Este libro es un tributo a Sri Aurobindo (1872-1950) redactado por uno de sus discípulos más aventajados, el francés Bernard Enginger, mejor conocido con el seudónimo de Satprem, y que pasó muchos años en el Ashram de Auroville, en India. Explica que la vida no necesita nada para ser, ella es, a través de todos los tiempos, de todos los lugares, y es realmente todo el enigma del universo. Algo así como una sonrisa imperceptible. Y toda esta alegría denominada Sat-Chit-Ananda, Existencia-Consciencia-Alegría, es una tríada eterna que somos nosotros, secreto que corresponde descubrir y experimentar a través de nuestro largo viaje evolutivo.
Consciencia-Fuerza, Consciencia-Alegría
Al descubrir la consciencia habremos descubierto que es una fuerza. El hecho en verdad notable es que comenzamos por percibir una corriente o una fuerza interior, antes de advertir que se trata de una consciencia. La consciencia es una fuerza, «consciencia-fuerza», dice Sri Aurobindo, porque, en realidad, los dos términos son inseparables y se pueden convertir uno en otro. La antigua sabiduría de la India conocía perfectamente este hecho y no hablaba nunca de consciencia -Chit- sin agregar el término Agni, calor, llama, energía, Chit-Agni (a veces también se emplea la palabra Tapas, que es sinónimo de Agni: ChitTapas).
El vocablo sánscrito que designa las diversas disciplinas espirituales o yogas es tapasya, es decir, lo que produce calor o energía o, con mayor exactitud, la consciencia-calor o la consciencia-energía. Y este Agni o Chit-Agni es el mismo en todas partes.
Nosotros hablamos de Fuerza descendente o de Fuerza ascendente, o de fuerza interior, o decimos fuerza mental, fuerza vital, fuerza material, pero no hay muchas clases de fuerza, no hay sino una Fuerza en el mundo, una sola corriente única que pasa por nosotros y por toda cosa y que, según el nivel en que opere, se reviste de una substancia o de otra. Nuestra corriente eléctrica puede alumbrar un tabernáculo o un tugurio, una sala de estudio, un refectorio, y no por ello deja de ser la misma corriente, aunque ilumine objetos diferentes.
Del mismo modo, esta Fuerza o este Calor -Agni- no deja de ser la misma, ora anime o alumbre nuestro retiro interior, la fábrica de nuestra mente, nuestro teatro vital, o nuestro antro material; se reviste de nivel en nivel de una luz más o menos intensa y de vibraciones más o menos pesadas -supraconscientes, mentales, vitales, materiales-, pero es ella la que lo cohesiona todo, la que todo lo anima; ella, la substancia fundamental del universo: Consciencia-Fuerza, Chit-Agni. Si es verdad que la consciencia es una fuerza, cierto es también, a la inversa, que la fuerza es una consciencia y que «todas las fuerzas son conscientes».
La Fuerza universal es una Consciencia universal. Esto es lo que el aspirante descubre. Cuando ha entrado en relación con esta corriente de consciencia-fuerza en él, puede situarse en no importa cuál nivel de la realidad universal, no importa en qué punto, y percibir, comprender la consciencia que allí se encuentra, o aun actuar sobre ella, porque en todas partes está la misma corriente de consciencia con modalidades vibratorias diferentes, así en las plantas como en las elucubraciones de la mente humana, así en el supraconsciente luminoso como en el instinto de los animales, en el metal o en nuestras hondas meditaciones.
Si el trozo de madera fuese inconsciente, el yogui no tendría poder para desplazarlo por medio de su concentración, porque no tendría con él ningún punto de contacto. Si un solo punto del universo fuese del todo inconsciente, el universo entero sería del todo inconsciente, porque en el universo no puede haber dos cosas. Einstein nos ha enseñado -y ello es en verdad un gran descubrimiento- que la Materia y la Energía pueden convertirse la una en la otra: E = mc 2 , la Materia es la Energía condensada. Nos queda por descubrir prácticamente que esta Energía, esta Fuerza, es una Consciencia, y que la Materia también es una forma de consciencia, como la Mente es una forma de consciencia, como lo Vital o el Supraconsciente son otras formas de consciencia.
Cuando hayamos encontrado este Secreto, la consciencia en la fuerza, tendremos el verdadero dominio -un dominio directo de las energías materiales. Mas nosotros no hacemos sino descubrir antiquísimas verdades; hace cuatro mil años ya sabían los Upanishads que la Materia es la Energía condensada, o, más bien, Consciencia-Energía condensada: «Por la energía de su consciencia, Brahmán se ha comprimido; de esto ha nacido la materia, y de la Materia la Vida, la Mente y los mundos» (Mundaka Upanishad I.1.8).
