Dulce María Loynaz Muñoz, poetisa y novelista cubana, nació el 10 de diciembre de 1902 en La Habana, en el seno de una familia acomodada de ascendencia vasca, cuya educación fue netamente privada hasta que asistió a la Universidad de La Habana donde se doctoró en derecho (1927); ejerció la abogacía hasta 1961, a la vez que se dedicaba a la literatura.
A los 17 años empezó a publicar sus primeros poemas, “Invierno de almas” y “Vesperal”, en el diario La Nación y continuó hasta 1938. En 1929 realizó un viaje con su madre y su hermana por el Medio Oriente y Egipto, tras el cual escribió “Cartas de amor al Rey Tut-Ank-Amen”. También recorrió SudAmérica y Europa y escribió crónicas de los viajes.
Su amistad con García Lorca y su esposo de origen canario, la vincularon estrechamente con España, su segunda patria, a la que dedicó buena parte de su obra y del que recibió calidez y honores. Fue declarada hija adoptiva de Puerto de la Cruz, Canarias, y la Universidad de Salamanca le otorgó la cátedra Fray Luis de León.
Tras la revolución castrista hizo silencio entre “Últimos días de una casa” (1958) y “Poemas escogidos” (1984). En su obra la conexión con la naturaleza, con los otros y con los objetos se manifiesta constantemente, así como la melancolía, el intimismo, la sutileza y la ternura. Supera la veintena de volúmenes, 13 poemarios, novelas y otros géneros, y ha sido traducida a diversos idiomas.
La novela “Jardín” (1951), de tinte autobiográfico, combina recuerdos, sentimientos, sueños e imaginación, recursos típicos del realismo mágico utilizados por muchos autores posteriores. Por ello se le considera precursora de la novelística hispanoamericana.
Miembro de las Academias cubanas Nacional de Artes y Letras y de la Lengua, y de la Real Academia Española, recibió numerosas distinciones entre otras los premios Nacional de Literatura y Cervantes.
Falleció el 27 de abril de 1997 en La Habana.





