciera haber una tendencia a que todos los grupos sociales se sientan oprimidos, y a su vez les da la razón. Progresivamente vemos cómo hay una masificación de movimientos sociales que abogan por reparaciones de derechos de minorías específicas. Dentro del altruismo y la filantropía se encuentran programas y proyectos humanitarios que buscan resarcir y apoyar comunidades de mujeres vulnerables, personas afro, personas de bajos recursos económicos, la comunidad LGBTIQ+, asiáticos y latinos inmigrantes en países hostiles a su presencia, obreros explotados, niños amenazados, excombatientes traumatizados, personas con discapacidades físicas y mentales, víctimas de catástrofes naturales o acoso sexual, laboral o de cualquier otro tipo, y un largo etcétera de condiciones que ponen en desventaja a esos grupos que se identifican a sí mismos como víctimas de un sistema opresor.
Peterson afirma el problema y dice que es cierto; que todas estas minorías, las cuales -si son sumadas entre sí- quizás representen más bien a la mayoría absoluta, tienen razones válidas y reales para sentirse víctimas, básicamente porque esa es parte de la naturaleza de la vida. Es normal, es decir, es común enfrentar adversidades que nos retan y de cierta forma nos ponen contra el mundo, a veces al costo mismo de la dignidad y la vida en sí.
Por eso desde milenios atrás ha habido enseñanzas espirituales profundas que reconocen esto. La primera noble verdad que expresó Sidharta Gautama, el Buda, dice justamente que “la vida es sufrimiento”, o “la vida es insatisfacción”, pues son inevitables la enfermedad, la vejez y la muerte. También podemos recordar el episodio bíblico en que Jesús llama a la vida terrenal “un valle de lágrimas”, aludiendo a esta misma realidad.
Ahora vivimos tiempos en que los sufrimientos de unos encuentran eco en el de otros, formando así colectivos que buscan su reivindicación. Pero el Estado no es capaz de resarcir tanto como se pretende que lo haga. Como pregunta Peterson, ¿cómo podemos cuantificar todas las formas en que el ser humano es oprimido y luego repararlas?
Como sociedad es técnicamente imposible resolver todas las maneras argumentables de opresión y sufrimiento, son incontables. Las soluciones estatales suelen intentar reparar con facilidades socioeconómicas y reconocimiento social o político, pero sabemos que nada de eso es suficiente para transformar la sociedad. Esto no pretende excusar al gobierno de injusticias estructurales que hacen parte del problema, ni minimizar el dolor ajeno. Es solo un llamado a ver la realidad del sufrimiento como una parte inherente en la vida, que antecede por eones a los ismos y movimientos que buscan su reivinidicación.
El argumento de Peterson, en resumen, es que las razones para el resentimiento social sobran, y siempre ha sido así. Ante esa cruda realidad, Peterson, quien fue también un estudioso de C. Jung y de las tradiciones espirituales orientales, así como de otros estudios en religión comparada, propone lo siguiente: “Toma todo tu sufrimiento y asúmelo, y pese a él trata de ser una buena persona contigo y con los demás. Haz de tu vida algo mejor, y compártelo con los demás”.
De alguna forma vivimos una cultura de “auto-victimización justificada”, por decirlo de alguna forma. Es norma el ser víctimas, pero desde ahí se puede tomar acción y hallar sentido. Superar el sufrimiento para hallar sentido es algo que requiere responsabilidad, coraje, dedicación. Lo contrario es el lugar de la víctima, y allí se está estancado en el sinsentido. Por el contrario, erigirse en medio de la adversidad y decir sí a quienes somos, requiere fortaleza, requiere asumir responsabilidad, pues solo así se construye sentido, dice Peterson, tal como lo hicieron Mandela, Gandhi, y muchos más.






Excelente artículo! Deja en el lector un panorama claro de un tema tan complejo. ONS!