Durante el 2022, dos tecnologías disruptivas irrumpieron en el debate sobre el futuro del mundo digital: el metaverso y la web 3.0. El primero se trata de un mundo digital más abarcador e inmersivo, mientras que el segundo se trata de un internet descentralizado y con capacidad de preservar datos en servicios interconectados. ¿Contribuye este tipo de tecnología a promover el casi olvidado humanismo digital?
Memorias del humanismo digital
En el año 2019, un grupo de académicos, empresarios y políticos firmó el “Manifiesto de Viena sobre humanismo digital”, con el fin de garantizar que el desarrollo tecnológico siga centrado en los intereses de la humanidad. Se tomó dicha determinación ante la percepción rotunda de que el sistema digital estaba fallando: “La monopolización de la Web, el aumento de las opiniones extremistas y el comportamiento orquestado por los medios de comunicación social, la formación de filtro burbuja y cámaras de eco como islas de verdades inconexas, la pérdida de privacidad y la difusión de la vigilancia digital” [1].
A saber, se plantearon una serie de principios sobre los cuales actuar para detener las consecuencias terribles del desarrollo de la tecnología en nuestra sociedad. Por ejemplo, se resaltó la importancia de asegurar la libertad y la privacidad para mantener la democracia. En suma, este grupo de activistas busca configurar las tecnologías de acuerdo con los valores y las necesidades humanas, en lugar de permitir que las tecnologías den forma a los humanos.
Metaverso y Web 3.0
La Web 3.0 surge como respuesta ante el problema de la centralización en internet. Ocurre que la identidad digital suele estar fragmentada entre servicios, con múltiples inicios de sesión y códigos de acceso. Del mismo modo, los activos digitales, como los avatares personales y la ropa virtual, están diseñados para funcionar en el servicio que los proporciona, no para ser transferidos a otro lugar. Además, actualmente los servicios más usados en internet están concentrados en unas pocas grandes compañías como Google, Amazon o Microsoft.
La Web 3.0 permite registros “blockchain” [2] -transacciones alojadas en varias computadoras formando una cadena de datos continua y pública- que vinculan la identidad de un usuario a las cosas que posee. En lugar de estar dispersa por los servicios, la identidad podría convertirse en un elemento persistente de la internet de blockchain: físicamente descentralizada en los muchos ordenadores (de usuarios comunes) que reflejan y gestionan la blockchain, pero lógicamente centralizada como un registro único.
Esta ventaja diferencial de la Web 3.0 -sumada al creciente despliegue de la inteligencia artificial- pueden en el futuro potenciar el despliegue del metaverso y su adopción masiva. Para que el metaverso prospere se necesita permitir experiencias inmersivas compartidas mucho mayores, una economía de bienes y propiedad digitales, y establecer soluciones de identidad digital que den más control a los usuarios. En concreto, se requiere un metaverso con portabilidad e interoperabilidad de identidades, datos y activos digitales, las cuales podrían ser alcanzados con la adopción de la Web 3.0.
¿Una amenaza al humanismo digital?
Se podría pensar que una mayor descentralización del internet como la que ofrece la Web 3.0 y el desarrollo de un metaverso siguiendo los principios del humanismo digital podrían enriquecer la democracia y asegurar las libertades humanas en la internet. Es decir, actualmente la esperanza en relación con el desarrollo de un universo artificial ampliamente inmersivo es que se mantenga dentro de los límites de la ética humanista.
Esto en sí mismo ya augura un nefasto porvenir. Una encuesta reciente muestra que en 9 países más de la mitad de las personas prefieren pasar su tiempo de manera online que en el mundo real [4]. Esto en un momento en el que la experiencia en el mundo digital es apenas inmersiva y el multiverso tan solo ha empezado a ser construido.
Esta es la verdadera amenaza: el ser humano optando cada vez más por vivir y construir un mundo artificial en lugar de habitar su propia realidad. Y, por supuesto, olvidando también que existen realidades trascendentes en la experiencia supraconsciente que tiene el potencial de alcanzar.
Hace falta, entonces, una perspectiva transpersonal dentro del humanismo digital que busca proteger a nuestra sociedad.
Referencias
[1] https://dighum.ec.tuwien.ac.at
[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-48829091
[3] https://www2.deloitte.com/us/en/insights/industry/technology/web3-and-metaverse-the-future-of-the-internet.html
[4] https://blog.gwi.com/chart-of-the-week/metaverse-predictions/






Estoy impresionado, por todo lo que se expone. Aunque uso parte de la web, sigo siendo neófito, pero me aterra como vamos camino a una deshumanizacion global.