La frase “Valle de lágrimas”, refiriéndose a la existencia terrenal, se encuentra en algunas traducciones de los Salmos de La Biblia, como metáfora de las tribulaciones y penas que acompañan la vida de las personas en este mundo. El himno mariano Salve Regina que incluye “… gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. Se refiere alegóricamente a la vida terrenal caracterizada por el sufrimiento y la dificultad, en contraste con la felicidad celestial futura.
La frase también aparece con sentido similar, en otras religiones.
En el budismo, la palabra sánscrita Samsara, es el ciclo interminable de nacimiento, muerte y renacimiento, caracterizado por el sufrimiento y la insatisfacción debida al apego a las cosas de este mundo que son siempre, impermanentes. El renacimiento puede ocurrir en uno de los seis reinos de existencia según la tradición budista: reinos celestiales, humanos, animales, fantasmas, espíritus hambrientos y reinos infernales. El tipo de renacimiento depende de la calidad del karma acumulado en vidas anteriores.
Allan Kardec, (1804-1869), profesor y filósofo francés, considerado el sistematizador de la doctrina del Espiritismo, señala que la Tierra es «un mundo inferior destinado a la depuración de los espíritus imperfectos, y ésta es la razón por la cual domina el mal, hasta que Dios quiera hacer de este planeta una mansión de espíritus más adelantados».
Explica que los mundos superiores son comparados con verdaderos paraísos donde la felicidad y el bien moral predominan, mientras que en los mundos inferiores como la Tierra el sufrimiento y la ignorancia son más frecuentes, siendo ese dolor un mecanismo evolutivo que lleva a los espíritus al progreso.
Kardec profundiza que la infelicidad del alma —más que una oscuridad física— está relacionada con el estado moral e intelectual de los espíritus que encarnan en esos mundos. La tierra, entonces, sería una morada de «expiación y prueba», lugar en el que los espíritus pasan por experiencias difíciles para evolucionar y ascender a estados de mayor luminosidad espiritual. No es un planeta maldito, sino uno de transición para el crecimiento del alma.
Por tanto, Kardec ubica a la Tierra como uno de los mundos menos adelantados, donde la oscuridad simboliza el atraso moral de quienes lo habitan y no tanto una condena literal; su obra invita a entender el dolor y las luchas humanas como oportunidades necesarias para el perfeccionamiento y avance hacia planos más luminosos.
¿Es la tierra un planeta de luz o de sombras? ¿Está relacionada la luz material con la luz espiritual? ¿Existe o existió un paraíso terrenal?
Según el segundo principio hermético, o Ley de Correspondencia, emanada del texto El Kibalyon, habría similitud entre los planos de existencia. “Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba”.
No por azar la ubicación de la Tierra como tercer planeta en el sistema solar es exacta, por no decir perfecta, para el desarrollo del experimento humano. Los griegos lo entendieron claramente y lo trasmitieron a través de su mitología a la posteridad. La poderosa energía del fuego que emana de los rayos solares, Apolo, es soportada por Mercurio, única consciencia capaz, a través del aire, de volar como mensajero alado de la Luz, y entregarla en brazos de Venus, pues no podría ser sino por amor que desde el agua se preparara un útero tan especial como Gea, la Tierra.
Orbita astronómicamente la Tierra, dentro del sistema solar, siendo la atmósfera terrestre, una espléndida pero vulnerable aura, que dulcemente filtra los rayos solares para el recibimiento del prana o energía pura y vital, maná espiritual que cae literalmente del cielo.
En la danza cósmica la tierra gira en sus movimientos de rotación, traslación y precepción a manera de producir un ritmo o pulso de luz, dejando el espacio al vacío de luz, la noche, la cual, sin embargo, es acompañada por la luz lunar como asistencia celestial y amparo ante la oscuridad.
El fotón es la partícula elemental que compone la luz y todas las formas de radiación electromagnética de la existencia, la luz es condición inherente de la vida en este planeta. Maya, o ilusión consiste en querer permanencia en lo intrascendente e ignorar la eternidad del movimiento.
Rama, Krishna, Buddha, Mahoma, Moisés, Cristo, etcétera. Seres Divinos, Mensajeros, Maestros Descendidos, Avatares, Espíritus de Luz, han pisado y convivido en este planeta, según los escritos, cada vez que la oscuridad se impone. La Iluminación o lo que los hindúes llaman Samadhi, es un derecho divino de todos los seres humanos y al igual que la ignorancia, una elección individual.
Si el manto negro del firmamento es el fondo para el brillo de las estrellas, ¿podría considerarse el universo como un mundo oscuro? Cielo, infierno y purgatorio no son lugares específicos sino procesos evolutivos del estado de consciencia.
Fuentes consultadas:
Tres Iniciados. El Kybalión .Editorial Kier. Buenos Aires. 1994






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