Nos toca convertirnos en seres emancipados y una de las características de esa mutación es entender el significado de nuestros sentidos, esencialmente, sus valores espirituales, colocando a un lado la corporeidad, el cuerpo físico, emocional, mental y todas las variantes que surgen de esa materia.
Como señala Shankara en La joya del discernimiento (Viveka Chudamani): “Este cuerpo es la envoltura material que ha crecido como producto del alimento, del cual se vale para seguir manteniéndose hasta que decae y muere; es una masa constituida por piel, carne, sangre, huesos y otras cosas sucias, por lo cual este cuerpo jamás podrá ser esa esencia autosuficiente y eternamente pura que llamamos el Atman”.
Nuestros sentidos, acoplados –vista, oído, tacto, gusto y olfato- y en sintonía con la consciente tarea de fomentar una disciplina espiritual, comprenderá lo que dice en la Eclesiastés, las palabras de Qohelet: “El ojo no terminará de ver, el oído nunca terminará de oír, pero lo que pasará es lo que ya pasó, y todo lo que se hará ha sido ya hecho. No hay nada nuevo bajo el sol”.
Los sentidos nos conducen, nos confrontan, y si estamos despiertos, nos trasladan a otras esferas de entendimiento. A las realidades cósmicas no tangibles, desconocidas por nosotros, pero que contenemos. No hay piezas sueltas en esa singularidad divina que es el alma. La sutil esencia de los tanmatras, tierra, aire, fuego, agua y éter, forman los cinco sentidos, y estos a su vez, crean un apego, el cual es decisión impostergable no esclavizarse, ya que como muy bien dice Shankara, “los efectos causados por los objetos de los sentidos son más perjudiciales que el veneno de una cobra”.
De allí la importancia del viaje interior a los sentidos, de corresponder a la noción de amor con más amor. El sujeto experimentador recorre y es recorrido por esos dominios, hasta que los mitiga y dulcifica, con la belleza e inteligencia de su entrega en luz. El itinerario espiritual es una batalla sin tregua contra los sentidos, porque uno de los propósitos es la lealtad con uno mismo, en pensamiento, palabra y acción.
Ese autoconocimiento es verdad pura, y es fundamental para saber dónde estamos sumergidos con nuestros sentidos, y qué hemos hecho con ellos, pues si somos capaces de saber mirar donde los demás no miran, oír más allá del aplastante espectro de lo cotidiano, de sentir la gracia donde antes percibíamos miseria, hemos desatendido a los desafiantes y siempre tentadores sacerdotes de la ceremonia, como solía llamarlos Shankara.
Los simbolismos sensoriales son aspectos a considerar en este inmenso lugar donde igualmente se debate no pocas categorías sociológicas y antropológicas de los sentidos, incluyendo la espiritual, místico y religioso. Cada fuerza, cada energía obedece a su propia naturaleza, orienta un estado de dicha, aunque el hombre luego comete un error al identificarse con el cuerpo.
Constace Classen, antropóloga e historiadora cultural, estudiosa de la historia de los sentidos, se refirió a que la vista puede estar vinculada con la razón o la brujería, “el gusto puede ser utilizado como una metáfora de la diferenciación estética o la experiencia sexual, un olor puede significar la santidad o el pecado, el poder político o la exclusión social”. Simbolismos más, simbolismos menos, lo determinante es estar convencidos de que la vida interior debe tener concordancia con la exterior, y esa coherencia o analogía espiritual, es el fruto de un consciente dinamismo de nuestros sentidos.
Un flujo constante de sensatez es lo que mana de la travesía interna, ¿viaje a la Fuente? una devoción a la verdad, la plenitud de tu esfuerzo expresada en la voz interior que aprecia el esfuerzo. El Sw. Vivekananda, quien señaló que hay que acercarse al absoluto con los cinco sentidos, dijo que la restricción consiste en abstraer los sentidos de los objetos exteriores, “de modo que no transmitan ninguna forma, ninguna sensación, y se mantengan identificados con la forma propia, y tranquila de la imperturbada materia mental”.
Y es allí donde debemos situarnos, en esa forma divina de donde no se puede sino florecer. Es la razón por la cual debemos emanciparnos de nuestros sentidos. Mientras estos intuyan los objetos exteriores que atizan el deseo, nuestro avance será un espejismo espiritual.
Fuentes consultadas
-Shankara. La joya del discernimiento
-Swami Vivekananda- Aforismos del yoga de Patanjali
-Howes, David. El creciente campo de los estudios sensoriales.






Pero sin los sentidos, como puedo definirme a mi diferente de los otros ?