La icónica película de ciencia ficción, 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick (1968), sintetiza visualmente, en las primeras escenas, el hecho de que desde los albores de la humanidad los individuos han estado en conflictos entre sí por los recursos disponibles para su supervivencia.
En la parte final del primer segmento de la película, uno de estos parientes de Lucy toma un hueso y, al manipularlo, observa cómo puede golpear otros huesos. Al darse cuenta de esto el homínido entra en un estado de euforia destructiva contra todo cuanto estaba a su alcance. Pareciera que Kubrick acompaña esta dramática escena con la música de la obra de Richard Straus “Así hablaba Saratustra”, inspirada en el libro del mismo título del filósofo alemán F. Nietzsche, con la intensión de ironizar el poder de la violencia como camino hacia la supremacía del hombre sobre el hombre, en lugar de la del hombre sobre sí mismo como lo vislumbraba el filósofo.
Esta tendencia ancestral del ser humano hacia el conflicto no es de su exclusividad sino que la podemos encontrar como parte de la dinámica natural de la creación a todos los niveles. El día entra en conflicto con la noche, el frío con el calor, el león con el antílope, la alondra con la hormiga, el meteorito con los planetas y los devas con los asuras.
El ser humano, en su estado ordinario de conciencia, no ha logrado superar la dinámica del conflicto inherente al plano físico, al mundo material, a la dualidad. Su inconsciencia de la unidad inmanente que sustenta la creación y su identificación con el ego lo hace convertirse en el peor enemigo de su especie. Prueba de ello es que el número de personas que mueren como consecuencia de catástrofes naturales se sitúa en la última década en un promedio de 10,000 personas al año mientras que las que mueren por la violencia humana rondan los 4,4 millones en el mismo periodo.
Si a estos decesos producto de conflictos entre individuos aunamos los que el ser humano genera debido a sus nocivos hábitos de vida, su agresión al medio ambiente, etc., no queda duda alguna de que el hombre es el peor enemigo de sí mismo.
Y sin embargo podría ser su mejor amigo.
La destreza y el conocimiento humano para solventar las necesidades fundamentales de subsistencia, salud, habitabilidad, etc. nunca antes habían alcanzados niveles tan altos en este ciclo evolutivo de la humanidad. Los recursos para hacer del planeta un verdadero paraíso terrenal existen, lo que escasea es el nivel de conciencia colectiva para lograrlo.
El “anhelo de conflicto” que tiene atrapada a la humanidad tal vez solo puede ser superado despertando la empatía y la compasión en cada uno de nosotros. La empatía, nuestra capacidad de ponernos en el lugar del otro y sentir sus emociones, da lugar a la compasión cuando esos sentimientos despiertan el impulso de hacer algo respecto al sufrimiento humano.
El Dalai Lama en una ocasión señaló que la verdadera compasión no es solo una respuesta emocional, “sino un compromiso firme basado en la razón, por ello la verdadera actitud compasiva hacia los demás no cambia aun cuando su comportamiento no sea el más adecuado o el que esperamos, porque está basada en las necesidades del otro independientemente de si es amigo o enemigo, mientras exprese sus deseos de aliviar su sufrimiento y conseguir la paz y la felicidad.”
Sin embargo, nos advierte que “no es suficiente pensar que la compasión es importante. Se requiere transformar nuestros pensamientos y conductas en la vida diaria a fin de cultivar la compasión sin apegos.”
Ante la opción de rezar por la resolución de los conflictos en lugar de asumir el arduo trabajo del despertar de conciencia, veamos que nos dice Ramana Maharshi sobre la efectividad de la oración por el beneficio del mundo o de los demás:
“Oran a Dios y terminan con un ‘¡Que así sea!’. Pero si Su Voluntad será cumplida, ¿para qué rezar en primer lugar? (…) ¿Por qué rezas? Porque tú mismo te sientes perdido y quieres que el Poder Supremo te ayude. Bien, pero, ¿no conoce ya tu Creador y Protector tu debilidad? ¿Debes pasear tu debilidad para que Él la conozca? (…) En cuanto a la oración, un hombre realizado no ve a los demás como distintos de sí mismos. ¿Cómo puede rezar en absoluto, a quién y para qué? Su presencia misma es la consumación de la felicidad para todos. Mientras pienses que hay otros distintos de ti mismo, orarás por ellos. Pero este sentido de la separación es ignorancia”.
Fuentes consultadas
https://www.youtube.com/watch?v=ypEaGQb6dJk&t=186s
https://es.statista.com/estadisticas/642560/muertes-ocasionadas-por-desastres-naturales-a-nivel-mundial
https://www.who.int/teams/social-determinants-of-health/injuries-and-violence#:~:text=Injuries%20and%20violence%20take%20the,nearly%208%25%20of%20all%20deaths. https://www.academia.edu/41560214/Sabidur%C3%ADa_y_compas%C3%B3n





