Swami Paratparananda, fue el representante espiritual del Ramakrishna Ashrama en Buenos Aires, Argentina y del Ramakrishna Vedanta Ashrama, Sao Paulo, Brasil (1973-1988). Su compilación de pensamientos enseña que el ser humano, en su intento de lograr su propia paz, se topa con un “laberinto de inquietudes” generados a razón de la búsqueda de una familia, la adquisición de bienes materiales, por cuidar lo que ya poseen o, alcanzar el éxito intelectual. No obstante, el resultado es una profunda angustia, lejos de la imperturbabilidad del Alma.
Es un hecho bien conocido que este mundo es una mezcla de bueno y malo, de placer y dolor, de concordancia y discordancia, de cariño y miedo, de unión y separación, de creación y destrucción. Donde está uno de estos pares de opuestos, está también el otro. No se puede separar uno de otro ni se puede hallar en una persona común uno solo de ellos aisladamente. Hasta el ladrón o asaltante que roba y mata sin piedad tiene en su corazón cariño hacia su familia o una persona particular, robando o matando, quizás para mantenerlos. Vemos en todos, no solamente entre los seres humanos, estos dos sentimientos.
Hasta los pájaros que se comportan como enemigos de los gusanos, lo hacen con el fin de alimentar a sus pichoncitos. En pocas palabras, podemos decir que es evidente que el mundo entero es un conjunto de estos pares de opuestos. El que está bajo la influencia de uno, también está bajo el dominio del otro. Y ninguno de los dos nos permite salir de sus garras y liberarnos. Todo esfuerzo humano es precisamente para ir más allá de estos pares de opuestos y alcanzar la dicha plena y eterna. El ser humano trata de lograr ese estado de varias maneras: algunos adquiriendo riquezas; otros teniendo hijos; estos mediante logros intelectuales; aquellos adquiriendo poderes, ya sea terrenales u ocultos; sin embargo ninguno de ellos llega a alcanzarlo. En vez de la paz y solaz que buscan a través de estos medios, se encuentran en medio de un laberinto de inquietud, provocada por la sed de poseer más y más de esas cosas o en la conservación de lo ya adquirido.
El mundo que creamos de esta manera absorbe la mente en su totalidad y cuanto más nos apegamos a los objetos, tanto más nos identificamos con ellos. El resultado es que la angustia que se siente al apartarse de ellos se hace más aguda. El hombre sabe todo esto, sin embargo no puede deshacerse del apego por los objetos y lo triste del caso es que la mayoría de la humanidad ni lo intenta. Sri Ramakrishna solía decir: «El camello come arbustos espinosos y mientras lo hace sangra su boca profusamente, no obstante, no cesara de comerlos.» Es así también la vida del ser humano. Sabe que tiene que pasar por incontables miserias en este mundo una vez que se enreda en él sin embargo no puede evitar de envolverse. ¿Qué es lo que le compele a hacerlo? Aryuna, el gran héroe del Mahábharata, hace una pregunta idéntica a Sri Krishna: «Entonces, ¿qué es lo que, como si fuera obliga al hombre a llevar una vida llena de errores, aunque no quisiera?».
Sri Krishna le contesta: «Es ese deseo, es esa ira, producto del rayas, que lo obliga. Es voraz y malvado. Conócelo, con certeza, como tu peor enemigo aquí.» Vemos aquí que se ha usado el verbo en singular, aunque aparentemente hay dos sujetos, «deseo e ira». Shankaracharia comentando ese verso dice que la ira es otro aspecto del deseo; cuando se impide el cumplimiento del deseo éste se convierte en ira, por la tanto en el texto el verbo está en singular. En realidad, la base de toda atadura de este mundo es el deseo. Y mientras uno tenga aunque sea un vestigio de deseo, no puede ir más allá de los pares de opuestos. ¿Por qué sucede eso? ¿Por qué uno no puede deshacerse del deseo? No es que todos no puedan hacerlo. Por el contrario, es sabido que algunos se han liberado rompiendo la cadena del deseo. Pero son muy pocas las personas que pertenecen a esta clase.
