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Siete Claves

LOS SIETE CUADROS PARA RE-CONOCER A VAN GOGH

upaninews · 20 de julio de 2021 · 7 min de lectura

LOS SIETE CUADROS PARA RE-CONOCER A VAN GOGH

Quitémosle la locura y la tendencia a la depresión, quitémosle esa permanente inestabilidad de carácter, quitémosle esas ataduras kármicas, su existencia miserable, errabunda, solitaria, e intentemos sanar su destino. ¿Qué cuadro hallaríamos en ese ejercicio? ¿Obras superiores? Cualquier cosa. Menudencias, quizás. Un mercado para el olvido. Cosas infinitamente opuestas a los prodigios que elaboró, bajo un ingenio hasta ahora, insuperable. Porque Van Gogh se llevó por delante al ser humano.

Este 29 de julio se cumplen 131 años de la desaparición de Vincent Van Gogh, un hecho que aún se discute si fue voluntario o no, pero por lo que representa su constructo artístico, nada, absolutamente nada de su creación, estuvo bajo los efectos de algún tipo de rapto inconsciente, o estado de melancolía, de acuerdo con los especialistas.

Según relata el historiador de arte Ernst H. Gombrich, en su libro, “La historia del arte”, todos los cuadros sobre los que descansa su fama “fueron pintados durante tres años interrumpidos por crisis mentales y espirituales. Hoy, todo el mundo conoce algunos de estos cuadros: Los girasoles, El sillón de Gauguin, Carretera con cipreses, y algunos de los retratos que pintó se harían populares a través de reproducciones en color, pudiendo encontrárselos en muchas habitaciones modestas”.

Van Gogh siempre admiró el colorido de las estampadas japonesas, y como apunta Gombrich, ambicionó un arte sin alteraciones que llegara no sólo al rico coleccionista sino a cualquier ser humano, “para proporcionarle placer y consuelo”. Observamos sus cuadros y queremos filtrarnos en ese inmejorable océano de colores, en sus proporciones, en los trazos divinos, en la espectacular lírica de lo visual.

Se estima, sólo una aproximación a su patrimonio, que Van Gogh pintó unos 900 cuadros, más de 30 autorretratos, 148 acuarelas, y más de 1,600 dibujos.

A continuación, una muestra de su obra;

Los Girasoles (1888)

Los girasoles son una serie de pinturas realizadas en el Periodo de Arlés, para adornar la habitación del amigo Gauguin. Innovadoras por la característica de ser pintadas con el uso de toda la gama del color amarillo, color amado por Van Gogh. El amarillo es el color del que mandó a pintar su casa en Arlés, el color que representa la vida, la luz, el calor, el sol. Los colores son vivaces y alegres, si bien toda naturaleza muerta conlleva cierta melancolía. Las flores se encuentran en todas las etapas de su vida, hay girasoles en botón, girasoles maduros y girasoles marchitos. Los girasoles, en general, no son flores comúnmente representadas en cuadros, pero Van Gogh vio y develó su belleza oculta.

Autorretrato con sombrero de fieltro (1887)

Durante sus años de trabajo artístico, Van Gogh realizó muchos autorretratos, en algunos se muestra en su cualidad de pintor, en la mayoría no. Todas son representaciones de cómo él se veía en ese momento, como en todos sus cuadros, no es el estricto realismo lo importante, sino lo que emana, lo que siente el artista en ese momento. En algunos se ve serio, en otros enérgico, entusiasta, y a veces se ve cansado. El Autorretrato con Sombrero de Fieltro es una explosión de colores. Los azules se mezclan con los rojos, los verdes con los naranjas. Como ocurre en otros autorretratos, su traje está conformado de los mismos colores del fondo, y en este caso, el contraste de los colores que definen su cara es tan acentuado, que da la impresión que el artista podría desintegrarse con el fondo.

El dormitorio en Arlés (1888)

El cuadro es una representación de la habitación de Vincent en la Casa Amarilla, la residencia que más tarde compartiría con Gauguin en Arlés. La decoración y los colores de la pintura crean una atmósfera de reposo, de sueño. El cuarto es un refugio íntimo y al observarlo, da una sensación de un recuerdo agridulce, como si se tratara de recordar la juventud. El así llamado periodo de Arlés del artista, tuvo lugar desde principios del 1888, hasta junio de 1889, y es definido como el más productivo de su carrera de artista. Contra los mejores deseos del pintor, la relación con Gauguin se llenó de tensión, y la decisión del amigo y colega de volver a París, contribuyó en la crisis que llevó Van Gogh a la amputación de parte de su oreja. Cuando salió del hospital, y volvió a ver sus cuadros, declaró que “El dormitorio en Arlés” era su favorito, por esta razón realizó otras dos versiones en los años siguientes.

