El hombre se hace su propia realidad porque lo que mide lo mide a través de la experiencia. Sus actos lo definen. Circunstancias que no solo crean su destino, sino que también impregnan su mente y sentidos con una forma específica de percibir la realidad, la cual, con la repetición del acto y pensamiento, se va sujetando y enraizando en los modelos de creencias que sostiene. Luego aparecen los comportamientos repetitivos, los cuales crean un sentimiento de coherencia interna frente a sus paradigmas existenciales. Estos no necesariamente generan paz interior y bienestar común.
Estas realidades y circunstancias marcan un sentido de avance o retroceso en la existencia de cada alma desde un punto de vista espiritual más que material, ya que, cuando hay deseos, la realidad te desplaza por completo. Dificulta el logro del objetivo. Es probable que surja, por apego al resultado, la desesperanza. Esto porque hemos construido modelos socio culturales donde depositamos nuestro bienestar en el exterior. Es entonces cuando afloran contextos difíciles de superar, abandonándonos en profundas crisis existenciales que golpean nuestra autoestima. En este sentido, lo más fácil es claudicar.
De alguna manera el sistema social que vivimos está diseñado para enredarnos en nuestras propias miserias y presentarnos diversas alternativas para aplacar el dolor. Así enviciamos nuestra conducta a través de la idea del consumo que enfoca la atención a lo externo y nos enreda en un círculo interminable de apegos y deseos, aprisionándonos en demandas e insatisfacciones cada vez mayores.
Un ser acoplado, debidamente despierto, con su conciencia clara en relación con su yo interno, es difícil que se vea superado por el abatimiento, más porque sabe que su realidad surge de sí mismo, por lo que decide valientemente deslastrar todo impedimento imaginario que no le permite disfrutar plenamente de su presente, más allá de su propia circunstancia existencial.
El Universo, como lo indica El Quybalion, está sujeto a la Ley del Ritmo, “todo sube y refluye, todo tiene sus periodos de avance y retroceso, todo se mueve como un péndulo, la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda, el ritmo es la compensacion”, por lo que el ser despierto busca, a través de la alquimia mental, contrarrestar sus efectos y situarse en su propia armonía interna y universal, más allá de las condiciones externas de vida.
Eso no significa falta de sensibilidad ante las vivencias de uno mismo o de otro individuo, sino cabal entendimiento de este principio a través de la aceptación del presente y el trazo interno de nuevas percepciones de la vivencia, lo cual alimenta sentimientos que pronto serán puestos en acción.
Allan Kardec, filósofo francés y fundador de la doctrina del espiritismo, nos acerca una visión muy clara sobre nuestra existencia y el porvenir. Nos habla sobre la idea de un presente usado inteligentemente para erradicar nuestras imperfecciones, ya que estas son el origen de nuestros sufrimientos. En la actualidad se vectoriza hacia la idea de posesión y disfrute sensorial, distrayendo la atención y confundiendo nuestro estadía en este plano.
Por lo tanto, conviene siempre la indagación y enfrentamiento propios, para descubrir cuáles son los orígenes mentales que aún nos posicionan en aquel fatídico sentimiento que conlleva la pérdida de fe y confianza en uno.






Bellísimo texto, nos enriquece el Alma.
Nos permite degustar cada palabra en ntro. Corazón.
La mente deja paso al 🩵 porque su estrés ( la de su intelecto) esta superado.
Amo estos análisis. Gracias Gracias Gracias !