La mayoría de la humanidad viene a la tierra debido al impulso de ese deseo, que ellos habían abrigado durante las vidas anteriores. Generalmente buscamos felicidad y solaz en lo externo, afuera de nosotros, por ser sujetos a nuestras pasiones y deseos. Los sankhias, psicólogos hindúes de antaño, dicen que la creación o el universo es un producto del desequilibrio de los tres elementos constituyentes de la Prakriti o Naturaleza. Ellos los llaman gunas. Estos tres gunas existen en todo lo creado, tanto en el ser humano como en cualquier otra cosa viviente; pero son perceptibles, por las cualidades que ellos engendran, de una manera más clara, en el hombre. Cada uno de estos gunas tiene sus peculiaridades; cada uno produce en un ser viviente ciertas inclinaciones.
El Bhagavad Guita en su decimocuarto capítulo describe detalladamente la influencia de cada uno de ellos: «Sattva, rayas v tamas son los tres gunas que se originan de la Prakriti. Atan al ser inmutable que mora en el cuerpo. El sattva siendo sin mácula, es brillante y tranquilo; sin embargo ata al ser por su apego a la felicidad y al conocimiento.» La felicidad y el conocimiento a que se refieren aquí no son los más elevados sino los de este mundo objetivo, por ejemplo, la felicidad que uno siente contemplando un panorama natural de paisajes, oyendo música y cosas por el estilo y el conocimiento de lo múltiple. Esta felicidad y ese conocimiento no lo llevan a uno hacia Dios, aunque estén en un nivel más alto que los de la gente común. El apego a esa clase de felicidad y conocimiento, a pesar de ser más finos, ata al hombre al mundo.
El Bhagavad Guita continúa: «Sabe que el rayas es de la naturaleza de la pasión, la fuente de la sed y el apego; ata fuertemente al ser encarnado por el apego a la acción.» Aquí «sed» se refiere al deseo por cosas no adquiridas. Sabemos que no hay saciedad de esa sed. Pensamos que logrando tal o cual objeto estaríamos satisfechos. Con ese motivo trabajamos duramente, pero tan pronto lo logramos la mente sugiere otro 3 objeto más brillante, más atractivo como meta. ¿Acaso obteniéndolo el objeto más brillante, más atractivo como meta. ¿Acaso obteniéndolo el hombre queda satisfecho? No. Su búsqueda sigue sin parar. Es así como el rayas impele al ser humano a meterse en el torbellino de la actividad. «El tamas. – dice Sri Krishna,- es producto de la ignorancia, que ilusiona todos los seres y sometiéndolos al error, pereza y sueño, los ata fuertemente.» El que está bajo la influencia de este guna ve todo al revés: toma lo transitorio por lo eterno, lo malo por lo bueno y así por el estilo, Sri Ramakrishna compara a esos gunas con ladrones, porque todos ellos privan al hombre de su facultad de discernir y le ocultan la Verdad. Para explicar eso, el Maestro relata una historia: «Cierta vez un hombre pasaba por un bosque cuando tres ladrones lo asaltaron y le robaron todo lo que tenía. Uno de ellos diciendo: ‘¿De qué sirve dejarlo con vida?’ estaba por matarlo con su espada cuando el segundo ladrón lo detuvo diciendo: ‘¡Oh no! ¿De qué sirve matarlo? Átalo de pies y manos y déjalo aquí.’ Luego los ladrones hicieron eso y se fueron. Después de un rato, el tercer ladrón volvió y dijo al hombre: ‘Ah, lo siento. ¿Está Ud. lastimado? Le voy a soltar las ataduras.’ Luego de liberarlo, el ladrón le dijo: Venga conmigo.
https://estudantedavedanta.net/Textos_de_SParatparananda_espanol.pdf





