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Consciencia

UN PASO AL FRENTE

Rafael Giordanelli | Sky Venezuela · 15 de mayo de 2025 · 4 min de lectura

UN PASO AL FRENTE

El péndulo marca el equilibrio del movimiento, izquierda derecha, o si se quiere adelante y atrás. En un mundo de esferas, esta línea oscila en círculos que, por el mismo movimiento continuo, se ensanchan en cada giro, dibujando un espiral. En términos relativos, hablamos de evolución, involución, revolución.

Una brújula señala los polos. Las estrellas, desde siempre, han guiado a los navegantes. El horizonte sigue siendo una promesa, porque a pesar de llegar, siempre existirá[R1]  un más allá. Después de la creación, viene el viaje. De hecho, el segundo libro de la Biblia, después del Génesis es el Éxodo. Así  se movilizó Moisés, Colón, Marco Polo, Alejandro  y así llegó el hombre a la luna.

Es importante ser consciente de los tiempos dentro del espacio que habitamos. Hay momentos para caminar y momentos para detenerse y volver a comenzar. Tiempos de búsqueda, tiempos de encuentro y tiempos de cambio. Iniciación, realización y reinicio. ¿Pero quién o qué determina el momento del cambio? Factores externos y factores internos se conjugan, quizás motorizados por una energía superior que no cambia sino que transforma. Una eterna y absoluta  fuerza impulsadora, sostenedora y destructora.

El nomadismo y el sedentarismo han existido y existirán siempre, pues obedecen a los dos estadios del hombre que lo llevan al cambio. Desde los primeros desplazamientos de los homínidos de África, los primitivos nómadas, las invasiones bárbaras entre los años 300 y 500 en Europa, las grandes movilizaciones en todos los tiempos, el concepto moderno del principio gregario, hasta las migraciones internacionales actuales.

El ser humano a lo largo de la historia, se ha movilizado huyendo de la hostilidad, en busca de las fuentes que resguardan y aseguran su vida y la de los suyos y una vez que las encuentra, las conquista, se instala y se integra, hasta que, generalmente por mal uso y abuso, las agota y se agota, es cuando se ve amenazado por la siguiente oleada humana dispuesta a recuperarlas, se reinicia entonces, la batalla por la supervivencia. Esto, elevado a una potencia mayor puede colapsar, ameritando otro tipo de intervenciones mayores y ajustadoras que culminarán con el fin catastrófico de un ciclo, seguido de  un letargo sin testigos, solo cenizas a la espera de un nuevo amanecer, en la esperanza  de una posibilidad, un oportunidad más, una era más.

Estamos vivenciando en nuestros tiempos de globalización, una de las más grandes oleadas migratorias que el planeta haya visto. Un intenso hormigueo pulula en todo el globo, miles y millones de seres escapan de la tiranía, del hambre, la pobreza, la guerra de sus propios países en busca de refugio en otros territorios, a pesar de saber que se encontraran con culturas absolutamente distintas y extrañas a sus propias idiosincrasias, costumbres, lengua.

Naciones que generalmente los repelen. Dejan atrás la tierra que los vio nacer y crecer, con la esperanza de iniciar una nueva vida, en condición marginal, convirtiéndose generalmente en un serio problema para el país receptor, que se debate entre proteger sus fronteras o sensibilizarse ante los derechos humanos. Enfrentando ahora, auténticas invasiones, que no transculturización, culminando en xenofobia. En el intento, al margen de la esperanza, muchos de estos hombres, mujeres y niños no lo logran y mueren.

Ante la batalla de las potencias por el dominio el geopolítico ¿Son en realidad estos los tiempos de huida o por el contrario de resistencia, lucha y defensa territorial? ¿Estamos asistiendo a la destrucción sistemática de un orden para reconstruir otro orden?

En otra instancia, una necesidad inexplicable, un llamado lejano hace que, aún el hombre civilizado, haya sentido desde siempre, un llamado espiritual a peregrinar, a movilizarse solo o en grupo buscando sus caminos santos, sus lugares de culto, su tierra prometida, su Meca, su Shangri Lah. Antiguos y míticos relatos de retiros en los confines de los bosques.  Ascetas meditando en cuevas lejanas. Un impulso inevitable de subir  montañas y escalar empinados picos que se levantan desafiantes, retándole a alcanzar su cima, en busca de nada, o quizás del todo, de sí mismo.

Pero la verdadera movilización y peregrinaje es interno. La energía que dio vida a nuestro ser, a lo que somos y también al cuerpo y sistema que poseemos proviene de regiones inimaginables, expelida por fuerzas cósmicas, nos sostiene en pie, sobrellevados de forma espontánea. Somos viajeros, inconscientes de nuestra propia bitácora y de nuestra misión de tomar el relevo, el timón, recoger los tesoros e iniciar el viaje de regreso a casa con el botín.

Casi toda nuestra potencialidad duerme aletargada dentro de nuestro propio cuerpo, el cual funciona elementalmente y muy por debajo de la capacidad funcional de su diseño y propósito. El propio despertar, la autorrealización, no es más que el peregrinaje interno de esa fuerza, la movilización consciente de esa energía en busca de su fuente original. Es la aventura de Ulises, su viaje, sus misiones y su retorno a Ítaca.

Es el viaje del héroe, al que el ser humano, eterno alquimista, está predestinado, tarde o temprano a emprender.

Fuentes:
 [R1] https://www.worldhistory.org

2 comentarios

  • Conchita

    16 de mayo de 2025

    ¡Excelente, excelente! Este artículo es un poema que me empuja a reflexionar y reflexionar, comprender y poner manos a la obra.

  • Adriana

    17 de mayo de 2025

    muy bueno

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