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Consciencia

MÁS CONFLICTOS, MENOS PAZ

Andrés Pérez | SKY Ecuador · 24 de abril de 2025 · 3 min de lectura

MÁS CONFLICTOS, MENOS PAZ

La historia de la edad contemporánea nos ha mostrado una gran cantidad de conflictos bélicos entre naciones, por ejemplo, los conflictos Rusia-Ucrania y Palestina-Israel, son dos escenarios que comparten varias similitudes, que, si bien tienen matices propios, las semejanzas son importantes de observar pues llevan un peso kármico que parece que no encuentra resolución.

Las pugnas entre Rusia y Ucrania, se remontan hasta antes del primer milenio después de Cristo, donde la historia entre estas naciones parecería un bucle, los pueblos existentes alrededor de Crimea se junta para dar inicio al Rus de Kiev y posteriormente el Rus de Kiev se fragmenta. Siglos más tarde la creación de la Unión Soviética vuelve a juntar a las naciones alrededor de Crimea.

Años más tarde vuelve a fragmentarse, y surgen Ucrania y Rusia como naciones independientes, con más similitudes que diferencias, sobre todo en lo religioso. Naciones cristianas ortodoxas que nacieron en Crimea, que hoy libran una guerra por, entre otras cosas, ser dueños de Crimea, el lugar que los vio nacer.

Por otro lado, la historia entre Israel y Palestina tiene sus similitudes con la rusa-ucraniana, aunque más extensa y tal vez profunda, tanto judíos como palestinos tienen un mismo origen patriarcal. Abraham y sus hijos Issac (judíos) e Ismael (árabes), según la historia hebrea narrada en la Biblia. Sus desarrollos como cultura se dan en el mismo espacio geográfico, siendo el escenario del crecimiento y el desarrollo humano en medio oriente en los últimos 4 mil años.

Los eternos conflictos entre ambos bandos datan desde antes de Cristo repartiéndose victorias y derrotas y así como los ucranianos y rusos pelean por Crimea, judíos y árabes pelean por Jerusalén. Con el paso de los años los árabes que ocuparon Jerusalén y sus alrededores asumieron el nombre de palestinos por estar en la tierra histórica de Palestina. Luego de la segunda guerra mundial por decreto se establece el estado de Israel, en las tierras santas de Jerusalén, generando el conflicto armado existente por el expansionismo israelí y la defensa palestina al mismo.

Si bien la guerra eterna entre unos y otros es algo que parece que no tiene fin, en ambos casos tenemos las mismas condiciones; un gigante militar con un arsenal inmenso para poder destruir y un pueblo con menos recursos bélicos que sus contendientes, en ambos casos el discurso tiene un trasfondo de origen religioso e histórico, motivado por una intolerancia radical a lo que los otros han sabido manifestar como su verdad y la presencia de aliados del más débil para poder hacer frente a esta transgresión.

Más allá de lo que se puede observar de la disputa entre dos naciones, está la transgresión a la existencia de seres que de una u otra forma han planteado llevar una encarnación en estos espacios. Un uso desmedido del poder, con el fin de someter y doblegar al que ejerce una existencia diferente trae como consecuencia una respuesta colectiva de ira y odio que toma venganza, la Ley de Talión, para volver la balanza a su posición, pero el poderoso no quiere balanza igual y ejerce su poder nuevamente y esto recibe su respuesta.

Un bucle eterno de agresión, que como resultado más profundo ocasiona heridas en el alma en los seres expuestos a esto, heridas que no se sanan con la paz de un cese al fuego, ni la victoria de uno u otro, son heridas que el alma aumenta a su karma.

La idea de existencia de cada ser suele ejemplificarse como una batalla consigo mismo para provocar cambios y reducir la oscuridad propia. Tener una guerra externa, en la cual la existencia está en riesgo, más que reducir la oscuridad propia, hace que esta pueda crecer y ser capaz de expresar lo más oscuro que lleva dentro como reacción de protección. Así se sigue alimentando el espiral de agresión y sin importar cuál es el bando ganador. Este continuo dar y recibir odio deja impregnaciones en el alma que cada ser tendrá que llevar consigo y una gran cantidad de energía, que solo hace que la inconsciencia planetaria aumente como un principio entrópico.

1 comentario

  • Ana María Vera

    25 de abril de 2025

    Es una pena lo que ocurre en la tierra: tantos conflictos armados, tanto abuso del poder, tantas transgresiones a la vida. Ya ni se pretende que se busca la Paz, sino que explícitamente se imponen posiciones para aumentar las ventajas del estado quo, aumentando con ello las diferencias y perpetuando las condiciones para generar más futuros conflictos. Creer en la Paz parece idealista, más cuando se piensa en la mundial. A pesar de todo, nos queda entonces el cobijo individual de las Leyes eternas que produce la sutil Paz del alma.
    Gracias por el artículo

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