El Buda para ser Buda, alejó el engaño y por esta virtud
anheló que los hombres conocieran la quietud del alma que dice la verdad.
El camino de la realización se recorre mejor en silencio. En su espacio, lo que empezó a intuirse como susurros, se vuelve una guía clara que retumba con fuerza. Esta confianza que acrecienta a cada logro, nos permite percibir la frecuencia única a la que respondemos. No porque nos atraiga como un deseo, sino porque es un encuentro perfecto, una impronta en nuestra naturaleza profunda. Más, en el plano que habitamos hoy día, vivimos presos de una latencia por sobrevivir que poco espacio y tiempo nos deja para desarrollarnos en el camino espiritual.
Rodeados de distracciones a los sentidos, urgencias e inmediateces, ilusiones que no son magia y una madeja de emociones que dificultan el autoconocimiento, nos desenvolvemos cargando nuestro propio enramaje que se engrana a la maquinaria social, moderna y compleja de la que todos somos parte, pero que más allá de protegernos nos dificulta la empresa de liberarnos, sea “la libertad» como cada alma la entiende. Como presas a la defensiva, gastamos nuestra energía queriendo controlar y pretendiendo saber en lugar de entregarse y accionar todo en nosotros en una sola dirección: aquella del amor.
Entre todos los ruidos que buscan ensordecer nuestro silencio hay que tener particular cuidado con aquellas melodías que suenan tan simples y bonitas que son atractivas, pero que no son más que acordes que se repiten sin conducir a nada. Los engaños buscan jugar con lo más íntimo de nosotros. Así como la música se limita a un pentagrama hasta que una valerosa nota busca salirse de sus parámetros para convertirse en algo más, así uno mismo, debe buscar en cada momento sostenerse con valentía, coraje y fuerza hasta lograr salir de la rueda del Samsara.
En los texto védicos, el engaño es visto como una ilusión temporal y material que nos aleja de la verdad espiritual. Recomiendan no dejarse llevar para alcanzar la liberación y la realidad cósmica del Ser. Advierten que quien engaña a otros se engaña a sí mismo, encadenando su alma con oscuridad. En el budismo, el engaño rebasa la mentira, abarcando también la autodecepción y la ilusión mental que nos aleja de la verdad. Se considera uno de los tres venenos (junto a la codicia y el odio) que causan sufrimiento. La Biblia condena el engaño en sus múltiples formas, considerándolo un signo de maldad que corrompe la integridad personal.
En el Islam, la mentira y el engaño son considerados una deslealtad a Dios. En el Judaísmo, el Talmud especifica “que hay cuatro grupos que no son merecedores de recibir a Dios, uno de ellos son los mentirosos.”
En el terreno filosófico, Dostoievski en su libro “Memorias del Subsuelo” (1864) crea un monólogo en el que su protagonista critica el racionalismo y el materialismo de su época, al tiempo que explora la complejidad y contradicción de la naturaleza humana, la alienación y el libre albedrío. Inmerso en la neurosis, el resentimiento y la vanidad, el hombre del subsuelo desprecia a la sociedad, pero anhela su admiración.
Argumentando que la lógica no puede explicar toda la naturaleza humana, ve a la conciencia como una fuente de sufrimiento, lo que lleva a acciones volubles y una existencia miserable, mostrando que la alienación y la falta de propósito pueden generar resentimiento y un egoísmo destructivo en el hombre moderno. Nietzsche en su libro “Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral” (1873) escribió que el engaño es fundamental pues la verdad es una “hueste de metáforas” olvidadas por el tiempo y aceptadas por la sociedad como convenciones necesarias para la convivencia. Byung-Chul Han advierte a lo largo de sus escritos que, aunque nos creamos libres, estamos presos de nosotros mismos, ya que la sociedad nos impone una productividad y conexión constante que genera una fatiga existencial profunda. Hoy, hemos llegado a formas de creencia como el Roboteísmo, que se considera que la IA es Dios, una inteligencia suprema y base de toda la realidad.
No hay que tener miedo, hay que aprender a discernir, a escucharse atentos. Para no vivir en una felicidad pretendida hay que esforzarse, cultivarse y procurar lograr una claridad más aguda que los sentidos para no caer en ningún engaño.
Fuentes:
- F. Nietzsche: https://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/verdadymentira.pdf
- Byung Chul-Han: https://bloghemia.com/2024/07/la-crisis-de-la-verdad-por-byung-chul.html
- Dostovieski: https://leeresvivirdosveces.com/2023/06/17/resena-de-memorias-del-subsuelo-un-fiodor-m-dostoievski/
- Sto. Tomas de Aquino: https://tomasdeaquino.org/cuestion-17-de-la-falsedad/






El Buda para ser Buda, alejó el engaño y por esta virtud
anheló que los hombres conocieran la quietud del alma que dice la verdad..y que es la verdad?