El origen del universo es tal vez el secreto mejor guardado. Desde los albores de la humanidad hemos tratado de descubrir, de entender su razón de ser, su funcionamiento, cómo surgió la materia y más aún, la vida. Las diferentes formas de tratar de dilucidarlo, mitológicas, religiosas e incluso científicas, suelen contener la idea de fondo de que en un momento dado, el universo se manifestó, se reveló, apareció de la nada y que así como se manifestó se desmanifestará, desaparecerá.
En la mitología egipcia la creación del universo se da a partir de “la oscuridad y el caos en espiral”. Para los antiguos egipcios, en el principio no había más que agua oscura, interminable y sin forma ni propósito. Por otro lado, en el primer libro de la Biblia, el Génesis, se describe un panorama similar: “la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo”.
El caos primordial, el mundo sin propósito ni forma que precedió a este universo, comienza a tener sentido, según estos relatos, cuando ciertas fuerzas, energías o dioses comienzan a actuar sobre él. En el nuevo testamento, en San juan 1-1 encontramos que “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” lo que nos refiere a la presencia de una energía, una frecuencia, una vibración que dio sentido y orden al caos primordial: conocida en oriente como OM.
Para los egipcios el universo tiene una duración determinada, es parte de un viaje, con un principio y un fin. De forma similar, en la tradición Judeo-cristiana se establece un periodo “7 días” de creación y un juicio al final de los tiempos.
En 1927 el astrónomo Georges Lemaître propuso la teoría del Big Bang o el Gran Estallido, según la cual toda la materia existente se encontraba en un solo punto y que a partir de una gran explosión esta se expandió por todo el universo. El movimiento de expansión se detendrá en algún momento, con lo que el universo comenzará a contraerse hasta volver a ser de nuevo un solo punto.
Este planteamiento era conocido hace milenios por la tradición Védica, que describe la creación del universo como el resultado de una exhalación de Brahma, con la cual se crean todos los universos, seguida de una inhalación con la que los universos retornan a su origen.
Actualmente, la teoría científica en boga que intenta explicar la manifestación del universo es la teoría de “las cuerdas”, la cual retoma la idea aristotélica de que debía de existir “un principio unificador, un paradigma por el cual resumir la vasta creación que vemos a nuestro alrededor en el Universo que conocemos».
Pitágoras observó a su alrededor y al ver una lira, notó que al pulsar una cuerda se obtiene una nota y si se toca otra, se obtiene otra nota, y luego pensó: “’Ajá! Las matemáticas de la música son lo suficientemente ricas como para explicar la diversidad de todo lo que vemos a nuestro alrededor'».
Esta idea ha inspirado a los físicos que trabajan con el Gran Colisionador de Hadrones en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales. En este centro logran romper partículas subatómicas, protones, en partículas aún más diminutas por medio de colisiones de alta energía para luego estudiarlas detalladamente.
Inspirados en Pitágoras han planteado que “todos esos cientos de partículas subatómicas que obtenemos rompiendo protones en el Gran Colisionador de Hadrones no son más que notas musicales, como creía Pitágoras”.
Según el Físico Michu Kaku la enorme complejidad de todo el Universo podría reducirse a la simple y elegante vibración de cuerdas. «Creo que algo que la gente debería entender es que la física en el nivel fundamental se vuelve cada vez más simple, pero también más poderosa cuanto más profundo vamos. El Universo es más simple de lo que pensábamos».
Fuentes consultadas
https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10650/mitologia-egipcia-antigua/
https://e-torredebabel.com/santo-evangelio-segun-san-juan-capitulo-1-biblia-reina-valera/
https://www.bbc.com/mundo/noticias-58794566