Campo de Trigo con Segador (1889)

A primera vista la claridad de los colores emana calma y serenidad. El amarillo reina, el sol y las espigas de trigo imparten una sensación de calor intenso, el tipo de calor que provoca acostarse en el campo, sobre las espigas que aparentan un lugar de reposo suave, cómodo, relajante al punto de quedarse dormido, en un largo descanso. “Muerte sonriente” la describe Van Gogh, viendo en el segador la muerte personificada, y en las espigas la humanidad. Si bien las espigas son cortadas, caen dulcemente al suelo, arropadas por luz y calidez, esto da a esa muerte un sentimiento de reposo, casi liberación. Nada del cuadro es macabro, ni triste, ni oscuro. Es una muerte que recuerda más bien el sentimiento que suscitan las palabras de la canción Time de Pink Floyd “Home, home again”, regresar a casa, después de un largo día.

La Noche Estrellada (1889)

El 8 de mayo de 1889, Van Gogh ingresó voluntariamente al manicomio Saint-Paul-De-Mausole en Saint-Rémy-De-Provence, en el sur de Francia. Aquí fue donde pintó una de las obras más famosas en occidente: “La Noche Estrellada”. El punto de vista es desde la ventana de su habitación, pero muchos elementos fueron cambiados, por ejemplo, el ciprés fue acercado al plano de la imagen, el pueblo no es visible desde su cuarto y la fase de la luna no es astronómicamente correcta. Vincent no escribió mucho acerca de este cuadro, más bien parece ser que lo consideró un fracaso. Pero, por otra parte, en sus letras insinuó su idea que “La esperanza está en las estrellas”. Las estrellas son, sin duda, las protagonistas de la pintura: captan la atención de quien la mira, son puntos extremadamente luminosos en una noche serena y contemplativa, en una atmósfera mágica; atraen, parecen llamar el observador y susurrarle al oído “déjate transportar por el viento, vente con nosotras, deja atrás el mundo”.

Trigal con Cuervos (1890)

Este cuadro fue por muchos, considerado el último cuadro del pintor. La noche tenebrosa, la calle sin salida, los cuervos que emprenden el vuelo, algunos aparentemente sin meta, las espigas de trigo, que se mueven inquietas de un lado para otro, empujadas por viento turbulento, parecen simbolizar el probable estado mental y emocional de Van Gogh en esos últimos días. El cuadro transmite una inmensa tristeza, un desespero. El mismo Vincent, en una carta a Theo escrita alrededor del 10 de julio de 1890, explicó que las pinturas que había realizado de los campos de trigo (Trigal bajo el cielo nublado y Trigal con cuervos) expresaban su “soledad extrema”. En otra letra, escrita diez años atrás, el artista atormentado, se comparó a un pájaro enjaulado, un prisionero encarcelado por su reputación arruinada, por la pobreza, miseria, la inevitabilidad de las circunstancias. No obstante, la tormenta, la luz amarilla del trigo no es amortiguada, más bien es acentuada por el contraste con el azul del cielo.

Raíces de Árbol (1890)

Raíces de Árbol fue determinada por unos estudios como la última obra realizada por Van Gogh, es su única obra que no está completa. A primera vista, a causa de los colores, puede parecer una pintura abstracta, pero en realidad se trata de raíces de unos árboles, que se encuentran a menos de 200 metros de la posada donde se alojó los últimos meses de su vida, en Auvers-sur-Oise, en las afueras de París. En 1882, Van Gogh, realizó pinturas que retratan raíces, y sobre estas pinturas, escribió a su hermano Theo, que las imágenes expresan la lucha de la vida en él. La forma en la que los árboles se aferran a la tierra, el esfuerzo de no ceder ante la gravedad que continuamente los atrae, es una clara explicación de los sentimientos que el pintor llevaba consigo mismo desde hace años, compañeros que parecían intentos a no dejarle respiro nunca, al punto que sus últimas palabras, según Theo fueron: “La tristeza durará para siempre”.

Fuentes consultadas
· https://www.vangoghmuseum.nl/en/art-and-stories/stories/5-things-you-need-to-know-about-van-goghs-self-portraits
· https://www.vangoghmuseum.nl/en/collection/s0049V1962

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2 comentarios

  • Cristina Rigoni

    23 de julio de 2021

    Excelente guía para apreciar tanta belleza y tanto dolor.

  • Ana

    2 de agosto de 2021

    Un muy buen acercamiento a siete de las obras de Van Gogh, su mirada a la vida, a lo vivo, a lo humano, a la luz, a las estrellas. Gracias Daniela por este análisis.

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