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Mirada Interna

REALIDAD, GUERRA Y HARTAZGO DIGITAL

upaninews · 5 de marzo de 2026 · 3 min de lectura

REALIDAD, GUERRA Y HARTAZGO DIGITAL

Hay mucha desnutrición en el sistema, y que conste, no hablamos de nutrientes ni de indicadores de buena y mala alimentación. Aquellas virtudes que nos permitían refinar la conciencia, hoy han quedado apretujadas, encofradas en el magma del “nada es” verdadero, sino aquello que entra en el carrusel del algoritmo. Lo más delicado del asunto, es la construcción de una cadena de principios, interpretaciones o fórmulas según la cual, una cosa precede a la otra. ¿Qué cosa es esa que enmascara a la realidad de tal manera que si podríamos conocerla, no podríamos desmontar su propósito? Sí, el hartazgo digital precede a la realidad. Al estado al que llegamos. ¿Dónde termina la ficción y comienza lo verdadero?

Cafés, restoranes y afines, están repletos de personas que interactúan más con el celular que con quienes tienen al frente. Y es que, quienes están al frente, también disponen del móvil. Todo, disruptivamente placentero. Juego y simulación de disfraces. Son los estragos de esa especie de droga epigenética, porque si bien no es un compuesto químico, es una poderosa armadura de modificación intelectiva. Si todo es energía, las cotas vibracionales de esas frecuencias son bajas. Es la muerte del logos, y paradójicamente, la ratificación del hombre racional-digital. No hay memoria, solo descomposición del alma. Lo que no es, define lo que es. Y punto.  

El contubernio es angustiante, desespera, sin embargo, hay que elevarse. Reconocer el mal y limitarlo al extremo. Ante esa caverna de Platón a la inversa, ya que la cripta digital es la realidad terrena, y el sujeto que proyectaba las sombras, se metamorfosea en el algoritmo, el fin último es que participes de la mecanización del entusiasmo. Lo inauténtico marcha triunfante. No hay cisnes negros. Nada es raro ni sorprendente ni impactante. Las redes se encargaron de modular lo aterrador.

El simulacro no deambula, se instaló. Y se aloja allí, donde usted decida. Desde su parafernalia cognitiva hasta donde el libre albedrío no termine por condenarlo. Ernesto Sábato llegó a decir que aceptar la vida es aceptar la existencia del mal; quizás ese mal preconstruido, predeterminado bajo el sopor de las redes. Obvio que su naturaleza es más vasta. Estamos en presencia de un secuestro de la intuición. Es decir, tu presentimiento queda fuera de toda percepción de la verdad.

En ese escarpado relato de mentiras adocenadas, se yergue el juego de las armas nucleares, del impaciente rol armamentista, de la falsa cordura de los organismos internacionales, del equilibrio del horror, a pesar del horror, porque víctima y verdugo se confunden en el ignominioso pegamento digital o virtual. No es asesinando a un líder religioso ni convirtiendo una geografía en tierra quemada como vamos a sembrar la consciente reciprocidad como valor de progreso. El interés por la paz ha quedado desdibujado en una realidad que se niega a sí misma.

Poder y arrogancia conducen al hegemón a imponer su inconsciencia. De esos dominios surge el odio que es una categoría muy apetecible en las redes. Cuando el odio te abrasa, el resentimiento ocupa el terreno de las ideas. No hay un ser que padece, solo un sujeto que ha renunciado al bien. Impulso y repulsión. La facultad racional ha perdido su brújula, sin embargo, nada agobia tanto al ser racional, como lo irracional.

¿Puede lo racional atraer nuevamente al ser al campo de la decencia humana? Todo dependerá de dos cosas: nivel de conciencia y qué entendemos por decencia humana. Nadie honra, nadie repara, nadie hace justicia. Eso que denominan piso mínimo de respeto son arenas movedizas. Donde hay un empeño por la autodestrucción y el aniquilamiento del otro, la obstinación se convierte en un deporte universal.

Cierto, hay guerras de guerras. Unas condicionan el alma, opacan el espíritu y asesinan la conciencia. Otras destruyen la materia. Son todo un espectáculo. Reducen el capital humano. El despojo hecho recuerdo. Memoria. Las primeras, Baudrillard las definió como guerra limpia, guerra blanca, guerra programática. “Más mortífera que la que sacrifica vidas humanas”.

  • digital
  • Guerra
  • Juegos
  • simulación

2 comentarios

  • Valky Fierro

    5 de marzo de 2026

    ONS, Gracias !

  • Cristóbal

    6 de marzo de 2026

    Completamente impresionado por esta editorial del mes. Decidora, clarificante.
    Pone en palabras lo que he estado sintiendo y reflexionando desde hace un tiempo.
    Me deja pasmado leerlo aquí, así.
    Pues me invita de nuevo a preguntar, ahora a viva voz(letra): «¿Entonces, qué hacer? ¿Qué ser?

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