Garúa, llovizna, chubasco, lluvia, aguacero, nieve, granizo, tormenta, son algunos de los nombres que recibe el elemento agua cuando, desde los cielos, se precipita sobre nosotros.
Desde el inicio del tiempo, el destino del ser humano en el planeta tierra ha estado estrechamente enlazado a la lluvia. La continuidad de la vida misma, la abundancia de agua es esencial para los quehaceres humanos. Siempre será prioridad tener una fuente de agua cerca de un asentamiento. Sin embargo, desde la revolución industrial, los humanos no hemos sabido preservar la salubridad del agua. Dando por sentado que es un recurso natural infinito, al no serlo. Es posible que, por verla caer del cielo, caigamos nosotros mismos en la ilusión de que es un regalo divino merecido. Y lo es, pero somos ingratos.
Pensemos en lo que la ausencia de lluvia
significa para la vida en la tierra. Las temidas
y lamentables sequías que dieron origen a
danzas y rezos de todo tipo, que invocaban el descenso
de las aguas desde los cielos. Indra, en el mundo
védico, es el responsable del clima.
Pensemos en lo que la ausencia de lluvia significa para la vida en la tierra. Las temidas y lamentables sequías que dieron origen a danzas y rezos de todo tipo, que invocaban el descenso de las aguas desde los cielos. Indra, en el mundo védico, es el responsable del clima. El rey de los Devas otorga la lluvia, su arma es el rayo y su ira desata la tormenta. A la benevolencia y misericordia de Indra se le llama Monzón; la más larga y abundante temporada de lluvias del planeta. La bendición de los himalayas permite dos cosechas al año en gran parte del subcontinente indio y el sureste asiático.
La mayoría de los pueblos de Mesoamérica tomaron consciencia del cambio en la apariencia del maíz y otros cultivos a lo largo de las estaciones. Observaron que evolucionaba, maduraba desde el azul-verdoso al amarillo-ocre. El cromatismo agrícola inspiró el nombre de las estaciones del año solar. En la lengua de los Mayas, náhuatl, la época de lluvias era conocida como Xopan, el “tiempo verde”, en contraste, Tonalco, era el “tiempo de Sol”.
No hay lluvia sin sol. Para que llueva, el agua contenida en océanos, lagos, lagunas y ríos debe evaporarse. El vapor de agua danza con el aire en espiral ascendente. En las alturas se enfría y condensa en forma de nubes. La atmósfera respira: inhalando vapor y exhalando lluvia, nieve o rocío.
Más allá del campo de la meteorología, existen aspectos psicológicos y espirituales que no se pueden obviar. El sistema pluvial sirve como vehículo de contacto entre el Cielo y la Tierra, entre lo sutil y lo denso. Tanto del planeta y su atmósfera, como de nosotros en la fractalidad. Las nubes, el rayo, la lluvia y el arcoíris tienen su simbología en el mundo espiritual de las distintas culturas que han elevado al Ser a lo más alto de la jerarquía social.
Para los sufís Dios envía a sus Ángeles dentro
de gotas de lluvia. Para los budistas es sumamente
auspicioso que llueva durante y después de las
ceremonias, y la aparición de un arcoíris es la sonrisa
de Buda. La iniciación esenia era de inmersión
completa en agua.
Para los sufís Dios envía a sus Ángeles dentro de gotas de lluvia. Para los budistas es sumamente auspicioso que llueva durante y después de las ceremonias, y la aparición de un arcoíris es la sonrisa de Buda. La iniciación esenia era de inmersión completa en agua. De allí que Juan bautizara a Jesús en el Jordán y quedara instituido el bautismo como el primer sacramento cristiano. La purificación por medio del agua.
El agua asociada al segundo chakra que guarda nuestros contenidos inconscientes. A la luna que rige las mareas oceánicas. El mundo Astral, pleno como está de entidades… El agua, por ser magnética, cambia su cualidad por medio de la invocación. Bendita, santifica lo que toca. ¿Cómo se nos precipita la consciencia? Con qué frecuencia, con cuánta fuerza, y cuál consecuencia.
La lluvia ha sido motivo de inspiración para poetas y compositores. Su evocación puede ser melancólica o pintar una escena que recree la memoria. En palabras de Jorge Luis Borges: «La lluvia, sin duda, es algo que sucede en el pasado». Japón, país por lo demás lluvioso, ha sido fuente de numerosos poemas Haiku en donde la lluvia protagoniza.
Matsuo Basho, poeta peregrino Zen, el más grande exponente de su estilo; nos ofrenda instantáneas que paralizan el espacio-tiempo. Convirtiendo al Haiku en una Polaroid escrita:
Lluvia primaveral
escurriendo por el panal
desde un techo que gotea.
Lluvia de estío.
Tras la senda del sol,
los girasoles.
Lluvia de invierno, lluvia de primavera, lluvia de verano, lluvia de otoño,
-es toda igual –
mojada.
Fuentes Consultadas:
https://www.cuerpomente.com/salud-natural/lluvia-y-estados-animo_6221
https://www.francisco-serrano.com/translation/40haiku.pdf
https://books.openedition.org/cemca/1258?lang=es#:~:text=Por%20ejemplo%2C%20en%20n%C3%A1huatl%2C%20la,Broda%2C%201982%3A%20156).
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