Dice Roland Barthes: «El Punctum de una fotografía es ese azar que en ella me despunta, surge de la escena como una flecha que viene a clavarse y despierta mis sentimientos. Puede llenar toda la foto, aunque generalmente es un detalle que deviene de algo íntimo y a menudo innombrable.
Desde ese ideal surge esta sección fija del UpaniNews:
impresión interna de una imagen ya fijada
en el archivo infinito de la memoria consciente.
Sai Baba: dios por decisión
Mataji Shaktiananda
¡Qué Michael Jackson o Lenny Kravitz, ni siquiera Chadwick Boseman, recién en los cielos de los olimpos humanos, más cercanos a los pantallezcos escenarios de hoy en día. Tal cual me dije, cuando en el ejercicio visual de búsqueda me asaltó tan brutalmente esta imagen. Nadie, ninguno, con tan divina frontalidad y tan invaluable tarea.
En esta imagen luce como un “starsystem”, sin serlo ni quererlo. Se oye casi su melodía muda que empieza en sus ojos, se expande en el “afro” incipiente, de espeso negro y templados cabellos, pasa por sus labios entreabiertos que musitan dulzura. Por el cuello decanta un jardín colgante de guirnaldas para dejarlo expuesto en su frágil cuerpo, el que más tarde inmortalizó en túnicas naranjas -al talle- que lo mostraban casi en levitación, para resguardar esos pies que abrieron un camino expedito hacia uno mismo. Tal encanto lo sitúa sobre la piel de tigre, símbolo de la victoria y el dominio sobre sí mismo, como al dejo sin serlo, Sai Baba de Shirdi, en la antológica remembranza de sí mismo. Vidas pasan, vidas quedan, vidas vienen.
A Sai Baba lo elegí como mi primer dios encarnado, a conciencia. Desde allí fui a su encuentro, que terminó siendo hacia el mío. Desde hacía mucho tiempo gente cercana lo habían reconocido, pero como mujer de poca o ninguna fe, en ese entonces, no reduje las tensiones generadas ni siquiera por sueños y manifestaciones. El solo hecho de estar ante su presencia me produjo lo previsto: entrega en rendición, devoción y amor eterno. Este 23 de noviembre se conmemora su Jayanti, su calendario se detuvo terrenalmente a los 84 años. Om Sai Ram!







Le agradezco por compartir su experiencia, gracias por permitirme recordarlo.
Un ser que me impactó con su ejemplo y la forma tan peculiar de instalarse el corazón.
De nuevo Gracias.