Y todo es Consciencia aquí abajo, porque todo es el Ser o Espíritu. Todo es Chit, porque todo es Sat -Sat-Chit- en diversos niveles de Su propia manifestación. La historia de nuestra evolución terrestre es, finalmente, la historia de una lenta conversión de la Fuerza en Consciencia o, con más exactitud, un lento llamamiento a la memoria de sí, de esta Consciencia sumergida en su Fuerza. En las primeras fases de la evolución, la consciencia del átomo, por ejemplo, es absorbida por su remolino, como la consciencia del artesano es absorbida por la pieza que labra, olvidada de todo lo demás, como la planta es absorbida por su función clorofílica, como nuestra propia consciencia es absorbida por un libro o un deseo, olvidada de todos los demás niveles de su propia realidad.
En suma, todo el progreso evolutivo se mide por la capacidad que tiene el elemento consciencia para soltarse o desengancharse de su elemento fuerza; esto es lo que hemos llamado individuación de la Consciencia. En la fase espiritual o yoga de nuestra evolución, la consciencia se halla totalmente desprendida, despegada de sus torbellinos mentales, vitales y físicos, y, dueña de sí misma, es capaz de recorrer toda la escala de las vibraciones de consciencia, desde el átomo hasta el Espíritu; la Fuerza se ha convertido totalmente en Consciencia, se ha recordado totalmente de sí misma.
Y recordarse de sí es lo mismo que recordarse de todo, porque es el Espíritu en nosotros el que se recuerda del Espíritu en todas partes. Simultáneamente, a medida que la Fuerza recobra su Consciencia, recobra el dominio de su fuerza y de todas las fuerzas, porque ser consciente es ser poderoso.
El átomo que gira o el hombre que sigue la ronda biológica y que sufre en su fábrica mental, no es dueño de su fuerza mental, de su fuerza vital, de su fuerza atómica; ese hombre no hace sino girar de continuo, en tanto que en la fase consciente, somos libres y dominadores; entonces comprobamos tangiblemente que la consciencia es una fuerza, una substancia que se puede manipular como otros manipulan óxidos o campos eléctricos:
«Si se comienza a percibir la consciencia interior – dice Sri Aurobindo- se puede hacer de ella toda clase de cosas: enviarla al exterior en la forma de corriente de fuerza, trazar un círculo o un muro de consciencia en torno de sí, dirigir una idea para que penetre en el cerebro de alguien que se encuentre en América, etc.» Y aun agregaba: «Que esta fuerza pueda producir resultados tangibles en el interior tanto como en el exterior, es el sentido mismo de la consciencia yóguica… Si no hubiésemos experimentado miles de veces que el Poder interno puede modificar la mente, desarrollar sus capacidades, y agregarle nuevas, descubrir otros estratos de consciencia, dominar los movimientos vitales, cambiar el carácter, influir sobre los hombres y las cosas, ejercer autoridad sobre el funcionamiento y el estado del cuerpo, modificar los acontecimientos… no hablaríamos de ello en estos términos. Por otra parte, no sólo por sus resultados, sino también por sus propios movimientos es tangible y concreta la Fuerza.
Cuando yo hablo de «sentir la Fuerza o el Poder», no quiero referirme simplemente a tener de ello un vago sentimiento, sino sentirla concretamente y, por lo tanto, ser capaz de dirigirla, de manipularla, de vigilar sus movimientos, de ser consciente de su masa y de su intensidad, y lo mismo respecto de todas las demás fuerzas que puedan oponerse a ella». En una fase ulterior veremos que la Consciencia puede actuar sobre la Materia y transformarla. Esta última conversión de la Materia en Consciencia, y un día acaso de Consciencia en Materia, es el objeto del yoga supramental de que más adelante hablaremos.
Pero en el desarrollo de la consciencia-fuerza existen muchos grados, desde el aspirante que se despierta al impulso interno hasta el yogui; y aun entre tales grados hay numerosos escalones. Aquí es donde la verdadera jerarquía comienza. Existe una última equivalencia. No sólo la consciencia es fuerza, no sólo la consciencia es ser, sino también alegría, Ananda -Consciencia-Alegría, Chit-Ananda-, Ser consciente es la alegría.
Cuando la consciencia se ha liberado de las mil vibraciones mentales, físicas y vitales que la absorben, entonces se descubre la alegría. Todo el ser se halla corno henchido por una masa de fuerza viviente («como un pilar bien formado», dice el Rig-Veda V.45), cristalino, sin movimiento, sin objeto -consciencia pura, fuerza pura, alegría pura, porque es la misma cosa-, una alegría sólida, una substancia de alegría, vasta, apacible, que parece no tener ni principio, ni fin, ni causa, que también parece hallarse por dondequiera, en las cosas, en los seres, ser su secreto fundamento, su secreta necesidad de crecer; nadie quiere dejar la vida porque está en todas partes.
https://www.formarse.com.ar/libros/libros_gratis/inspiradores/sri_aurobindo_aventura_consciencia.pdf






Om Namah Shivaya. WoW me ha inundado esa fuerza al leer el artículo y no es broma, así lo ha transmitido. Motivador, denso y didáctico al mismo tiempo. Estoy muy agradecida por su esfuerzo en plasmar ésta pincelada de sabiduría pura. Gracias🙏✨